NOIR NOIR, LA MUERTE LLAMA A LA PUERTA
Por Mex Faliero
Con diferencia de meses, murieron Val Kilmer y Michael Madsen. Y los dos son protagonistas de La muerte golpea dos veces, la ópera prima de John Dahl, un director que gozó de cierto prestigio durante unos años y que luego se esfumó en televisión, dirigiendo capítulos de incontable cantidad de series. Kilmer y Madsen luego compartieron reparto en The Doors. Curiosamente a los pocos años también trabajaron con Kim Basinger, el primero en Más allá del peligro y el segundo en La fuga. Pero la película de Oliver Stone es una obra más suntuosa, más emperifollada, más en busca de cierto prestigio, que es en definitiva aquello de lo que Kilmer y Madsen terminaron rehuyendo, aunque el actor de Súper secreto! en algún momento coqueteó con él. Madsen, por el contrario, construyó una carrera que fue como una repetición interminable del personaje que interpretó en esta película. Su Vince Miller es un tipo rudo, salvaje, amoral, desaliñado, absolutamente reptil en eso de la inseguridad que da confiar en lo que propone. Eso mismo que vio Quentin Tarantino y que lo llevó a convertirlo en uno de sus fetiches.
La muerte golpea dos veces llega al final de una década con una fuerte influencia del neo-noir, con películas como Doble de cuerpo (1984). Cuerpos ardientes (1981), Simplemente sangre (1984), Vivir y morir en Los Ángeles (1985) y tantas más. Hay quienes incluirían a Blade Runner (1982) o Terciopelo azul (1986) en la lista, pero creo que son películas que intentan relacionarse con el género desde un lugar más elevado. En el caso de Dahl hay un acercamiento más pulp, con una estética que preconfiguraría lo que ocurriría unos años después con el cine de Tarantino, aunque sin su calidad filosófica y existencialista. Dahl tiene al menos dos películas al nivel de su primer film, Traición perfecta (1993) y La última seducción (1994), que hacían ilusionar con una trayectoria que finalmente no fue. Pero, esa es la magia del cine, ahí está para recordar ese tríptico que volvía a las enseñanzas del policial negro, sumándole algo del estilo del cine de los 70’s y con ese gesto irónico tan propio de ese tono cáustico que iría tomando el cine del fin de siglo.
La muerte golpea dos veces arranca con Vince y Fay (Joanne Whalley) cometiendo un crimen, que será el origen de todos los males: un mafioso muerto y un maletín lleno de dinero. Vince y Fay son una de esas parejas delictivas ruteras tan características del cine del fin de siglo, tan Pumpkin y Honey Bunny del arranque de Tiempos violentos, a bordo de uno de esos autos grandes y cuadrados, llenos de polvo de los caminos. Fay traiciona a Vince y terminará escapando, hasta dar con un detective en la mala (y en cuál otra podría estar un detective de un neo noir como este que en la mala): Val Kilmer es ese Jack Andrews que se encargará de cumplirle el deseo a Fay de desaparecer para reinventarse, en un juego de identidades que la película utilizará como un rulo en el que se van enrocando y confundiendo los personajes. Hay algo interesante en Jack Andrews, personaje torturado por la muerte de su ex, al que alguien califica como ingenuo y de buen corazón, trazando una distancia con el noir clásico, pero que progresivamente va entrando en un camino de cinismo y desconfianza, volviéndose impredecible, sobre todo para el espectador. La película lo iría dirigiendo a Andrews hasta una reserva indígena, lo que nos hace acordar a Corazón de trueno, otro noir con Kilmer dirigido por Michael Apted, un director que siempre se creía por encima del material que tenía entre manos.
El de Dahl es un film de individuos que se vuelven par por necesidad, en sociedades que parecen ir cambiando a cada segundo. En ese panorama, el personaje más claro moralmente es el Vince de Michael Madsen, de quien sabemos que sólo va por el dinero. Y Madsen va, como un vaquero en bancarrota, cortando cuellos, golpeando, traicionando, como una víbora por ese desierto. Madsen parecía estar roto siempre y sus personajes eran una extensión de ese malestar, un cuerpo que parecía siempre ingresar en plano como pidiendo permiso. Un prototipo de intérprete de esos que existen cada vez menos, capaces de tomar a su cargo personajes imperfectos y autodestructivos sin volverlos un showcito. Un personaje típicamente del neo noir, que habitaba estas películas a gusto como ningún otro.
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