Título original: Jeonjijeok dokja sijeom // Origen: Corea del Sur // Dirección: Byung-woo Kim // Guión: singNsong, Umi // Intérpretes: Ahn Hyo-seop, Chae Soo-bin, Lee Min-ho, Kim Jisoo, Im Jin-ah, Jung Sung-il, Kwon Eun-sung, Park Ho-san, Shin Seung-ho, Inji Jeong, Lewis Hooper // Fotografía: Heyjin Jun // Dirección de arte: Mok-won Lee // Música: Mowg // Duración: 116 minutos // Año: 2025 //
4 puntos
EL VÉRTIGO DE LO ARTIFICIAL
Por Guillermo Colantonio
Hay películas que forman parte de un fenómeno global que excede al ámbito estrictamente cinematográfico y parecen encuadrarse en un combo mediático. Suelen inscribirse en lo que hoy funciona como categoría baúl: el universo audiovisual. La profecía: lector omnisciente, de Byung-woo Kim, es el resultado de la adaptación de un webtoon muy popular en Corea del Sur, una combinación de fantasía, ciencia ficción y K-Pop. Era de esperar, entonces, que estuviéramos ante un producto que replica el éxito de su fuente en pantalla. No obstante, hay un obstáculo difícil de sortear, a saber, cómo se traslada un complejo universo de serialidad a un largometraje. Y lo cierto es que, más allá de alguna secuencia adrenalínica, el resultado no es más que una traslación visual saturada de voz en off y de situaciones cuya lógica es la de un video juego.
Todo comienza con una imagen de superpoblación urbana y el recorte del protagonista, Kim-Dok ya, el único lector de una novela que se ha propagado por la web. Es su intención comunicarse con el autor para expresarle su disconformidad con el final. A partir de la respuesta inesperada del destinatario, se abre un portal donde la ficción literaria se instala en el orden de lo real. Esto provoca que el propio Kim forme parte de una historia de supervivencia junto con el héroe de la novela. Desde ese momento, el pobre y esquemático guion conduce a una acumulación de luchas y enfrentamientos contra diversas entidades cuya naturaleza responde al orden de los fichines.
Carente de ritmo y de solidez -así como de emociones-, los personajes no pasan de ser criaturas destinadas a cumplir roles en un universo absolutamente comprimido y artificioso, donde los movimientos de cámara emulan a los de un joystick o los dedos deslizándose por la pantalla de un celular. En su afán por reproducir la experiencia interactiva y expansiva de su material de origen, la película pierde densidad narrativa y espesor emocional. El resultado es un artefacto vistoso pero inerte, más cercano a una demo extendida que a una obra cinematográfica capaz de sostener un mundo propio.
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