Título original: Yuku et la fleur de l’Himalaya
Origen: Bélgica-Francia-Suiza
Dirección: Arnaud Demuynck, Rémi Durin
Guión: Arnaud Demuynck, Rémi Durin
Voces originales: Lily Demuynck-Deydier, Agnès Jaoui, Arno, Tom November, Alice On The Roof, Igor Van Dessel, Carine Seront, Thierry De Coster, Maia Baran, Martin Spinhayer
Dirección de arte: Paul Jadoul
Montaje: Yan Volsy
Música: Alexandre Brouillard, David Rémy, Yan Volsy
Duración: 65 minutos
Año: 2022
7 puntos
CELEBRA LA VIDA
Por Patricio Beltrami
Yuku y la flor del Himalaya es una película de animación sobre la muerte destinada a un público infantil. Claro está, también es una entretenida aventura para todo público motorizada por canciones y números musicales que funcionan muy bien. Esta interesante propuesta cuenta con numerosas virtudes, desde una animación muy vistosa y colorida así como también la construcción de un relato tan simple como redondo y bien nutrido a partir de sus pequeños conflictos, pero sin dudas su principal fortaleza consiste en una manera de celebrar la vida dándole nuevo sentido a la herencia familiar y cultural.
Una familia de ratones vive en la biblioteca de un viejo castillo, donde sobreviven robando comida mientras el gato duerme. Allí, la abuela lee cuentos a los pequeños ratoncitos mientras que su hija consigue alimentos y cuida a la familia. En ese contexto, la adolescente Yuku, compinche de su abuela, toca el ukelele para musicalizar las leyendas y relatos. Tras defenderse del gato sólo con el poder de las canciones, la abuela comienza a mostrar signos de su vejez y se prepara para recibir a la parca, aquí en forma del Topito Ciego. Desesperada por darle una última alegría a la matriarca, Yuku abandona su hogar por primera vez en la vida para buscar la mítica flor del Himalaya.
Si bien casi todo el primer acto de Yuku y la flor del Himalaya trascurre en un registro más cercano a lo infantil, la historia se motoriza cuando la protagonista inicia su aventura. Desde su salida a las alcantarillas, Yuku comienza a sortear obstáculos en su misión imposible: persecuciones, emboscadas, lluvia de flechas, perderse en las profundidades del bosque, afrontar las dificultades propias de la naturaleza. Ante ello, lo que podría ser un recurso repetitivo y predecible se convierte en el fuerte del camino de Yuku hacia la flor de Himalaya. Esas canciones no sólo son la clave para hacer amigos y enfrentar enemigos, sino que también se incorporan al relato tanto para darle sustento narrativo a los pasajes de la aventura como para que la acción avance a través de números musicales. Sí, arañas y hormigas se suman a escena como una orquesta en estos segmentos, pero allí la película encuentra formas más creativas desde el montaje (la canción de la coneja es buenísima) para otorgarle vitalidad y sorpresa a esta odisea en la naturaleza.
Asimismo, la animación es muy bella en sus formas y extremadamente colorida. En tanto, los ambientes por los que Yuku atraviesa expresan las sensaciones que se desean imprimir, como los misterios de la alcantarilla, la letalidad de esa playa plagada de flechas y cuervos o la calidez del refugio familiar en plena biblioteca. A su vez, la inocencia de Yuku y la buena predisposición de los animales se balancea con peligros letales, como el irredimible lobo feroz o el perverso cuervo que acecha en la playa. Finalmente, para darle sustento al peso de la herencia cultural y familiar como centro de la historia, la acción trascurre entre libros, canciones y leyendas. Lógicamente la muerte es inevitable y dolorosa, pero aún en ese contexto Yuku y la flor del Himalaya enfatiza en los legados sobre la tragedia, en el (auto)descubrimiento y la (auto)exploración sobre la quietud de la pena y el duelo. En la resignificación de las tradiciones está la clave de una película divertida, amable y conmovedora.
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