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Las dos caras de la ley

Decepción

Por Mex Faliero


4 puntos


La tercera es la peor. Luego de El padrino II y Fuego contra fuego llega La dos caras de la ley, y el tercer encuentro entre Al Pacino y Robert De Niro no podía ser más intrascendente. Aunque si uno le presta atención a la trayectoria de ambos, deberíamos decir que el film de Jon Avnet es coherente con el presente de los actores. Es más, me arriesgaría a señalar un dato simbólico: la última de Pacino que me gustó mucho fue En busca de Ricardo III y la de De Niro fue Una luz en el Infierno. Sí, sus debuts como directores.

Símbolos de este lado de la pantalla de la italoamericanidad que se instaló en Hollywood en la década del 70, ambos intérpretes marcan con sus estilos de actuación buena parte del cine de los últimos 30 años. Y si bien hace rato que ya no marcan ninguna tendencia y son trastos viejos que encima seleccionan mal los lugares donde aparecen (por suerte De Niro es amigo de Scorsese y mete un Casino o se anima a vincularse con los nuevos comediantes y sale La familia de mi novia), al menos verlos juntos en pantalla generaba cierta intriga. Era la intensidad de antes tomando por asalto al cine del presente.

Pero no es nada. Las dos caras de la ley es un policial tan deshilachado, tan deudor de este modernismo de los asesinos seriales, las vueltas de tuerca y sus clichés, que en ningún momento genera un mínimo interés. Más allá de lo atractivo que tiene para decir el guión de Russell Gerwitz sobre la violencia, la justicia, el orden, el bien y el mal, Avnet no sabe nunca cómo poner esas palabras en imágenes. Y además desaprovecha el único interés que tiene su film al destinar a De Niro y Pacino algunos de los diálogos más insulsos que se recuerden.

De Niro es Turk y Pacino, Rooster. El primero aparece en una cinta de video inculpándose de 14 crímenes mientras un par de oficiales la miran atentamente. De ahí, flashback que recupera lo sucedido. Parece que la clave del asunto se retrotrae a cuando Turk plantó pistas para incriminar en un hecho que no había cometido a un violador que había sido absuelto en otro caso. Obvio que no todo es tan lineal. Habrá giros. Aunque el film exprese todo con un desgano al que acompañan los protagonistas.

Plagada de lugares comunes que en el fondo son necesarios en el género, el mayor problema de Las dos caras de la ley es que Avnet no sabe cómo filmar ni qué contar. ¿Le interesa más la relación de sus personajes? ¿O apuesta todo por el thriller? Tal vez dude de ir directamente a lo segundo porque así denudaría anticipadamente los hilos de una trama que se desmorona insalvablemente. El final se ve venir a 15 cuadras.

El film habla, en definitiva, de la decepción. Y tal vez sin darse cuenta se clava los clavos a su cruz. Porque si algo podían prometernos Pacino y De Niro era intensidad y ni siquiera eso da esta película tosca y falta de energía. Avnet quiere darle un look setentoso al relato, desde la música y la puesta en escena, pero apenas remueve un cuerpo que estaba muerto antes de empezar. Lo único que despabila de vez en cuando es la misoginia, el racismo, la xenofobia y el discurso reaccionario de Turk y Rooster. Pero teniendo en cuenta sus integridades morales uno debe suponer que esto no tiene nada que ver con el discurso del film. Así hasta un potencial desagrado se torna rutinario y deslucido. Parece que estos viejos ya no quieren ni escandalizar, sólo cobrar el cheque e irse a dormir tranquilos.

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