Por Rodrigo Seijas
acaba de quedar entre las finalistas que aspiran al Oscar a mejor película extranjera y gran parte del país entró en la ya aceitada rutina de la euforia por el reconocimiento. Somos los más mejores, una vez más. O al menos estamos entre los cinco mejores. Entre los eufóricos hasta se encuentran muchos que un día antes vociferaban discursos anti-imperialistas y/o anti-yanquis y que ahora, al verlos tan exageradamente contentos, manifestando su alegría por las redes sociales, es difícil saber si es porque en realidad son unos cínicos de campeonato o unos tiernos dignos de piedad.
Pero en verdad, ¿cuál sería la utilidad de que Relatos salvajes gane el Oscar? ¿A quién le sirve? Es obvio, innegable e indiscutible que a los realizadores del film, así como a quienes lo financiaron, produjeron o distribuyeron, por el reconocimiento, prestigio y hasta el beneficio económico que acarrea. ¿Pero le sirve en verdad al principal invocado, que sería el “cine argentino”? Por las dudas, recordemos que cuando hablamos de “cine argentino” hablamos de muchas películas, realizadores, artistas de todo tipo, funcionarios, una historia pasada y presente, todo un campo cultural, no sólo un film nominado al Oscar.
Lo cierto es que es difícil decir que sí, porque la respuesta parte principalmente desde el público, que infla mucho el pecho cuando aparecen estos premios, pone al film galardonado como único eje de la discusión cuando se habla de cine en la mesa, realiza declaraciones de amor por el cine nacional… pero no va después a las salas a ver films de su país. En eso las cifras son coherentes y honestas: aunque en los últimos años hubo un aumento impresionante en la cantidad de obras –en los noventa nos conformábamos con llegar a cincuenta, mientras que en el 2014 se triplicó esa cifra-, el porcentaje de participación respecto a la cantidad de espectadores no supera nunca el 20%. En el 2013 se llegó a una cifra histórica -7 millones de entradas vendidas-, pero el 80% concentrado en apenas cuatro películas. Es decir, lo que se aprecia es que el cine argentino aumentó su producción –y por ende su porcentaje dentro del total de films de todas las nacionalidades estrenados en el país- pero no su capacidad de penetración, y a la vez sus ventas están focalizadas en un puñado de cintas. Y no hace falta un análisis muy fino para darse cuenta que cuando nominaron a Tango en 1999 y a El hijo de la novia en el 2002, o cuando El secreto de sus ojos obtuvo el Oscar en el 2010, no se produjo precisamente una avalancha de gente para ver otras películas argentinas.
De esto se puede hablar largo y tendido, y no vendría mal hacerlo, en especial porque se viene un cambio de gobierno y posiblemente de gestión en el INCAA, lo que implicaría reacomodamientos, cambios de perspectivas y nuevos rumbos. Y habrá que debatir sobre el rol del Estado –en todas sus esferas, no sólo en la nacional-, el de los cineastas, el de la crítica y de otros actores socio-económicos, pero también el del público, que puede ver sus elecciones limitadas por diversas circunstancias, pero que al fin y al cabo posee un margen de elección. Y dentro de ese margen, que incluye una amplia oferta de cine argentino, termina eligiendo cine de otros territorios, principalmente Hollywood. No se trata de ser contrera o de colgarse de un acontecimiento para generar escándalo. Se trata de hacerse cargo de determinadas realidades.
Si el público trascendiera un poco –aunque sea un poquito- ese lugar común de agitar las banderas sólo cuando gana, ahí podríamos empezar a decir que la nominación al Oscar –y su posible obtención- de Relatos salvajes es el logro de todo un país, y no de un colectivo particular de realizadores. Mientras no se realice este proceso de conexión de los espectadores argentinos con el cine de su país –que tiene que realizarse desde los dos lados-, el Premio de la Academia no pasará más allá de la satisfacción del ego nacionalista.


Seijas siempre hinchando las bolas con preguntas incómodas. En fin, algo sobre el Oscar y Relatos salvajes y el… http://t.co/tHoQ2NRBXo