Título original: Lahn Mah
Origen: Tailandia
Dirección: Pat Boonnitipat
Guión: Pat Boonnitipat, Thodsapon Thiptinnakorn
Intérpretes: Putthipong Assaratanakul, Usha Seamkhum, Sanya Kunakorn, Sarinrat Thomas, Pongsatorn Jongwilas, Tontawan Tantivejakul, Duangporn Oapirat, Himawari Tajiri, Wattana Subpakit, Sumalee Suteeratham, Phichai Prommate, Buppa Suttisanon
Fotografía: Boonyanuch Kraithong
Edición: Thammarat Sumethsupachok
Música: Jaithep Raroengjai
Duración: 125 minutos
Año: 2024
7 puntos
UN REENCUENTRO GENERACIONAL
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
No sería de extrañar que algún momento de los próximos meses se anuncie una remake norteamericana de esta película tailandesa, que podrá tener algunos componentes locales, pero cuya premisa y temas tienen un carácter universal. De hecho, Cómo ser millonario antes de que muera la abuela recuerda un poco a Coda: señales del corazón, cuya versión original era francesa y que terminó llevándose el Oscar en el 2022. Sin embargo, hay algo engañoso en el título internacional del film de Pat Boonnitipat, que quiere presentarnos como una comedia lo que en verdad es un drama bastante hecho y derecho.
Convengamos que el punto de partida tiene su dosis de comicidad, centrándose en M (Putthipong Assaratanakul), un joven que pretende quedarse con la herencia de su abuela Amah (Usha Seamkhum), que está enferma y a la que le queda poco tiempo de vida, y que para eso decide pasar el mayor tiempo posible con ella, para de esta manera ganarse su favor. La película se hace cargo de que la iniciativa pinta al protagonista como un sorete, pero no ahonda mucho más en eso, ni desde la ironía o lo sentencioso. En todo caso, para lo que le sirve es para indagar en un tópico un tanto incómodo, que es la desconexión entre generaciones y cómo en determinado momento aparece en las familias un dilema casi irresoluble: cómo hacerse cargo de los más ancianos cuando ya no tienen la misma vitalidad que antes y sus visiones chocan con las de los demás. Aunque eso termina siendo lateral o, en todo caso, complementario de la estructura narrativa principal, que es bastante más simple y, a la vez, esencial.
Lo que se impone en Cómo ser millonario antes de que muera la abuela es la reconstrucción de un vínculo entre abuela y nieto que no estaba roto, pero sí desgastado o, peor aún, postergado por los cambios en los tiempos, rutinas y dinámicas familiares. Boonnitipat no recurre a subrayados o lecciones de vida: no es que, por ejemplo, hay un nieto que se da cuenta súbitamente que su abuela es una persona híper sabia y que tiene respuestas para todo lo que ocurre en su vida. A lo sumo, lo que se ve es a una anciana que ha hecho lo mejor que pudo con los conocimientos que tiene, que ha cometido errores como madre y que poco puede hacer para revertirlo a esta altura de su vida; y a un joven que todavía no tiene claro qué hacer con su existencia y que todavía está procesando qué pensar y hacer respecto a su núcleo familiar. En esto último es también clave el retrato de los hijos de Amah, en quienes conviven una mezcla rara, pero habitual, de sentimientos positivos y negativos por la matriarca familiar, a los que la película no juzga, pero con los que tampoco se muestra condescendiente.
La construcción dramática de Cómo ser millonario antes de que muera la abuela, pausada, directa y sin giros forzados, es la que finalmente permite que la última media hora, donde empieza a asomar lo terminal y un proceso de aceptación de la pérdida, sea conmovedora, pero no manipuladora. Es decir, ocurre lo que tiene que ocurrir, y el film no apela a sentencias maniqueas, sino que procura indagar en cómo las personas se hacen cargo de la muerte cuando esta se acerca. Y aunque se puede objetar que la banda sonora se deja llevar por algunas remarcaciones innecesarias, todo esto es más que compensado por el dúo protagónico, que está perfecto. Especialmente Seamkhum, un ama de casa que debuta en la actuación con 78 años, pero que despliega una sutileza gestual notable, que potencia un film que no se pone en un altar moral y que, en cambio, sin descollar, elige interpelarnos desde lo afectivo.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


