Título original: Dylan Dog: Dead of Night
Origen: EE.UU.
Dirección: Kevin Munroe
Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer, basados en el cómic de Tiziano Sclavi
Intérpretes: Brandon Routh, Anita Briem, Sam Huntington, Taye Diggs, Kurt Angle, Peter Stormare, Kent Jude Bernard, Mitchell Whitfield
Fotografía: Geoffrey Hall
Montaje: Paul Hirsch
Música: Klaus Badelt
Duración: 107 minutos
Año: 2010
5 puntos
Monstruos de medio pelo
Por Rodrigo Seijas
Las adaptaciones de cómics y/o novelas gráficas siempre enfrentan el mismo dilema: qué introducir y qué dejar afuera del universo que toman como base, y luego de qué forma presentarlo, tanto para los fanáticos del material de origen como para los que acceden a ese mundo por primera vez. A muchas -podría decirse que la mayoría- les cuesta resolver ese interrogante, no sólo durante el desarrollo del proyecto o el guión, sino incluso durante la misma filmación y la post-producción. Algo de esto sucede con Criatura nocturna (cuyo título original, bastante más apropiado, es Dylan Dog: dead of night), que está basada en un cómic italiano de culto creado en 1986, ya llevado a la pantalla grande en 1994 en la cinta Dellamorte Dellamore -también titulada Cemetery man-, con el protagónico de Rupert Everett.
La película tiene un buen arranque, confiando bastante en el conocimiento del espectador sobre el género -desde la ciencia ficción mítica hasta la aventura, pasando por el policial-, con la voz en off de Dylan (Brandon Routh), un detective privado bastante particular, explicando cómo es el mundo del que ha querido huir aunque ha sido nuevamente arrastrado hacia él: repleto de criaturas supuestamente mitológicas, como vampiros, hombres lobos, zombies y un largo etcétera, todos ocultos a plena vista en una Nueva Orleans que, como siempre, continúa siendo folklore puro. En esos primeros minutos, hay un espíritu clase B, con un relato que avanza pausadamente, confiando en lo que tiene para contar, sin regodearse en los efectos especiales -incluso recurriendo a una utilización expresiva del fuera de campo-, que hacen pensar que Criatura nocturna puede llegar a actualizar algunas variables positivas del cine de figuras como John Carpenter, John Landis o Joe Dante.
A esto contribuye la presencia de Routh, un actor que a pesar de su voluminoso físico no deja de ser un actor que no descansa en sus músculos y tiene cosas para aportar a los personajes que le tocan. No es de extrañar que en su momento Bryan Singer lo eligiera para encarnar a Clark Kent en Superman regresa, como una especie de reversión de la interpretación de Christopher Reeve: en películas posteriores, como Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños o Zack y Miri hacen una porno (donde hace de pareja de Justin Long en una secuencia desopilante), demostró que podía hacer pasos de comedia con total soltura, burlándose de su look de sex symbol con absoluto desparpajo. Lamentablemente, nunca pegó un éxito: su rol como el hombre de acero fue injustamente olvidado y después no actuó en ningún film o serie que trascendiera. Ni siquiera tuvo la suerte de caerse de un caballo y convertirse en ejemplo de vida, como sí lo hizo Reeve. Pero aunque sea puede hacer gala de un carisma interesante, que le permite incluso soltar líneas en Criatura nocturna como “ya saben lo que dicen de los pelos de los hombres lobos: no mienten”. Hasta se lo puede imaginar guiñando el ojo mientras dice esto, y esa liviandad, ese tono juguetón, transitando el espacio justo entre madurez y juventud, le dan un plus a la película.
Por desgracia, todo lo bueno que insinuaba Criatura nocturna en su primera mitad se cae a pedazos -casi inexplicablemente, porque tenía todo servido para concretar algo muy atendible- a la hora de resolver la trama de misterio. Allí la historia comienza a abusar de las explicaciones, acumula situaciones, subtramas y escenarios que son obvias referencias al cómic pero que no agregan nada a lo que se está contando, y deja que los personajes -en especial el potencial interés romántico y los villanos- se deshilachen por completo. En consecuencia, se arriba a un final donde los efectos especiales no rinden en lo más mínimo (allí es notorio que el bajo presupuesto jugó en contra), la supuesta amenaza termina siendo algo totalmente trivial y el espectador queda absolutamente alejado de lo que le pasa a los protagonistas.
Con sus puntos de interés, Criatura nocturna no deja de ser un film muy fallido y hasta una ligera decepción, que apuntaba a ser mucho más de lo que termina siendo y que desperdicia la chance de aunque sea convertirse en una pequeña película de culto. Da la impresión de que hay un universo muy rico en posibilidades detrás de lo que deja ver el largometraje y que hasta hubiera rendido mejor en un formato de serie televisiva. Lo que es cierto es que tanto la historieta como Brandon Routh se merecían una mejor plataforma de lucimiento.


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