Por Rodrigo Seijas
Si con The lost and the plunderers había recuperado una cierta fluidez y solidez en la narración, Dead of alive or, el más reciente episodio de The walking dead, vuelve a mostrar problemas que ya son crónicos en la serie. Hay ciertos elementos interesantes –más que nada por algunos sucesos particulares- pero eclipsados por pasajes y subtramas cuando menos redundantes.
Lo más irritante pasó por la huida del Padre Gabriel junto al Dr. Carson, que durante gran parte pareció escrita por un pastor evangelista y terminó dando la impresión de estar guionada por un ateo demasiado despreciativo para con los creyentes. Hay todo un juego con las casualidades que parecen marcar un destino en ese escape desesperado que es cuando menos forzado e impostado, con frases por parte del Padre Gabriel que se pretenden conmovedoras y convincentes, pero que solo convencen al crédulo de Carson hasta convocan a la risa. El giro trágico y manipulador del final vuelve a poner al Padre Gabriel en un lugar de crisis existencial, por más que haya conseguido superar la infección que lo aquejaba.
Todo el camino que emprende el grupo liderado por Daryl, Rosita y Tara, con Dwight como acompañante no precisamente deseado, también estuvo afectado por la manipulación y exageración en las situaciones. De hecho, todas las decisiones de Tara estuvieron marcadas por el infantilismo crónico, queriendo asesinar a Dwight de una vez por todas para consumar su venganza, siempre de manera torpe y hasta irresponsable. En verdad, para lo único que sirvieron sus acciones fue para confirmar que efectivamente Dwight no está jugando para ambos bandos y hasta está dispuesto a sacrificarse por la causa volviendo como infiltrado a las filas de los Salvadores. El enojo de Daryl con Tara es en parte el de los espectadores, porque hasta anuló la tensión del tránsito por un pantano repleto de zombies.
En cuanto a los eventos de Hilltop, no fueron más que una extensión de los dilemas previos que atraviesan a Maggie, Carol, Morgan y otros respecto a la furia y deseos de venganza contra los Salvadores, pero también la culpa y el peligro de parecerse demasiado al enemigo. El gesto piadoso de Maggie de darles ciertos márgenes de libertad a los prisioneros se enlaza con la llegada de Daryl, Rosita y Tara, pero también de la noticia del fallecimiento de Carl -que afecta especialmente a Enid- y el anuncio del arribo de Rick. Se presume que a partir de ahí volverán a unirse un poco mejor las tramas y personas, pero este es un nuevo ejemplo de cómo cada temporada de The walking dead está afectada fuertemente por el exceso de episodios.
Quizás no sea casualidad que Dead or alive or termine con Negan anunciando su nueva idea para combatir al grupo de Rick, que consiste en utilizar la sangre de los zombies como arma letal. Al fin y al cabo, los intercambios entre Negan y Eugene fue por lejos lo más interesante, porque ratifican lo despiadado y a la vez coherente que es el líder de los Salvadores. Fueron chispazos de lucidez en un episodio mediocre, de una serie a la cual le está costando encontrar el rumbo preciso y que estira en demasía sus conflictos.

