Título original: Weapons // Origen: EE.UU. // Dirección: Zach Cregger // Guión: Zach Cregger // Intérpretes: Julia Garner, Josh Brolin, Benedict Wong, Alden Ehrenreich, Austin Abrams, Amy Madigan, Scarlett Sher, Cary Christopher, Sara Paxton, Justin Long // Fotografía: Larkin Seiple // Edición: Joe Murphy // Música: Zach Cregger, Hays Holladay, Ryan Holladay // Duración: 128 minutos // Año: 2025
5 puntos
EL TERROR PASADO POR EL FILTRO DE NOLAN
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Ya en Bárbaro, su primer film de ficción en solitario, Zach Cregger había demostrado una pericia considerable para crear climas opresivos y combinarlos con el humor negro, pero también que en su afán de mostrarse astuto e importante, terminaba forzando la estructura narrativa y las lecturas ideológicas. La hora de la desaparición repite virtudes, pero especialmente defectos, a partir de un relato que se cree -y quiere mostrarse- mucho más inteligente de lo que realmente es.
La premisa de la cual parte el film es ciertamente inquietante: en una pequeña ciudad, una noche, 17 niños de una misma clase salen de sus hogares al mismo tiempo y desaparecen sin dejar rastro. El hecho, que conmueve a la comunidad, no parece tener explicación y la investigación emprendida por las fuerzas de seguridad no tienen pistas. Ese punto de partida le sirve a la película para ir construyendo una narración sustentada en el punto de vista de varios personajes que se van alternando. Están la maestra a cargo de la clase de la cual desaparecieron los niños (Julia Garner), convertida en principal sospechosa; uno de los padres (Josh Brolin) que emprende una investigación en solitario; el director del colegio (Benedict Wong); un oficial de policía (Alden Ehrenreich); un drogadicto (Austin Abrams) que por accidente se topa con un dato clave; y el único niño de la clase que no desapareció (Cary Christopher). Obviamente, las historias de todos ellos se interconectarán en ciertos momentos, revelando elementos relevantes para el enigma central. El propio Cregger sostuvo que su referencia inmediata es Magnolia, aquel gran film de Paul Thomas Anderson, y se nota, no solo por su esquema coral, sino también por su voluntad de convertirse en un fresco íntimo y social a la vez.
Donde mejor funciona La hora de la desaparición es en esos momentos de inquietud que están alimentados por la falta de certezas sobre lo que sucede y la percepción de lo siniestro como un factor que está siempre rondando a los protagonistas. A Cregger hay que reconocerle que sabe trabajar muy bien los climas a partir de la composición de los planos, en especial cuando deja la cámara quieta -o con movimientos mínimos, sin apelar al montaje- y, en cierta forma, obliga al espectador a mantener la mirada, por más que no quiera ver. Hay, por ejemplo, una secuencia donde vemos a un personaje durmiendo en un auto y otro que se aproxima desde afuera que es sumamente perturbadora sin necesidad de recurrir a la violencia o sacudidas repentinas. Del mismo modo, hay un puñado de pasajes donde el humor negro es muy efectivo, mostrando que el realizador es capaz de ver lo irónico dentro de lo horroroso.
Sin embargo, Cregger, como buen exponente de una vertiente del cine de terror actual que se pretende trascendental, no se conforma con filmar una de miedo como la gente. No, quiere mostrarnos que es muy inteligente, profundo y un largo etcétera. Por eso el título original, Weapons (“Armas”), que quiere introducir lecturas sociológicas y artísticas algo antojadizas y redundantes. Por eso también la estructura coral y fragmentada, que en realidad busca esconder o por lo menos disfrazar que lo que está contando es mucho más simple de lo que parece a simple vista. A medida que La hora de la desaparición va uniendo sus partes y mostrando sus cartas, van también quedando claros los agujeros del guión, que son significativos. La película en parte es consciente de eso, pero las explicaciones que da son, de mínima, flojas de papeles y requieren de una suspensión de incredulidad que choca con la solemnidad que impera en la mayoría del metraje.
Pero lo peor es que, por más que se quiera mostrar profunda e intrincada, La hora de la desaparición es de esas películas que, finalmente, no deja nada sin responder. De hecho, Cregger, en el último tercio del film, hace la gran Nolan, exponiendo y aclarando todo, a tal punto que es difícil no recordar esas escenas de El origen donde el personaje de Joseph Gordon-Levitt le explicaba todo lo que pasaba al de Elliot Page. Ese didactismo lleva a que todo sea digerible, extirpándole casi toda inquietud a una película que, por más que en cuantos pasajes asuste, no genera realmente miedo.
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