ANTICIPATORIA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Hay un gran chiste -uno de tantos- de La pistola desnuda original que es un resumen de buena parte de los logros de la película y cuyo plano principal se puede ver en la imagen de arriba. Allí vemos a Frank Drebin (Leslie Nielsen), luego de provocar una catástrofe, buscando hacer de cuenta que no pasó nada y, con pretendida calma, diciéndole a los curiosos que observan la situación, que no hay nada que ver y que por favor se dispersen, mientras detrás suyo se ve que todo está colapsando. Es un ejemplo inmejorable de cómo utilizar la profundidad de campo para construir comicidad, dialogar con la materialidad misma del cine -la figura de Drebin se ve como recortada sobre la pantalla- y retratar a un personaje que es extremadamente torpe, se cree mucho más de lo que realmente es, vive en una realidad paralela y no se hace cargo de nada. Y que es gracioso precisamente por eso, por esa solemnidad con la que transita por un mundo pautado por lo absurdo.
Lo llamativo es que ese chiste es posiblemente el más popular de La pistola desnuda, a tal punto que se convirtió en un meme inoxidable. En la Argentina, por ejemplo, ha sido muy utilizado en las redes sociales para burlarse del gobierno de turno cuando, en plena crisis, pretende que está todo bien. ¿El dólar vuela como un barrilete y el Ministro de Economía dice que solo es volatilidad? ¿Renuncia medio gabinete y el vocero presidencial afirma que hay un gran clima de trabajo entre los funcionarios? ¿La calle está prendida fuego mientras el Presidente se toma selfies con famosos que visitan la Casa Rosada? Allí siempre estará el meme de Drebin exclamando “nothing to see, please disperse” para que podamos canalizar esa bella sensación de que nos gobiernan tipos con autismo social. Pero la impostura solemne y a la vez payasesca de Drebin no solo interpela a las autoridades gubernamentales, sino también a grandes grupos de personas que están todo el tiempo con el ceño fruncido, aunque es cada vez más difícil tomárselas en serio.
Porque hay un consenso -por cierto, bastante acertado- respecto a que Idiocracia es la película que anticipó nuestro presente, pero La pistola desnuda, con su universo desbocado, donde lo ilógico se vuelve lógico, también merece consideración. Obviamente, el trío ZAZ (David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker), cuando pensó la película, no buscó anticiparse a nada: en todo caso, lo que hizo fue mirar para atrás y al presente, y sacudir los cimientos del policial, retorciendo sus estructuras e imaginarios. Lo hizo con una notable consciencia del poder expresivo de los cuerpos y la composición de los planos, además de una vocación por darle a las imágenes una entidad cercana a la de los dibujos animados. Para eso, encontraron en Nielsen -alguien que durante la mayoría de su carrera se había dedicado al drama- al intérprete perfecto, aunque los trabajos de Priscilla Presley, George Kennedy y -mal que nos pese- O.J. Simpson son también notables. Ya los ZAZ habían alcanzado niveles muy altos en ¿Y dónde está el piloto? y Top Secret!, pero es en La pistola desnuda donde terminaron de consolidar y sistematizar un estilo.
Aunque claro, nadie hubiera esperado que algunos aspectos de La pistola desnuda se hayan convertido en realistas. Lo único que querían los ZAZ era divertirse y que nos divirtamos con los disparates que hacía Drebin. El disfrute de lo insólito, arbitrario y disparatado era el objetivo único y primordial, sin ninguna capa de lectura social. Y es lo correcto, es ahí donde hay que volver, a reírse por y de cualquier cosa, sin pedir disculpas por nada. Y cuanto más fuerte y libre la risa, más claro quedará quiénes son los Drebin de este mundo.
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