Título original: Idem // Origen: Inglaterra – EE.UU. // Dirección: Aidan Zamiri // Guión: Aidan Zamiri, Bertie Brandes, sobre la idea de Charli XCX // Intérpretes: Charli XCX, Francesca Faridany, Errol Barnett, Rachel Sennott, Isaac Powell, Jamie Demetriou, Trew Mullen, Rish Shah, Ben Castle-Gibb, Michael Workeye, Rosanna Arquette, Richard Pérez, Riana Duce, James Bayes, Alexander Skarsgård // Fotografía: Sean Price Williams // Montaje: Neal Farmer, Billy Sneddon // Música: A.G. Cook // Duración: 103 minutos // Año: 2026 //
6 puntos
ASCENSO Y CAÍDA EN LA ERA DEL ALGORITMO
Por Guillermo Colantonio
Alerta de flashes. Explosión musical y visual. Carteles con fondos coloridos. Una presentación que podría asociarse a ciertos procedimientos del Godard de los sesenta, pero que parece conducir a un horizonte de encandilamiento, propio del vértigo y la velocidad que rigen la estética publicitaria en el presente. La protagonista es Charli Brat, un verdadero fenómeno del dance pop, que se mueve poseída en una mezcla de intensidad y hedonismo. Se trata de un instante en el que el frenesí nos mete de lleno en la lógica caníbal del mundo del espectáculo y los medios.
Comienza el falso documental. La intención: satirizar la forma en que se producen contenidos y se fabrica una estrella. La curiosidad es que la estrella existe en la realidad. Entonces, la ficción devela el carácter monstruoso detrás de los andamios del éxito. El título refiere, así, a la cornisa que existe entre el ascenso y la caída en un mundo donde las redes formatean imaginarios. Es un momento de éxito tan repentino y fugaz como pesado puede ser el derrumbe en un minuto. Sobre ese péndulo la película grafica el derrotero de la novata pop más intuitiva y lo que le ocurre mientras intentan filmar su concierto.
El vértigo de la promoción y la explotación de un producto, más allá del contenido de sus discos, durante un verano, es la marca estructural de la trama. Una galería de personajes que rozan la caricatura rodea a la estrella y se le acerca de modo vampírico. Fiestas, eventos, publicidades, filmaciones: todo compone el cuadro de un trabajo a tiempo completo. Del mismo modo que Charli apenas tiene tiempo para respirar, como espectadores nos involucramos en discusiones de contratos y en la cadena de obligaciones que la rodea. Apenas algunos segmentos ponen en evidencia el orden de lo privado y se constituyen como pequeños instantes de descanso para la estrella. El resto es un muestrario de cómo exprimir todo el jugo posible a un fenómeno que se sabe efímero. Esta cualidad asusta a la propia Brat, que parece adivinar que el derrumbe será inminente. Alguien de su entorno le dice: “No vas a morirte después de tu álbum”. Mientras tanto, compromisos y más compromisos.
El registro que adopta Zamiri acompaña el nerviosismo imperante. Cuanto más se fabrica una estrella, más insoportable se vuelve el dispositivo que la rodea. Lo mismo ocurre con la insistencia de una cámara que se mete entre las conversaciones y que no descansa en medio de los usos y abusos de una imagen. Litigios. Tensiones. Frivolidad. Relaciones por conveniencia. Todo forma parte de un plan estipulado por el sello discográfico, similar al castillo de Kafka. Quienes integran la primera plana son un conjunto de burócratas que incluye productores interesados en filmar el concierto, publicistas que se suman al fenómeno musical y un excéntrico y patético director de cine, encargado de dar vida y artificio al proyecto.
Toques de humor, líneas ridículas de diálogo y una desesperación que se vuelve hipérbole a partir de un error que arruina todo. A partir de ese momento, cuando el verano de Brat se va al diablo, la película se vuelve densa, reiterativa, y pierde la libertad que había demostrado en la primera parte. Cuando entendimos el sentido de su engranaje, se agota el efecto. Entonces, criticar la pirotecnia visual con sobredosis de autoconciencia y la solemnidad de un cuerpo impactado por el estrés termina por volverse aburrido.
Sin embargo, incluso en ese desgaste final queda expuesta la paradoja que la película intenta capturar: la industria del espectáculo vive de fabricar intensidad permanente, pero esa misma intensidad termina por devorar aquello que la alimenta. El ascenso meteórico, la sobreexposición y la caída son apenas fases de un mismo mecanismo. En ese sentido, el destino de Brat no es solo el de una estrella pop en formación, sino el de cualquier imagen contemporánea sometida a la trituradora del consumo inmediato.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

