Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: Ricardo M Jacobo // Guión: Juan Schnimtan, Agustina Liendo // Intérpretes: Inés Efron, Ezequiel Agustín Rodríguez, Katia Szechtman, Pedro Colletta, Félix Santamaria, Federico Liss, Marcela Peidro // Fotografía: Ignacio Federico Aveille // Montaje: Ricardo Mauricio Jacobo, Andrés Pepe Estrada, Ariana Skilki // Música: Ricardo Mauricio Jacobo, Naiborg // Duración: 85 minutos // Año: 2025 //
5 puntos
LA ALEGORÍA DOMESTICADA
Por Guillermo Colantonio
En principio, una sugerencia para investigar. Habría que ver por qué motivo gran parte de las películas en el presente parecen estar atrapadas por el imperativo de la explicación, a tal punto que no se bancan sus propias alegorías o su pretendida simbología. El comienzo de Soy tu mensaje no es la excepción a la regla. “Un travelling es una cuestión de metáfora” reza un epígrafe, parafraseando la famosa sentencia que Jean Luc Godard, a la vez, había tomado de Luc Moullet. El inicio se presenta de modo difuso, casi críptico, con una sucesión de imágenes desenfocadas y algunos susurros con palabras altisonantes, aunque inmediatamente asoma la idea de circularidad y la materialización concreta del título. Un personaje nos dice: “¿Sabés lo que soy? Soy tu mensaje”. En el café del barrio dirían: “Cerrame la ocho”.
La propuesta narrativa y genérica de Ricardo M. Jacobo mantiene, a priori, un interés debido la originalidad. Mara es una joven que ingresa a una especie de barrio privado para convivir con una especie de secta. Allí se encuentra su hermano, viviendo en una comunidad liderada por Ana y Lucio. Este último es una grotesca versión de gurú místico vestido apenas con una manta y propenso al llanto, como si estuviera atravesado por un trance místico. El plan de Mara es ver qué pasa con su hermano, incomunicado hace meses con su familia. Mientras tanto, debe prestarse a los extraños rituales, ayudar con las tareas domésticas y tomar nota de los diversos comportamientos. A medida que la trama avanza, con ritmo desparejo y evidentes lagunas, se develará el verdadero motivo de un oscuro plan.
Ahora bien, una cosa son las ideas que se ponen en juego y otra muy distinta la forma en que se escenifican y se cuentan. La película no encuentra nunca su tono y ve entorpecido su desarrollo narrativo con artilugios visuales -como la pantalla dividida- que parecen un simple decoro innecesario. Igualmente ocurre con la representación de los rituales, más cercanos a lo bizarro que a la solemnidad ofrecida desde un principio, como si el cine de Peter Greenaway se fusionara con el de John Waters.
En definitiva, Soy tu mensaje se mueve en un terreno de ambición conceptual que, por momentos, resulta atractivo, pero que rara vez encuentra una forma cinematográfica capaz de sostenerlo. Allí donde la película promete misterio, deriva en explicación; donde insinúa una alegoría inquietante, termina recurriendo a procedimientos enfáticos que diluyen el efecto. Tal vez el problema no esté en las ideas -que no son pocas- sino en la necesidad de subrayarlas todo el tiempo, como si el film desconfiara de su propia potencia simbólica. Y en el cine, como en cualquier otro lenguaje, a veces lo más sugerente es justamente aquello que se deja en suspenso.
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