Por Rodrigo Seijas
Este último domingo, Agustín Marangoni publicó una reseña del concierto de Ricardo Arjona en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, la cual puede verse acá. Su texto es una provocación –con el claro objetivo de irritar a los detractores de Arjona-, y no lo digo en un sentido peyorativo, sino plenamente descriptivo. Es más, estoy convencido de que cualquier texto que examina, analiza y –principalmente- juzga es de alguna manera una provocación: cualquier crítica, por más neutra que sea en sus términos, va a “provocar” emociones en quien la lea, que muchas veces puede ser de irritación. Pero claro, esa provocación debe tener una construcción enunciativa, narrativa y argumentativa que la sostenga. El problema del texto de Marangoni es que sólo le interesa el fin (provocar) y no la forma (cómo provocar). No está mal entonces hacer una crítica de esa crítica, dialogar con ella, porque hay muchas cosas ahí que aplican para cuando se aborda desde la palabra o la escritura un texto artístico ajeno, sea un recital, un disco, una película, una obra de teatro y un largo etcétera.
1-La clave del texto es el título: “Crónica del odio”. Marangoni hace foco en eso y no le importa nada más, incluso corriendo el riesgo de que se genere confusión, porque hasta daría la impresión de que el concierto de Arjona fue un lugar donde se manifestó odio. Lo cierto es que no, es que allí no hubo odio, según cuenta Marangoni, y hasta podemos intuir que en verdad ahí lo que hubo fue puro amor. Pero a Marangoni lo que le importa es el afuera, ese afuera que manifiesta “odio” hacia Arjona y su público. “Odio” es una palabra fuerte, difícil de sostener, pero Marangoni hace todo lo posible para que tenga cabida: la encuadra dentro de un “postulado machista”, dice que insultar a Arjona “es un lugar común” y afirma que “el fan de Arjona es víctima de bullying musical, se lo insulta, se le dice sordo, pelotudo e hijo de re mil puta”. La pucha, pobre el fan de Ricardo Arjona –la mayoría mujeres, de ahí lo del “postulado machista”-, la gran víctima del ámbito artístico y musical, y que sólo tiene al pobre Arjona para cuidarlo. Hay un par de cosas que Marangoni elude un poco torpemente. Primero, que todos los fanáticos constantemente deben lidiar con algún tipo de discurso que se les opone, porque siempre hay alguien que no comparte el gusto y hasta se encuentra en las antípodas. Lo que cambia es su posición dentro del campo intelectual. Un ejemplo claro es Calamaro y su público: durante mucho tiempo estuvieron en los márgenes, eran despreciados –no los odiaban, los despreciaban, que es muy diferente-, y a lo largo de los años su posición fue cambiando hasta adquirir una notoria centralidad. Podemos pensarlo también en términos cinematográficos: Hitchcock y Welles fueron durante buena parte de sus carreras tipos muy marginales en determinados campos intelectuales. O televisivos: Tinelli es un capo para algunos, para otro es lo anti artístico; ¿quién se impone ahí? Lo segundo que Marangoni no menciona son las reacciones del público de Arjona, que no sólo es muy masivo, sino que además hace sentir su voz, y no sólo en los recitales. El público de Arjona se defiende –en general victimizándose- pero también ataca, señala con el dedo, putea si es necesario, es tan pero tan agresivo como sus detractores. No es distinto a otros fanáticos, como los de Star Trek o Star Wars: defienden lo suyo, con uñas y dientes, pero ni por asomo son pobres víctimas pasivas de una sociedad que las desprecia.
2-Hay algo que me sorprende en el texto de Marangoni –por los conocimientos musicales que posee- y es que su defensa estética de Arjona es muy endeble. Se resume a básicamente un solo párrafo, donde asevera cosas como “el show es muy bueno, funciona a la perfección en todo sentido, desde el sonido hasta la escenografía”; “Arjona sabe cantar, no descarrila en una sola nota, tiene carisma y un estilo absolutamente propio”; o “la banda suena ajustada”. Son observaciones elementales, que se podrían decir sobre el 90 por ciento de los shows internacionales que se ven en nuestro país, o muchos de los shows nacionales. Es más, se podría decir lo mismo de muchas creaciones artísticas: la gran mayoría del cine nacional tiene un trabajo óptimo en lo técnico y programas televisivos como En terapia presentan una puesta en escena correcta, que jamás desentona. ¿Entonces son inevitablemente buenas? En el medio, quedan flotando preguntas importantes: por ejemplo, si el estilo de Arjona es “absolutamente propio”, ¿cuál es ese estilo? Además, sobrevuela en todo el texto una concepción anticuada y hasta peligrosa, en la que se reivindica una creación artística simplemente porque es masiva, porque Arjona “es uno de los artistas más populares de Latinoamérica”, porque lleva mucha gente, porque prende fuego un estadio, porque vende muchos discos. Si algo, porque es masivo, es bueno, entonces abandonemos toda clase de debates estéticos e incluso políticos. Si el razonamiento es ese, dediquémonos a aplaudir de pie a Bañeros 4 porque llegó al millón de espectadores.
