Título original: Jackass: best and last // Origen: EE.UU. // Dirección: Jeff Tremaine // Intérpretes: Johnny Knoxville, Steve-O, Chris Pontius, Jason «Wee Man» Acuña, Preston Lacy, Dave England, Ehren McGhehey, Bam Margera, Ryan Dunn, Davon Wilson // Fotografía: Chris Darnell, Dimitry Elyashkevich // Montaje: Jeff Buchanan, Ian Kornbluth, Matthew Kosinski, Matthew Probst // Música: Greg Danylyshyn, Ben Hochstein, Derek Syverud // Duración: 92 minutos // Año: 2026
8 puntos
LA ÚLTIMA TONTERÍA
Por Marcos Ojea
Un cuarto de siglo después de su primera emisión por MTV, Jackass llega a su fin. Vemos llegar a sus involucrados por la puerta grande, la pantalla de cine, como ya lo hicieron cuatro o cinco veces en el pasado. Están más viejos (Johnny Knoxville, full Pettinato, tiene el pelo blanco), pero nosotros también lo estamos. Si miramos el camino recorrido, resulta asombroso: un grupo de amigos se graba haciendo locuras, peligrosas y dolorosas, y eso se convierte en un programa de televisión de tres temporadas, que se instala como icono cultural y síntesis del espíritu de una época. Los 2000, con la música, la ropa, los skates, y la comedia más descerebrada y hormonal imponiendo su presencia. Tiene total sentido que esta nueva película, tantos años después, empiece con un archivo histórico, el video donde todo comenzó, con un jovencísimo Knoxville pegándose un tiro en el abdomen.
¿Qué tiene para decirnos Jackass hoy? Hay varias lecturas posibles. Una, que pensé antes pero después alguien la pensó mejor en un post de Instagram, es la del antecedente: Knoxville, Steve-O, Chris Pontius, Bam Margera, Ryan Dunn, Steve England, Ehren McGhehey, Jason “Wee Man” Acuña y Preston Lacy son la primera tribu de “bros” filmada antes de las redes sociales. Una hermandad de idiotas dispuestos a exponer sus cuerpos siempre un poco más, con la diversión como base y destino. Hoy es fácil encontrar videos de gente haciendo estupideces, pero el sentido de camaradería fue perdiendo terreno en favor de la individualidad. Nos reímos solos, sentados en el inodoro con el celular, pero ya no nos sentimos parte de algo. Y aunque seguro sigan emergiendo grupos de amigos inclinados a romperse la cabeza delante de una cámara, la velocidad del presente y la forma de consumo lo reducen todo al instante y al descarte.
Ante tanta frivolidad e impostura, ante tanta necesidad de reconocimiento constante y efímero, lo mejor que tiene para ofrecer Jackass es su autenticidad. No buscan inventar nada nuevo, ni interpelar al presente con alguna reflexión (aunque algunas, por primera vez, se cuelan entre broma y broma). Hacen lo suyo con entusiasmo y vocación, como si todavía tuvieran veinte años, y en esa negativa a crecer aparece la magia. Los segmentos se suceden de forma hipnótica, algunos menos logrados, otros reciclados sin vergüenza, pero todos llevados a cabo con la misma pasión. La estupidez, por fortuna, está intacta, y lo que vemos se parece a esas despedidas de las estrellas de rock, que quizás ya no pueden cantar como antes, pero saben que se deben a su público. Y, sobre todo, se deben a ellos mismos.
Cuando algún miembro está por hacer su reto, digamos, Steve-O rebotando a metros de altura en un baño químico lleno de mierda, o Johnny Knoxville embestido ferozmente por un toro, los demás están ahí. Para estallar de risa, para arengar, para ir a socorrer, o incluso para seguir martirizando al involucrado. El sentido de pertenencia, de comunidad, de amistad, es lo que hace que todo valga la pena. Aunque en los últimos años hayan incluido a Rachel Wolfson, el concepto de Jackass es inevitablemente masculino, casi como una radiografía del género (y más en Estados Unidos). Como hombres que son, no se muestran sensibles en pantalla, pero uno sabe que, con la idea del final, la emoción se impone. En las entrevistas, a Knoxville se le escapan las lágrimas. En los créditos, alguien dice “extraño a Dunn”, y luego aparece escrito con total claridad: “Ryan Dunn forever”. Nosotros podemos decir “Jackass forever”, aunque la película anterior se llame así, y esta sea la última y nos vamos.
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