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Shrek para siempre

Título original: Shrek forever after
Origen: USA
Director: Mike Mitchell
Reparto: Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz, Antonio Banderas, Julie Andrews, John Cleese
Guión: Josh Klausner, Darren Lemke
Fotografía: Yong Duk Jhun
Montaje: Nick Fletcher
Música: Harry Gregson Williams
Duración: 84 minutos
Año: 2010


4 puntos


Un final con sabor a poco

Por Cristian A. Mangini

Pensaba abrir esta reseña comparando a Shrek para siempre con Toy Story 3, pero me pareció poco certero y descontextualizado en función de que el mundo de la animación es mucho más amplio que el enfrentamiento entre Pixar y Dreamworks. Por otro lado, tienen algo en común que excede a la cuestión animada: las dos son (aparentemente, casi confirmado) cierres de sagas con las que el espectador ha crecido y se ha sentido identificado, al punto de generar ese afecto que generan algunos productos, independientemente de su calidad artística. Y aquí si se puede hacer una analogía, mientras que el cierre de Toy Story 3 es poesía visual con un guión que subraya la idea de que estamos ante el capítulo final; el de Shrek para siempre es tosco y barroco, con un cierre casi anecdótico que responde en poco a la lógica de la saga en su inicio. El final tiene algunos momentos aislados y  personajes que están bien construidos, además de giros que se pueden calificar de ingeniosos, pero en su conjunto es una película mediocre donde las principales víctimas son los personajes y la trama. Curioso, siendo que Shrek es uno de los films más representativos de Dreamworks (no solo en animación), aquel donde tiene que aparecer el talento de aquellos que hicieron las dos primeras partes de la saga, Kung fu Panda o Como entrenar a tu dragón.

La trama podría resumirse así: Shrek tiene familia, eso ya lo sabemos por la tercera parte, vive en un mundo aburguesado con poco de magia y mucho del mundo “real”, entre una rutina laboral (una cuestión turística), atender a sus hijos, organizar reuniones para recordar sus hazañas y demás obligaciones conyugales junto a Fiona. La repetición lo agobia y le recuerda a sus días en que era un ogro hecho y derecho, asustando a indefensos y teniendo tiempo suficiente para arrojarse al lodo, por lo cual, en una reunión incomoda estalla y toma la decisión de hacer un acuerdo con Rumpelstiltskin, el duende que protagoniza otro de los celebres (y oscuros) relatos de los Hermanos Grimm. Este resulta un embaucador con el cual el compromiso suele acarrear un riesgo y modifica el mundo de Shrek. En esta dimensión paralela nadie lo reconoce (ni Fiona, ni Burro, ni El gato con botas) y Rumpelstiltskin es rey, los ogros son perseguidos y las brujas son un ejército al que se resiste un pequeño grupo de ogros. Es una tierra triste, pero no sabemos bien porque, ni tampoco hay un contexto demasiado enriquecido o interesante para resaltar lo que se ve (el mundo entero giraría en torno a Shrek). No creo que sea necesario agregar más detalles de la trama. Digamos simplemente que todo se resuelve gracias al amor y varias secuencias de acción.

Al final era todo una fantasía escapista, una travesura ingenua, “vuelva usted a su mundo y aprenda a valorar lo que tiene”, eso es lo que parece decirle el relato con moraleja a Shrek antes de entregarle de vuelta la “normalidad”. Shrek era una interesante subversión del relato fantástico, aggiornado por convencionalismos, con un tono pop y mucha comedia. Con esta parte la saga muestra una trama adulta y conservadora dentro de un cuento de hadas, con sus normativas destruyendo cualquier posibilidad de fantasía y dando a entender un mundo alegórico que tiene poco de comedia y mucho de aleccionador. Es una miserable traición a la imaginación que hace de los personajes móviles de un guion que parece tener varios puntos en contacto con la funesta Click. Cambien al ogro por Adam Sandler y al contrato de Rumpelstiltskin por un control con funciones magnificas y tendrán más o menos los mismos puntos de giro y los mismos conflictos. Pero, a diferencia de Click resulta menos patética en sus planteos y no persuade constantemente a la audiencia, llegando a golpes bajos imposibles y resoluciones absurdas. En Shrek, afortunadamente, aún quieren un poco más a los personajes.

Aclaro que no toda la película me resultó antipática. Me gustó el diseño del personaje de Rumpelstiltskin y algunas secuencias que protagoniza (muy ocurrente aquella en la que promete el paraíso a quien capture a Shrek, con estrategias audiovisuales propias de la publicidad, con Enya de fondo), además del ganso diabólico que lo acompaña. Es la antítesis del desperdicio de gags y personaje que resulta el flautista de Hamelin, que no tiene prácticamente ninguna funcionalidad y aparece como un mero accesorio. Los personajes centrales tienen una enorme ancla encima que es la trama, puede ser ocurrente algún chiste entre Shrek y el Burro o El gato con botas de la dimensión alternativa, pero este aparece inmediatamente sepultado por líneas innecesarias y aclaraciones ridículas (¿no es acaso algo aburrido una comedia con aclaraciones?).

La animación digital continúa estando al nivel de lo que puede dar un estudio como Dreamworks, manteniendo fluidez y detalle sin perder el tono caricaturesco que caracteriza a la saga. Sin embargo, algunas secuencias de acción aparecen guionadas torpemente, particularmente el primer escape de Shrek del palacio. Es increíble cómo a pesar de todo lo que pasa no se transmite ni la mitad del vértigo que si puede lograr en parte la secuencia final en el mismo lugar.

Y así podríamos definir las cosas. Es una película mediocre sin peso alguno llamada al olvido, salvo por el leve entretenimiento que puede dejar mirarla cuando no hay otra cosa en TV. Algo que ni Shrek 1 o Shrek 2 merecían.

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