Título original: Une vie rêvée // Origen: Francia / Bélgica // Dirección: Morgan Simon // Guión: Morgan Simon // Intérpretes: Valeria Bruni Tedeschi, Félix Lefebvre, Lubna Azabal, Dylan Guedj, Gédéon Ekay, François De Brauer, Antonia Buresi, Tya Deslauriers, David Beaulieu, Joseph Etje, Arno Nguyen, Lucile Condroyer, Nil Rémy, Rudgy Pajany // Fotografía: Sylvain Verdet // Montaje: Marie Loustalot // Música: David Chalmin // Duración: 97 minutos // Año: 2024 //
6 puntos
LAS PEQUEÑAS VICTORIAS
Por Cristian A. Mangini
La crisis de mediana edad es el tópico central de este drama francés situado en un resquebrajado hogar de la periferia parisina. Una vida soñada de Morgan Simon atraviesa varios temas y tiene un marco político que no escapa a las sinuosidades de la trama marcada por el clima navideño. Lejos de las luminarias de shoppings, vitrinas e imágenes de ampulosas mesas navideñas, Una vida soñada representa a un vínculo que rema como puede las adversidades que se les presentan. Cae en lugares comunes ya transitados en dramas intimistas y familiares, pero la magnética dinámica entre Valeria Bruni Tedeschi y Félix Lefebvre le da vida y fluidez a una trama que con otros intérpretes habría caído en la mediocridad.
El núcleo del relato lo integra este hogar formado por Nicole (Tedeschi) y Serge (Lefebvre), pero el punto de vista que sostiene al film es el de Nicole. Con sus 52 años, desempleada y llevando una vida solitaria junto a su hijo; con este registro el film nos permite aproximarnos a varios temas como la inserción laboral en la adultez y la discriminación, la ansiedad provocada por la soledad y la alienación, además del dolor de duelar la visión de una familia idealizada. Transcurriendo con el clima navideño de trasfondo, Una vida soñada subraya esta cuestión como un elemento propio de no-lugares y la publicidad, que amplifican la angustia y sensación de falta de realización de la protagonista. Por supuesto, hay elementos que son sutiles y otros resultan panfletarios, cercanos a un eslogan de auto ayuda. Sólo la interpretación de Tedeschi puede sobrellevar, por ejemplo, la necesidad de ser agasajada en un cumpleaños ajeno, sin que resulte un mecanismo artificioso para sensibilizar al espectador.
La interacción de Nicole con Serge es el corazón y el conflicto del film. El desprecio de su hijo, pero también el dolor que nace de los pequeños momentos de ternura en la introducción del guión, lleva a un momento climático que está llevado con maestría y marca un punto de inflexión en el relato. Es un plano largo con pocos desplazamientos que explota el talento de Tedeschi y Lefebvre, y pone de manifiesto aquello que con los diálogos apenas se puede soslayar. Por fuera de ello, el film abre lugar a una subtrama romántica que da una chispa de esperanza en un escenario desolador que luego comienza a aclararse para el personaje de Nicole.
Más allá de los clichés narrativos que parecen gritar que “la felicidad está en las pequeñas cosas” con un entusiasmo didáctico, la fortaleza de Una vida soñada radica en la sensibilidad que se filtra de tratarse un proyecto personal del director. Esta es la virtud de un film que de otra manera habría caído en la medianía.
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