Por Virginia Ceratto
(especial para @fancinemamdq)
Como siempre, desde antaño, pero más en los últimos años, se suceden ciertas denuncias -que no me consta si son o no ciertas- y muchos desagrados por parte de los no nominados al Premio Estrella de Mar. Primero diré: los que se presentaron y no fueron nominados a llorar a los nichos o a una pizzería, son las reglas de este (y otros) juegos. Expresada esta frase desagradable, porque yo soy experta en ganarme enemigos, continuaré, con la altura moral que me da haber creado y dirigir una compañía, La corte de los milagros, que no se presenta en este Premio y con el conocimiento que obtuve luego de pertenecer al Jurado Oficial durante muchos años en las gestiones de Amador Grande y Marcelo Marán, cuando la mayoría éramos convocados por Cultura y el galardón era presidido por el secretario de Cultura que fuere y en donde el Emtur solamente intervenía para cuidar la cuestión promocional y taquillera, que a los de cultura, nos tenía, confieso, sin cuidado, y que también había que considerar. Bueno, para eso estaban ellos, y nombraré con un buen recuerdo a un señor Goransky, súper respetuoso, y a Carlos Patrani, que jamás nos presionó. Sugerían, apenas. Lo suficiente.
En aquel tiempo, y sospecho que guardarán nuestros CV, los miembros convocados por Cultura pertenecíamos incuestionablemente a… Cultura. Estaban María Adelia Díaz Rönner, autoridad en teatro infantil en Sudamérica, Marta Villarino, investigadora de Teatro y especialista en Siglo de Oro, autora de varios libros, María Coira, un «monstruo» intelectualmente hablando y con una experiencia como crítica impecable, y sí, también estaba yo, dramaturga, directora, en otros tiempos actriz, crítica de teatro en varios medios (en aquel tiempo ya me habían echado de La Capital y colaboraba en Ciudad Abstrakta y El Atlántico), nosotros como casi fijos en teatro, y luego iban o venían Graciela Fiadino, especialista en teatro, Merceditas Elordi, Chiche Lúquez, Mauro Martínez. En música recuerdo a Orbe, Alejandra Gozzi, en danza a Gilda Caro, Stella Maris Sirolli, Claudia Díaz… digo, había que oponerse con altura y conocimiento a las argumentaciones de estos pares. Coordinadora del Premio era Liliana Paniagua, junto con otra chica cuyo nombre no recuerdo, y siempre, siempre estaban en las reuniones, tomaban notas, averiguaban datos, nadie podrá decir que organizaban desde lejos.
Y había principios básicos: ningún miembro podía estar vinculado con una obra, si así fuera, aunque tangencial o parentalmente, había que abstenerse de votar u opinar. Daré dos ejemplos: yo trabajada en el Auditorium, y consta en actas, jamás voté por ninguna de sus obras. Y en una temporada mi hija Lara era actriz de reparto en una obra de Torreiro, nadie lo sabía, porque tiene otro apellido, no obstante lo hice constar en actas y por supuesto no voté.
Ni hablar de que alguien hiciera prensa de una obra, eso le podía valer una condena pública. ¿Esto se cumple, mmmm?
Cuando asumió esta gestión, Mauricio Espil nos llamó al menos a un par a ver si queríamos seguir colaborando (era pura colaboración, no había comidas, ni remisses, ni nada). Diré el nombre de la otra Jurado, porque me consta: Marta Villarino. Dijimos que sí. Pero el Emtur tomó la parada y nos desestimó, a nosotras y al resto, y el titular del organismo municipal expresó en La Capital que «al fin el Estrella de Mar tiene un Jurado idóneo». Eso causó un hipo que devino en una carcajada continua por mi parte (desconociendo al jurado que venía, aclaro) y la indignación de mi padre (comentario anecdótico) que dijo: «para empardarlos a ustedes, a quién llaman, ¿a Granados?».
Hugo mejores y peores intentos. Hubo jurados (y aún hay) que se juegan todo por este Premio, pero la verdad, hay mucha cosa con tendencia a lo promocional.
Las ternas dejaron de serlo. Recuerdo a Marán diciendo: «pueden nominar una sola obra, dos… hasta tres, porque el reglamento dice ‘terna’» y levantaba tres dedos y si nos teníamos que quedar hasta la madrugada nos quedábamos. Ahora estas nominaciones de 4 ó 5 dan que pensar en un reparto de la baraja para que todos queden contentos. Creo que ni así lo logran.
Y es una pena, porque esto empaña el trabajo de los que merecen un premio y el de los que todo el año (me sobran los dedos de una mano) eligen ver teatro (me refiero al Jurado). Digo… gente a la que por lo menos le gusta. Pero la verdad, no hay demasiado especialista. Ser chimentero no te hace especialista. Ser noticiero (así se llama al que da las noticias no al formato del programa) tampoco.
Y encima se ponen de manifiesto los naturales egos y las rivalidades ocultas. Y el Estrella te importa hasta que no lo tenés y entonces es una porquería. Bueno, este Estrella tiene estas reglas, a jugar o no. Pero es «este Estrella» con lo que hay.
NO creo que a los elencos independientes les sume ni una entrada, ni los ayude con un subsidio, ni sus actores consigan contratos en la tevé porque «tenés el Estella». Creo que le da dos o tres días de aire a programas chimenteros y carroñeros, pero que se ocuparán de Nazarena Vélez o Carmen Barbieri, no de una actriz marplatense. No está hecho para promocionar Mar del Plata, pruebas al canto: ¿cuántos elencos de acá fueron convocados a Mar del Plata levanta el telón? Y una más: si por obra de los ovnis, o de lo que sea, todos los elencos con grandes o medianas producciones, es decir con prensa en tevé, se fueran una temporada a Córdoba o Cariló -da igual- y solamente quedaran obras independientes marplatenses, ¿el Emtur seguiría haciendo el Estrella?
A ver… igual, vayan lindos este lunes que con unas amigas los estaremos viendo por tevé, como cada año, comiendo un matambre tiernizado estelar.
