Por Patricio Beltrami
Después de cinco años, largos y traumáticos procesos de reorganización internos y demasiados proyectos fallidos, Marvel Studios encontró la fórmula para hacer series. Si bien durante los últimos dos años se habían visto mejoras en ese aspecto, Wonder Man demuestra que el estudio ha aprendido la lección a fuerza de golpes. Tal ha sido el éxito de esta propuesta, sobre todo por el respaldo conseguido por fuera del público objetivo del Universo Marvel, que ha trascendido que sus autores ya estarían trabajando en una segunda temporada. Creada por Destin Daniel Cretton (director de Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos y Spider-Man: Brand new day), Wonder Man representaba una apuesta arriesgada en varios sentidos. En primera instancia, otra vez se apelaba a un personaje desconocido por gran parte de la audiencia, cuyo esplendor en los cómics había ocurrido décadas atrás. Más allá de ciertos elementos puntuales, como Trevor Slattery o Control de Daños, el proyecto no posee grandes conexiones con el Universo Marvel. Además, en los tráilers y la campaña promocional ya se evidenciaba que la miniserie presentaría una importante carga de lo metadiscursivo, aspectos que ya habían fallado en She-Hulk: defensora de héroes y que recientemente se habían visto en La franquicia o El estudio. Sin embargo, Wonder Man resultó ser algo más interesante que Marvel Studios hablando sobre la industria y los superhéroes. A lo largo de ocho episodios se cuenta la historia de Simon Williams (Yahya Abdul-Mateen II), un actor de método treintañero que atraviesa su carrera entre oportunidades perdidas y fracasos. Arrastrando una vida personal inestable y financieramente a la deriva, un encuentro casual con Trevor Slattery (Ben Kingsley), actor reconocido por interpretar al terrorista El Mandarín, llevará a que Simon audicione por el papel de sus sueños: protagonista de la remake de Wonder Man. A manera de buddy movie, los dos artistas se volverán amigos mientras navegan por las aguas turbulentas de Hollywood, oscilando entre el esplendor de las filmaciones, eventos de gala y encuentros con prestigiosos actores y directores y la soledad y la tristeza de los rechazos, los fracasos y las mentiras. Si bien Wonder Man es una comedia, el contenido dramático no sólo ocupa gran parte del metraje, sino que su carga permite profundizar en las capas de sus protagonistas rotos. Más allá de que Abdul-Mateen II realiza una de las mejores interpretaciones de su carrera, no deja de asombrar el extraordinario trabajo de Kingsley, quien encuentra nuevas facetas para caracterizar a ese entrañable personaje que es Trevor Slattery. Gracias a estas actuaciones y al gran trabajo efectuado por directores y guionistas, la historia se destaca en la construcción de pasajes emotivos, donde la honestidad de los personajes y la crudeza de algunos conflictos confluyen en momentos sumamente desgarradores que se manejan con altura desde la puesta en escena. En ese sentido se desarrolla el arco de Simon, donde se evita la apuesta por un festival de golpes bajos y miserias para relatar su redención a través de la humanidad, la calidez y la confianza. Más allá de la regularidad de la serie, el agridulce recorrido de Wonder Man presenta grandes capítulos, como la comedia en clave aventura nocturna de Found Footage, la historia de origen del superhéroe caído en desgracia en Doorman (con lo mejor de Josh Gad en su carrera) o el explosivo cóctel de incomodidad, secretos y mentiras de Kathy Friedman. De agradable sorpresa a, quizás, la mejor producción de Marvel Television, Wonder Man conjuga dosis de dolor, humanidad y diversión para relatar la amistad de dos hombres en un mundo de superhéroes, donde lo extraordinario pasa por los gestos y sacrificios, no por los poderes.
NdR: todos los episodios de Wonder Man están disponibles en Disney +.
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