Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers.
El octavo capítulo abre las puertas al gran enfrentamiento de la temporada: los X-Men contra Apocalipsis. A pura acción y romance, se suman aristas a un escenario de conflicto complejo y, además, el regreso de Gambito le otorga vigor narrativo y profundidad emocional a X-Men ‘97. Dirigido por Emi Yonemura y Chase Conley y escrito por JB Ballard, Beau DeMayo, Brian Ford Sullivan y Anthony Sellitti, The dead man’s hand inicia con una pesadilla de Rogue, un preludio del reencuentro con Gambito. Mientras escalan las tensiones entre X-Corp y X-Factor, la X-Force llega a la isla de los X-Men para revelar que hallaron cartas de Gambito junto al cadáver de Apocalipsis. Allí arranca un viaje cuyas paradas serán escenarios de conflicto. Con el mejorado Cerebro, Charles Xavier descubre que Gambito se encuentra en Nueva Orleans. Allí el mutante embosca a su viejo grupo de ladrones para convertirlos en acólitos de Apocalipsis con la misión de hallar a la mítica X-Ternal para robarle el poder que miles de años atrás le había concedido el primer mutante. Sin embargo, esta faceta mística es la excusa de The dead man’s hand para contar una historia de romance, lealtades y vínculos familiares a pura acción. Justamente, el asalto de los jinetes de Gambito al avión de X-Force en pleno vuelo culmina con la conversión de Nightcrawler, el secuestro de Rogue y un aterrizaje forzoso. Ese vértigo y apuesta por la acción se equilibra con el reencuentro entre el poseído Gambito y Rogue, quien sucumbe ante sus promesas de amor eterno y lo acompaña a su misión. Más allá del deseo, en la secuencia se palpa la tensión y la decepción en la mutante. El último arco de The dead man’s hand se desarrolla en el pantano, donde Gambito roba el poder de X-Ternal, destruyéndola en el acto. A pesar de la llegada de los X-Men y la X-Force, Gambito y Nightcrawler logran anularnos. Ante ello, Xavier lleva la lucha al plano de la mente, donde la animación juega con formas, tamaños, poderes y colores de los contendientes y del entorno metafísico. En ese marco, X-Men ‘97 conjuga lo lúdico, lo tenso y lo romántico para diseñar una escena de acción emotiva, aunque no alcanza los ribetes épicos que pretende. Mientras Xavier y el poseído Gambito se baten a duelo por el alma del fallecido mutante, en la Tierra los X-Men intentan evitar que Cable y la X-Force ejecuten al enemigo. Esta secuencia, donde el montaje alternado le brinda dramatismo y tensión en altas dosis, se vuelve más interesante cuando se revela que tras de los poderes de Gambito se encontraba Apocalipsis. A pesar de que este giro no resulta lo sorprendente que debería haber sido, sí le otorga mayor fuerza al combate. Igualmente, The dead man’s hand cuenta una historia de amor, por lo que la inexplicable intromisión de Rogue en esta batalla metafísica inclina la balanza para que los X-Men recuperen el cuerpo y el alma de Gambito. Con el mutante recuperándose, lo que queda de la X-Force se fuga para planificar el próximo paso de su guerra contra Apocalipsis. Ante ello, el capítulo cierra con Cable, Psylocke y Arcángel siendo reclutados por Val Cooper y el X-Factor, no para cazar a Apocalipsis, sino para enfrentar a los X-Men. Más allá de cierta previsibilidad en algunos caminos y resoluciones, The dead man’s hand se destaca como una historia romántica que transcurre a puro movimiento. Salvo los primeros cinco minutos, donde básicamente se plantean todos los conflictos, el capítulo nunca se detiene. En este orden, X-Men ‘97 despliega lo mejor de su arsenal narrativo y estético para diseñar muy buenas secuencias de acción, estimulantes desde lo visual y emotivas desde el desarrollo de los personajes y sus historias en la serie. En este caso, se encuentran las maneras adecuadas para trabajar aquello que puede ser demasiado bueno para ser real desde la esperanza, el dolor, la incredulidad y el deseo del amor después de la muerte.
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