–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
La segunda hora de este nuevo turno de The Pitt fue un poco más relajada. O, por lo menos, más divertida, a partir de unos cuantos pasajes humorísticos casi siempre ligados al absurdo. 8:00 A.M., dirigido por Damian Marcano y escrito por R. Scott Gemmill y Joe Sachs, le dio bastante lugar a nuevos personajes y desde ahí alimentó buena parte de los conflictos los protagonistas ya establecidos, que van de un lado a otro y por momentos parecen metidos en comedias de enredos de diverso tipo. Lo más gracioso, paradójicamente por lo realista, fue esa competencia creciente que se dio entre Javadi (Shabana Azeez) y un nuevo residente, James Ogilvie (Lucas Iverson), por la chance de quedarse con una posición en el hospital en un futuro no muy lejano. El segundo es de esos individuos irritantes en su competitividad y necesidad constante de exhibir su conocimiento, pero Javadi se muestra capaz de jugar de la misma forma con ferocidad. Hasta que es Robinavitch (Noah Wyle), con una bella cara de póker, quien les para el carro a ambos al señalar que no solo se evalúa el conocimiento, sino también la capacidad de jugar en equipo. No dejó de ser llamativo cómo la otra nueva residente, Joy Kwon (Irene Choi), con un par de comentarios y gestos, expresó muy bien la irritabilidad que es capaz de generar Ogilvie. Otra que pasó por unos cuantos vaivenes fue King (Taylor Dearden), entre su inquietud por tener que dar su testimonio en una demanda; la seducción de un paciente que resulta ser un ladrón que la termina empujando (y dejándole un chichón en la cabeza) para huir de la policía; y una charla más profunda con Langdon (Patrick Ball) donde este le confiesa su adicción. Hablando de Langdon, sigue confinado en Triaje, donde es el primero en recibir un caso tan insólito como verosímil: un hombre que llega con una erección imposible de bajar, producto de una sobremedicación porque bueno, era su 20º aniversario de casado, lo que lleva a toda clase de chistes e ironías perfectas. Aunque el más atareado vuelve a ser Robi, no solo por su deber de estar supervisando todo lo que pasa, sino también por cuestiones que quizás vayan más allá de lo estrictamente laboral. Ahí tenemos la aparición de Noelle Hastings (Meta Golding), una empleada del hospital con la que deben arreglar el traslado de un paciente de McKay (Fiona Durif), en un intercambio que dispara algunas tensiones todavía un tanto ambiguas. Aparentemente, Hastings y Robi comparten un secreto o algún lazo personal que aún no está del todo claro, y que está relacionado con la decisión de Robby de irse de viaje esa misma noche, en cuanto termine el turno. Habrá que ver hacia dónde conduce eso, pero en el mientras tanto Robby sigue haciendo equilibrio en su relación con Al-Hashimi (Sepideh Moafi), que por un lado se muestra más prudente que él en las decisiones de tratamiento y, por otro, quiere introducir mejoras en la atención de los pacientes a través del uso de la Inteligencia Artificial. Quizás ese termine siendo el gran eje conflictivo de esta segunda temporada de The Pitt: un enfrentamiento entre formas y modos de ejercer la medicina, que ya se está dando en el territorio y en tiempo real. Por ahora, el caos en la sala de urgencias parece relativamente controlado y el dramatismo no alcanzó grandes alturas, porque las historias de varios pacientes (como la niña con signos de violencia o la mujer con demencia que acaba de perder a su marido) todavía están en pleno armado. Ya habrá tiempo para la tragedia y quizás por eso 8:00 A.M. es un episodio más relajado de lo habitual.
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