Por Mex Faliero
La serie creada por Dan Fogelman, Paradise, se convirtió el año pasado en uno de los grandes éxitos de Disney+, suceso basado un poco sobre la base de la sorpresa que generaba su primer episodio y una habilidad para balancear elementos de la ciencia ficción con el drama psicológico. Si bien la primera temporada fue de mayor a menor, lo cierto es que estos nuevos capítulos generan cierta expectativa por ver la forma en que los creadores logran expandir el universo, algo que Paradise necesita para poder sostenerse en el tiempo y no perder interés. El comienzo entonces de la segunda temporada no podía ser más prometedor, especialmente porque en Graceland quedan fuera de escena los personajes de Sterling K. Brown, Julianne Nicholson y todos los que habían protagonizado la primera temporada, para darle lugar a una historia en el exterior, con un nuevo personaje a cargo de Shailene Woodley, que sirve para contar un poco qué fue lo que ocurrió ahí afuera del búnker donde los elegidos sobrevivieron a la pseudo destrucción de la Tierra. Dirigido por Glenn Ficarra y John Requa, Graceland avanza con seguridad, jugando con las expectativas de los espectadores y asegurándole que a la vuelta de la esquina vuelve lo importante, pero por ahora hay que prestar atención a lo que se cuenta. Y lo que se cuenta es atractivo, con la conflictuada Annie (Woodley) salvándose en la mismísima mansión de Elvis, donde ella trabaja como guía turística. La destrucción también queda en off, con la inteligencia que tiene la serie para sintetizar en lo micro todo lo macro que ocurre. Annie es un personaje además bastante atractivo para llevar las riendas del episodio y para inaugurar una nueva temporada, en la que los espectadores comenzarán a pedir algunas respuestas. Pero Graceland en vez de darlas, abre nuevas incógnitas, especialmente en Link, personaje interpretado por Thomas Doherty, que integra un grupo que busca llegar hasta el búnker, y que parece contener algunos secretos. Comienzo prometedor de la segunda temporada de Paradise, sobre todo porque no se abalanza al exceso de información y, por el contrario, apuesta por abrir el juego con inteligencia y sensibilidad.
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