3-Esa defensa estética tan pequeña nos devuelve al título, a la crónica del odio. Leyendo el texto, da la impresión de que en verdad a Marangoni no le importa Arjona ni su público, sino solamente provocar a los detractores de Arjona, a los que ejercen el “postulado machista”. Hasta daría la impresión de que el texto ya lo tenía armado casi en su totalidad antes de asistir al recital, porque su tesis central no estaba dentro del evento, sino afuera de él. De ahí que en su crónica se dedique en buena medida a poner casi como en un listado telegráfico los temas que Arjona iba cantando-“El concierto siguió con Viaje, Invertebrado, El amor, Piel de pecado, Cavernícolas, Historia de taxi, Señora de las cuatro décadas, Si el norte fuera el sur (…)”-, sin dedicarle un mínimo análisis a alguna de esas obras musicales. Y es una pena, porque se pierde una enorme, hermosa oportunidad a nivel crítico: jamás, en ningún segmento de su texto, podemos saber qué es lo que tiene de bueno Arjona, qué lo hizo trascender como artista, por qué sus fans lo defienden, qué es lo que reivindican de sus canciones, de qué forma se sienten interpelados o representados por sus letras, por qué es un cantante que merece ser considerado por quienes lo ignoran o subestiman. Lo que sí sabemos es que los que no gustan de sus creaciones son gente machista que está consumida por el odio. Marangoni no se da cuenta, pero cae en otra forma de machismo: nunca le da voz y voto a ese público mayoritariamente femenino al cual proclama defender. Los que siguen teniendo centralidad, voz y voto en su texto son los machistas a los que él cómodamente interpela desde una vacua provocación.
4-Y seguimos con el “odio”, con esa palabra que tiene tantas resonancias, las cuales ha potenciado en los últimos años, en una época donde a cada rato podemos leer textos en los cuales sus autores, desde diferentes posiciones, intentan bajar línea, traficar ideología, de manera muchas veces poco pertinente, sin hacerse mucho cargo de su pasado y su presente, como si fueran gente inocente, casi ingenua. La reseña de Marangoni no es la excepción: allí enlaza rápida y arbitrariamente el concepto de “odio” con el machismo, los une con plasticola, casi como si fueran la misma cosa, los coloca en un lugar de otredad, perteneciente a gente que se cree dueña de la verdad. La bajada de línea ni siquiera es sutil: de un lado está la gente como él, feminista, tolerante, que supo cambiar –porque antes odiaba a Arjona y ahora no, y sólo le bastó un concierto- y que ahora abraza lo “popular”, y del otro están los intolerantes, los machistas, los que “se resguardan en lo que ellos consideran el buen gusto”, los que odian. Y claro, como dicen por ahí, el amor vence al odio, ¿verdad? Ejem. Ujum. Hay palabras que no son inocentes, que dicen muchas cosas a la vez dependiendo de quién las use y Marangoni –que tiene su pasado y su presente- debe (o debería) saberlo. Hay momentos y formas para abordar un tema, para hacer bajada partidaria, y un texto sobre un recital de Arjona no era el lugar indicado. Los fans no se lo merecen.
5-Alguno podrá decir que un texto sobre un recital trasciende un poco o se aparta de lo que suele abordar un sitio como FANCINEMA. Pero lo cierto es que ya es muy patente que muchos medios y colegas porteños generan debates internos, discutiendo entre ellos pero sin incluir realmente a las voces externas. Es por eso que nos interesa comenzar a dialogar con textos –y sus autores- publicados en medios marplatenses, especialmente con aquellos que proponen el debate y la discusión sobre estos temas. Pero la discusión hay que darla de forma real, tangible, tomando en cuenta que hay un lector que cuando nos lee busca información, otras perspectivas, otros análisis y debates donde se sienta incorporado. Para eso, hay que hacerse cargo de lo siguiente: si le pedimos (con toda la razón) a los medios centrales y más masivos que sean transparentes y claros con sus historias –pasadas y presentes- y, principalmente, sus intereses, nosotros también debemos hacer lo mismo. No tendremos la misma influencia, pero sí los mismos deberes éticos y morales a la hora de comunicar. Si damos ese paso, si somos honestos con quienes nos leen y con nosotros mismos, conseguiremos salir de las provocaciones superficiales, para provocar diálogos realmente productivos.


Marangoni es mi amigo. Y Seijas es mi amigo. El primero escribió una defensa sobre ciertas cuestiones del… http://t.co/wCyj4iSPMa
Esta bueno que haya una opinón sobre la opinión y se siga intelectualizando en paz este tema que tiene mucho jugo http://t.co/ETS0qwf7Kb