Por Rodrigo Seijas
ATENCIÓN: SPOILERS
En cierto modo, Hostiles and calamities es un capítulo que depende de algo muy subjetivo: es decir, de cuánto le pueda gustar al espectador personajes como el de Eugene y, en menor medida, Dwight. A partir de esto, debo dejar algo claro: ninguno de los dos personajes me resultan atractivos. Ambos me irritan sobremanera, por distintas razones. El primero por sus monólogos crípticos y pedantes, y sus acciones que rozan lo fronterizo; el segundo por esa combinación fallida que lo hace tanto un desgraciado como un hipócrita de campeonato.
La cuestión es que este episodio de The walking dead crece cuando construye a ambos personajes a partir de sus respectivos vínculos con Negan. Si Eugene tiene que ir conociendo de a poco las modalidades de trabajo y hasta de (brutal) sociabilidad de los Salvadores, Dwight ya conoce muy bien las dinámicas del grupo, con lo que intuye enseguida qué es lo que se viene cuando se revela el escape de Daryl. Por eso sabe acomodarse rápido y asegurar su supervivencia, lo que termina siendo una mala noticia para el médico del lugar. Dwight sabe quién es: es “Negan”.
Pero si Dwight ya sabe quién y cómo comportarse, aunque el aprendizaje le tomó bastante tiempo (por algo porta en su rostro las cicatrices de una plancha), Eugene aprende mucho más rápido de lo esperado. Quizás porque las comodidades y la posición de relevancia que le ofrecen Negan son amplias y definitivamente tentadoras. Pero la razón principal sea porque Eugene es de esos tipos que saben que son débiles y que para paliar su temor necesitan saberse protegidos, sin importar demasiado quién los proteja.
Se puede entender el drama que atraviesa a Dwight, la consciencia plena que tiene de que en algún momento fue otra clase de persona y que ahora se transformó en todo lo que odiaba, como bien le dice Sherry en una carta. También los dilemas que afronta Eugene cuando dos de las chicas que Negan le asigna para hacerle compañía le piden ayuda. Pero en verdad estamos ante subtramas que solo retardan la demostración de la tesis de la serie respecto a ambos personajes: cómo son seres que consiguen ubicarse dentro de la pirámide de poder de los Salvadores, siendo totalmente funcionales a los designios de Negan.
Por eso dos de las mejores secuencias de Hostiles and calamities son las correspondientes al mortal castigo que afronta el médico (una escena muy bien manejada a través de planos que explotan la profundidad de campo), donde queda claro que Dwight ha recorrido todo el camino necesario mientras que Eugene aún debe conocer cuán despiadado puede ser Negan; y cuando Eugene acepta que es, irrevocablemente, un “Negan” más. El cierre, donde ambos personajes se reconocen a sí mismos como idénticos en eso de ser parte de un todo, es un apropiado resumen de lo que se vio previamente.
Hostiles and calamities, aún con lo que aporta Negan como centro sobre el que giran muchos otros conflictos, es otro de esos capítulos demasiado focalizados en determinados personajes y que no termina de hacer avanzar la trama central. Definitivamente un episodio de relleno.
