Título original: The Deadly Game
Origen: Inglaterra
Dirección: George Isaac
Guión: George Isaac
Intérpretes: Toby Stephens, Rufus Sewell, Gabriel Byrne, Leo Gregory, MC Harvey, Pierre Mascolo, Elsa Pataky, Julian Sands
Fotografía: Howard Atherton
Montaje: Eddie Hamilton
Música: Thomas Wanker
Duración: 84 minutos
Año: 2013
Compañía editora: TVE
5 puntos
Corrupción y apuros por las calles de Londres
Por Mex Faliero
Juego del gato y del ratón. Clásico. Giros y más giros, y personajes malvadísimos, incluso algunos buenos pero que se van convirtiendo hacia el lado más oscuro. Eso es lo que propone Las calles del crimen -editada aquí en dvd-, policial británico que en la mejor tradición de la cinematografía de ese país aporta mucha urbanidad y mucho cinismo al género, pero que peca de cierto poder de síntesis que en otro momento hubiera venido bien. Decididamente al film del debutante en el largo George Isaac le falta mayor desarrollo de personajes y situaciones, y se sostiene básicamente por las presencias de consagrados como Gabriel Byrne, Rufus Sewell, Toby Stephens o Julian Sands.
Tenemos varios bandos. Por un lado, los policías comandados por Sewell, aquellos que construyen el relato moral que se edifica detrás de la historia central: allí se cocina esa idea de que ciertas estructuras son básicamente corruptas, tesis que es en el fondo la que intenta sostener el film con -tal vez- demasiada gravedad y autoimportancia. Por otro lado un mafioso (Byrne) al que los agentes le secuestran el hijo para que colabore en una operación non-sancta, y finalmente a un ladrón sofisticado que será el encargado de llevar adelante aquella operación quedando en el medio de todo. Hay que reconocerle a Las calles del crimen su valentía para no construir personajes empáticos, aunque muchas veces eso atenta contra el punto de vista del espectador.
Sin embargo el mayor inconveniente que tiene la película es que dura 84 minutos. Algo que hoy, cuando cualquier historia lleva 120 minutos o más, parecería saludable, pero que aquí atenta contra la comprensión de lo que se está contando. Decididamente una trama que tiene tantos personajes, con tantos vericuetos y vueltas de tuerca, con un mundo previo que debería haber sido explicado, se vuelve confusa y se resuelve un poco a las apuradas. Apuro que se hace evidente en cómo algunos personajes (especialmente el naif agente Dixon) van teniendo cambios de motivaciones, y en cómo la película se acelera para llegar a esa conclusión de la última escena. Tesis que, finalmente, se pone en palabras y evidencia las intenciones del director y guionista un poco torpemente.

