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MAR DEL PLATA 2011: lo que dejó el festival

Como siempre ocurre, los días festivaleros son bastante agotadores para el periodista, especialmente para nosotros que nos obligamos a hacer una cobertura diaria, minuto a minuto, en la que (intentamos) no falte nada de lo que ocurre: que estén las actividades, estén las películas, esté también la mirada sobre lo que ocurre. De ahí, la necesaria capacidad para poder leer qué debería ser un festival y, finalmente, qué es, qué resulta. Y como un festival de cine es una sumatoria de cosas bastante inabarcable, por eso qué mejor que llamar a todos los que participaron de la cobertura para que hagan un recorte personal sobre lo que les ocurrió durante este semana. De esa forma, tal vez, intuimos que podemos llegar a tener una mirada más abarcativa sobre el acontecimiento: siempre está el que se queja de la organización, el que duda, el que confía, el que espera por el próximo año, el que se decepciona, el que se ilusiona, el que rescata algo de todo lo que vio. Miradas y listas de películas, por seis de los cronistas de Fancinema que durante el 26° Festival Internacional de Cine anduvieron por ahí, viendo películas. Qué otra cosa mejor hay para hacer…


Por Guillermo Colantonio

Un festival siempre es bienvenido. Ver las salas llenas, comentar las películas, escuchar las charlas, debatir, son alicientes ante la preocupante extinción del cine como rito social. Por ende, estos siete días reactivan las energías al respecto. En esta edición, los apellidos de Sokurov, Kawase, Dumont, Akerman, Wiseman, entre otros, ya prefiguraban un marco de seguridad (particularmente sólo la japonesa me decepcionó parcialmente), no obstante, hay otros horizontes que uno busca, ya sea para confirmar un estado de situación del cine contemporáneo o descubrir autores y estéticas. Sin analizar aún en profundidad el balance inmediato, me atrevo a plantear algunas cuestiones que podrían debatirse: 1- un criterio de programación bastante uniforme. Un conjunto de películas en las que no se notó riesgo (ausencia de films/escándalos con huidas masivas) y un cierto discurso estable y reparador preocupante, en general, en las competencias latinoamericana y argentina. No hubo una sola idea contestataria (sobre todo desde el género documental), sino sostenes de modelos, más allá de los resultados estéticos meritorios de varios. Resulta llamativo que la película más revulsiva haya sido Los traidores de Raymundo Gleyzer de 1973. 2- una apreciación personal: lo más arriesgado del cine contemporáneo ha venido de Portugal, me parece que la vanguardia camina por esos lares, que el futuro pasa por allí si se tiene en cuenta la innovación formal de ciertos autores (Costa, Oliveira con su centena de años, Joao Pedro Rodríguez, etc.). Aquí, esta cinematografía brilló por su ausencia. Hace años, Joao Cesar Monteiro ganó el premio mayor con protesta incluida de la prensa hegemónica y el establishment crítico. 3- muy floja la sección de música. Se esperaba más oferta, sobre todo por la cantidad de material que circula.

Top Five: 1- Crazy horse; 2- La folie amayer; 3- Hors Satan; 4- El velador; 5- Fausto.


Por Mex Faliero

En este resumen podría hablar de los estúpidos Tony y Quique, o del rol de banana de Sebastián de Caro canchereándola de lo lindo, de los problemas organizativos, del bendito consorcio que no se sabe qué va a hacer, o…. Pero no, dejemos atrás las pálidas y centrémonos en aquello que nos generó placer. Y si no fueron muchas las películas enteras que sí lo hicieron (en mi caso, L’exercice d l’Etat), al menos esos momentos cinematográficos mágicos donde la música ingresa y, con ella, nosotros en un mundo misterioso (cuando la música se fusiona con la imagen, esa combinación nos puede llevar a lugares impensados, sépanlo). Llamativamente fueron varias las escenas que me tocaron donde la música irrumpe la narración, la acompaña, la lleva por otro lado. Y cómo olvidar ese velorio en Tyrannosaur, cuando los personajes dejan atrás todo el dolor (ufff) y se divierten y comparten y disfrutan y gozan, por fin; y cómo olvidar a Joslyn Jensen tomando su guitarra, así, de la nada, y haciendo una cancioncita en Without que sonaba a Alanis Morissette; y cómo olvidar los títulos de L’Apollonide, cuando el funk invade los parlantes y esas imágenes del Siglo XIX nos transportan a otro lado; y cómo olvidar a las tres hermanas de Abriendo puertas y ventanas sentadas en un sillón, compartiendo una vieja canción que le gustaba a su abuela. Y claro, cómo olvidar a los Gremlins encerrados en el cine, mirando Blancanieves y cantando aquello de “heigh-ho, heigh-ho, heigh-hoooooooo…”.

Top Five: 1- L’exercice d l’Etat; 2- Tyrannosaur; 3- Ferroviarios; 4- Porfirio; Verdades Verdaderas. La vida de Estela.


