Título original: The Lord of the Rings: The War of the Rohirrim
Origen: EE.UU. / Nueva Zelanda / Japón
Dirección: Kenji Kamiyama
Guión: Jeffrey Addiss, Will Matthews, Phoebe Gittins, Arty Papageorgiou
Voces originales: Brian Cox. Gaia Wise, Miranda Otto, Luca Pasqualino, Lorraine Ashbourne, Shaun Dooley, Benjamin Wainwright, Yazdan Qafouri, Laurence Ubong Williams, Michael Wildman, Janine Duvitski, Bilal Hasna
Casting: Andy Brierley
Montaje: Tsuyoshi Sadamatsu
Música: Stephen Gallagher
Duración: 134 minutos
Año: 2024
7 puntos
UN BIENVENIDO REGRESO A LA TIERRA MEDIA
Por Mex Faliero
Peter Jackson no suelta. Enamorado de la obra de Tolkien, logró una trilogía inolvidable (aún con el desnivel entre las películas y con ese epílogo fallidísimo de El retorno del rey) integrado una película memorable como Las dos torres, y otra trilogía completamente olvidable como la de El hobbit, estirando por todos lados lo que apenas daba para un buen film de aventuras. Y si bien creíamos que la Tierra Media era un recuerdo para Jackson, más concentrado en hacer documentales sobre The Beatles, volvió al universo del autor sudafricano como productor ejecutivo de este film animado, El señor de los anillos: la guerra de los Rohirrim, dirigido por el experimentado Kenji Kamiyama, con la estética del animé. Una película que por cierto reúne mucho de lo mejor de las películas de El señor de los anillos y muy poco de lo malo, básicamente esa voz en off solemne que le aporta demasiado engolamiento a un relato que funciona mejor cuando se balancea al ritmo de la aventura.
La guerra de los Rohirrim es una precuela y está basada en los personajes creados por Tolkien antes que en sus libros. Es decir, que es una historia que a partir de las libertadas que se toma para reimaginar ese universo encuentra también una libertad para no verse tan maniatada a respetar una estructura determinada. Cuenta el origen del Abismo de Helm, a partir de la figura de Helm Hammerhand, el rey de Rohan, y la lucha que sostiene contra sus enemigos para mantener el control de su territorio. Aunque en segundo plano, y finalmente más importante, cuenta el camino de Hèra, la princesa, hasta convertirse en una guerrera capacitada para recibir la herencia de su padre y gobernar a los propios. Es una película que sigue la lógica de los relatos medievales, de caballeros, de palacios y sus intrigas, y de batallas épicas, gigantes. El film de Kamiyama lo tiene todo, y si bien tarda unos minutos de más en encontrar el centro del relato, cuando lo hace la película se vuelve antes que nada un gran espectáculo que sobresale por un diseño visual bellísimo, y sobre todo por una historia que entiende el camino del héroe, en este caso de la heroína.
Si El señor de los anillos tiene en su base una referencia a la mitología nórdica y al folklore europeo, con la presencia de Kamiyama en la dirección gana el plano de la emocionalidad lindera con el melodrama tan típico de los japoneses. Es un cruce de estéticas, pero también de formas de afrontar los sentimientos, que le termina dando a la película un tono diferente a la frialdad o el sentimentalismo grasa de muchos pasajes de El señor de los anillos. Y detrás de la espectacularidad de sus imágenes, sobresale la construcción de un puñado de personajes con los que el espectador termina conectando y sudando en un clímax altamente emotivo. Hacia el final algunas referencias a Saruman y Gandalf le coartan un poco de la libertad ganada, como apresando la película entre los límites de una franquicia que la supera. Vicios del cine actual, que igualmente no terminan por empañar el poder una película con una carga de épica que el cine de acción real contemporáneo parece haber olvidado.
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