Título original: Ídem
Origen: EE.UU.
Dirección: Jimmy Chin, Elizabeth Chai Vasarhelyi
Testimonios: Alex Honnold, Tommy Caldwell, Jimmy Chin, Cheyne Lempe, Mikey Schaefer, Sanni McCandless, Dierdre Wolownick, Peter Croft, Mark Synnott
Fotografía: Jimmy Chin, Clair Popkin, Mikey Schaefer
Montaje: Bob Eisenhardt
Música: Marco Beltrami
Duración: 100 minutos
Año: 2018
7 puntos
EL ABISMO COMO ELECCIÓN
Por Rodrigo Seijas
A la hora de entregar los Oscars, la Academia no suele apartarse demasiado de parámetros donde aparecen temas considerados de alto impacto social, como el racismo, la sexualidad o eventos del pasado con ecos en el presente. A eso le suma cierto regodeo en los prodigios formales, lo cual explica la fascinación un tanto banal (alimentada por la culpa y algo de complejo de inferioridad) con ese trío mexicano prestigioso conformado por Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu. Eso también suele aplicar para la categoría documental, aunque este año se dio la excepción, a partir del triunfo de Free solo, producción de National Geographic.
Ojo, porque el film Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi ciertamente trabaja con algo que se puede considerar “extraordinario”, centrándose en la figura de Alex Honnold, uno de los máximos exponentes de lo que se conoce como “solo integral” (un tipo de escalada libre, donde se renuncia a cualquier tipo de protección o ayuda, como arneses o cuerdas), quien busca convertirse en la primera persona en escalar en esa modalidad la formación rocosa denominada El Capitán, ubicada dentro del Parque Nacional Yosemite. Ahí tenemos entonces a un personaje que se aparta de las convenciones a partir de sus habilidades y que se plantea a sí mismo un tipo de hazaña destinada a quedar en el recuerdo. Sin embargo, Honnold no es precisamente un personaje repleto de carisma y atractivo: es tan obsesivo y metódico como taciturno e introvertido; declara frente a cámara que considera a una furgoneta como su hogar; y desde sus acciones no pareciera buscar la empatía del espectador.
No es de extrañar entonces que la película se tome un tiempo considerable para delinear (o más bien explicar) a Honnold como personaje y a esa dimensión paralela que habita, que hasta lo aparta de la gente que lo quiere y respeta. Eso se puede ver de manera muy patente en el lazo que tiene con su bella y adorable novia Sanni, que lo banca siempre pero también es un obstáculo, porque (según él) lo desconcentra de su meta y hasta le trae una dosis de mala suerte. La descripción que Honnold hace inicialmente de ella es hilarante y un fiel reflejo de su particular (in) sensibilidad: “es linda, pequeña, alegra la furgoneta, no me quita mucho espacio”. Lo que se dice un tipo expresivo y cariñoso.
En un punto puede verse a Sanni como una contraparte fundamental en un film de aprendizaje y crecimiento donde lo deportivo es el vehículo de manifestación de lo afectivo. Es un relato sobre los miedos, no solo a ese abismo que se percibe desde lo más alto de las montañas, sino también a lo que se puede sentir por otra persona o a la potencial ausencia de alguien querido. Desde este posicionamiento es que el último tercio coquetea con lo trágico, elevando progresivamente los climas de tensión y hasta angustia.
Los minutos finales de Free solo lo convierten en un potente film de suspenso, sin dejar de reforzar su aspecto documental: allí es cuando termina de encontrar a Honnold como personaje admirable y simpático a la vez. Mientras lo vemos superar sus miedos, también podemos entender la apuesta de la película: dejar que ese sujeto tan singular haga su propio camino y acompañarlo, aunque sea siempre al borde del precipicio.

