Por Victoria Carreras
(especial para @fancinemamdq)
En las temporadas teatrales en Mar del Plata se puede ver de todo. Desde una obra que naturaliza el abuso de pastillas, de alcohol y la violencia de género con el único fin de cortar entradas y entretener al público, hasta una obra interpretada por una compañía de Arte e Inclusión -La Corte de los Milagros- que aborda el tema de las adicciones responsablemente con una mirada lúcida y honda.
La palabra cura. Virginia Ceratto lo sabe y en su plenitud como dramaturga se mete magistralmente en un terreno habitualmente ganado por la hipocresía y el silencio. Mejor escribir que sentir pena… Al fin y al cabo la pena también es una condena.
Tomando a los personajes del cuento de Peter Pan, Hablemos de Wendy, enuncia lo no dicho.
La a-dicción.
Virginia recibe a los espectadores y a modo de prólogo comparte un video que evidencia los distintos vectores de entrenamiento del equipo de trabajo, que milita humilde y tenazmente por valores que se enarbolan durante las campañas políticas y se olvidan durante la gestión…
Se pueden sacar fotos, advierte. Y está bien que así sea. Para que queden huellas, para que se torne perenne lo efímero de la representación, para que se propague la noticia: la Corte produce el milagro. La plegaria cobra sentido, “una palabra tuya bastará para sanarme…” y si no basta, que al menos sea un comienzo o un retorno, dicho en sus palabras: “héroe es el que regresa…”.
El texto dramático sucede y atrapa. Sin sentencias, ni consejos, ni prejuicios. El espacio ficcional gana el espacio extra escénico, actores y público en un mismo plano, en el lugar que habitualmente ocupan las butacas. Y en el fondo el escenario vacío. Aquí no hay nadie para admirar, cualquiera puede ser protagonista de esta historia. No ocurre tan lejos. No es puro teatro.
Las problemáticas que se exponen son ásperas, no hay soluciones, sólo la certeza del grupo, la esperanza de cicatrizar heridas, de reparar a través del compromiso. A través de la palabra. Del abrazo.
Las acciones tienen consecuencias. Ceratto no demoniza pero tampoco disimula y deja en claro que existen hombres como Peter Pan, que no quieren crecer y olvidan y que también como opuesto complementario son muchas las Wendys dispuestas a darlo todo por amor, salvar a la humanidad y olvidarse de sí mismas.
Las actrices y actores de la Corte han crecido. Personal y profesionalmente: almas en escena. Conmovedores. Nos demuestran en acción, la fuerza de un grupo que no se engrupe.

Orgulloso de La Corte de los Milagros. Gracias sra. Victoria Carreras, por su prescencia y comentario, gracias Virginia, por hacerlo realidad, pero mas que nada, gracias a los chicos, por lo que hacen, por lo que nos hacen sentir. Vi la obra, sentí la obra, viví la obra… Disfruté, sufrí y gocé con ustedes. Quiero volver a verla, no, voy a volver a verla y llevaré a mi hija. Gracias, muchas gracias.