Por Rodrigo Seijas

“I miss the flashes, Quique”: siempre, sistemáticamente, me pasa en el Festival de Mar del Plata que me encuentro frente a situaciones en las que me pregunto, con bastante vergüenza, “¿Qué pensará de esto uno de los invitados internacionales?”. Este último año fue más preciso el pensamiento: “¿Qué pensará de esto Joe Dante?”. Esta pseudo angustia existencial surgió cuando vi la ceremonia de clausura montada como si fuera una entrega de los Oscar en vez de una entrega de premios en un festival internacional; las demoras de hasta una hora para que arranquen varias funciones; la sala de prensa sostenida a pulmón por el personal, porque en realidad no hay una organización decente atrás; las crónicas de cholulo haciéndose el copado de Sebastián De Caro, repitiendo tres veces en un mismo segmento que “hubo un montón de gente”; las actividades especiales convertidas en un segmento más del permanente adoctrinamiento del Gobierno nacional; el aislamiento al que sometieron al director del festival, José Martínez Suárez, con homenaje incluido, que sonó bien fuerte a despedida; y, obviamente, ese corto de presentación previo con los lobos marinos hablantes, pretendidamente chistoso y finalmente insoportable. Llegó el fin de una etapa para el festival, y no fue precisamente de la mejor manera. Desde el 2004 que asisto con cierta regularidad, y nunca pude apreciar que consiguiera construir una identidad propia. Y el futuro, por cierto, no me parece alentador.


Por Melody San Luis

Cualquier tipo de expresión artística, en este caso el cine, no está exenta del contexto en el que vive. Pero sí es mérito de cada artista poder dejar su marca, dar cuenta de lo que está pasando en la sociedad. El 26° Festival de Cine, en lo que respecta a producciones latinoamericanas y argentinas, demostró que sus limitaciones en cuanto a lo económico pueden ser sobrellevadas cuando lo que se tiene para decir es interesante. Hay quizás algunos desaciertos por parte de los cineastas que pensaron que con sólo hablar desde el compromiso alcanza. Porque la narración es lo que hace especial a lo que tenemos que decir y cuando esta no está bien, se pierde el espectador en el sueño hasta ver que las luces se prenden y se ha perdido toda oportunidad de expresar una gran idea. Es una pena que durante el año no se puedan disfrutar determinadas películas porque no son comerciales. Pero también resulta interesante y realmente valorado que el festival traiga a esta triste ciudad un poco de bebida a esta garganta sedienta, aunque resulte poco y uno se quede con ganas. En cuanto a nuestro país es indignate que todo pase por Buenos Aires. No se perdona que la cartelera de cine del año no cuente con una programación más rica. Como tampoco creo que al resto del país no se le ocurran ideas. Aunque se avanzó con subsidios y dándole más importancia al cine argentino, aún le falta mucho.

Top five: 1- Ferroviarios; 2- El lugar más pequeño; 3- Memoria cubana; 4- Faust; 5- Planetario.


Por Cristian Ariel Mangini

No estuve muy presente, casi que me aproximé a las salas como un foráneo a pesar de que ya me he habituado en estos años a la rutina del festival. He visto poco, pero lo poco que vi lo disfruté, aún si me tuve que comer bodrios. Me encontré con la decepción de ver que aún desde “afuera” las cosas son prácticamente iguales, que volvió a fallar la difusión a nivel marplatense, que la programación continúa en un franco declive por la falta de categorías originales (comparando la entrega con, por ejemplo, la del 2008), que se repiten los mismos nombres, que el material ofrecido es cada vez menos interesante, que faltan no sólo ofertas cinematográficas de distintos puntos del planeta sino que también falta una apuesta por géneros como el policial o la comedia, y formatos completamente ignorados como la animación (¡donde estás Caloi!), que no existe una intención de alcanzar un público nuevo o de educar al espectador… de todo eso me di cuenta y, honestamente, creí que no iba a escribir nada porque mi vivencia fue poco más que anecdótica, pero también advertí que la distancia me dio una perspectiva al menos interesante. Siempre creo que la próxima será mejor y no tengo motivos para no ser al menos optimista: hay gente capaz, sólo que no sé si esa gente capaz entiende que el camino seguido no lleva a ninguna parte. Al menos que, como sospecho, sólo le interesen los números.


Por Gabriel Piquet

Uno siempre busca encontrar muchas películas buenas cuando participa de este tipo de eventos, y siempre pasa lo mismo: se va un poco desilusionado. Este año se noto más, menos films en la programación y, para la cobertura, muchas de las películas que queríamos reseñar ya las habían visto otros integrantes del staff. Las retrospectivas no fueron tan novedosas (Berlanga, Cox, Dante), muchos títulos los tenía vistos. El mini-intento de retrospectiva western spaghetti abre la puerta para que traigan la sección completa que hace unos años se vio en Venecia, llamado a la solidaridad de los programadores para que consigan esa y la del realizador Fernando Di Leo (que abarcaba sus policiales de Milán). Como buen defensor del cine de género, estoy contento con la sección Las venas abiertas, en la que se vieron varias películas latinoamericanas de terror, comedia, suspenso. Este gesto de parte de los programadores se agradece, hay que ver si pueden continuarla o murió en un lindo intento. Me viene pasando desde hace muchos festivales, ya perdí esa adrenalina de ir corriendo de un cine al otro; me puse más viejo, ya miro más la grilla, analizo qué voy a mirar, qué no me va aburrir y, lo más importante a esta altura, qué no me va a provocar sueño. Algunas mañas, problemas cervicales, están conspirando contra el séptimo arte, pero la pasión puede más y si todo sale bien estaré nuevamente ahí el año que viene, esperando aunque sea unas pocas películas que me dejen contento.

Top Five: 1- Las razones del corazón; 2- Crazy horse; 3- Plaga zombie: zona mutante: revolución tóxica; 4- The yellow sea; 5- Kill list.


Fotos: David Pafundi. Excepto la de Joe Dante: Julieta Paladino.

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