El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata vuelve a tener uno de sus clásicos: las mini-críticas de Funcinema, una propuesta que reúne las miradas y valoraciones de nuestra redacción sobre las películas que forman parte de la programación. Como ocurre en cada edición, el staff realizará un seguimiento diario de las proyecciones, con reseñas breves, directas y contundentes que permitirán conocer distintas apreciaciones sobre los títulos seleccionados. La cobertura se actualizará día a día, con nuevas reseñas a medida que avance el Festival. Van 8 películas reseñadas.
–Caballo salvaje nueve de Martin McDonagh / 7 puntos
McDonagh se ha convertido en uno de esos autores que más allá del espacio-tiempo en el que se ubiquen sus relatos, logran que su mirada (entendida en el trabajo con la puesta en escena) trascienda lo que cuenta, ya sean dos personajes en un pueblito irlandés de la década de 1920 o -como aquí- dos agentes de la CIA en la Chile previa al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. La ecuación es más o menos lo misma que en el cuerpo más firme de su obra: dos personajes, en un juego de opuestos y complicidades, explicadas por la vía de una oralidad siempre dada a la ironía y el humor negro. Un existencialismo absurdo cercano al espíritu del cine de los hermanos Coen, pero con un grado mayor de compromiso político. Lo que termina por definir el rumbo son las actuaciones, y aquí encuentra en John Malkovich a un socio indispensable para que su letra se convierta en punzada constante. Más allá de algunos simbologismos remarcados y personajes mal construidos (las dos mujeres que se cruzan los protagonistas), lo que se termina imponiendo es un halo trágico que provoca al voluntarismo de las militancias. Y de nuevo Malkovich y, también, Buscemi, en un personaje que parece una versión estilizada de esas criaturas que habita en las películas de Sander. Mex Faliero
–Children untold de Miwa Nishikawa / 6 puntos
Nishikawa sitúa la historia en el Tokio de 1945, entre las ruinas materiales y morales de la derrota japonesa, para explorar las consecuencias de una catástrofe sobre aquellos que suelen quedar fuera de los grandes relatos históricos: los niños, los huérfanos y, particularmente, las niñas. Estamos ante una especie de novela cinematográfica, con ecos de Dickens y Victor Hugo, y con la segura protección de una narración que, pese a la crudeza de los temas abordados, se mantiene dentro de los carriles digeribles de las convenciones. Algunos pasajes funcionan por su potencia emotiva, otros por la gracia de las criaturas en pantalla. La protagonista, una chica de doce años que se hace pasar por varón para sobrevivir en las calles, permite introducir una dimensión muy potente: la identidad como estrategia de supervivencia. No se trata solamente de ocultar quién se es, sino de comprender que, en determinadas circunstancias, el propio cuerpo se convierte en un territorio de tensión, una marca expresiva frecuente en buena parte del cine contemporáneo. Los temas serios están, entonces; el problema pasa principalmente por una estética hartamente transitada en los circuitos industriales, además de una mirada histórica que abusa, por momentos, de ciertos anacronismos y de situaciones forzadas para demostrar su tesis sobre el sufrimiento. Ahí es donde uno extraña películas como La Raulito o Crónica de un niño solo. Guillermo Colantonio
–Después de Kim de Angeles González-Sinde / 5 puntos
Una muerte sorpresiva habilita también un misterio con mafia rusa incluida. Un padre y una madre viajan a España e indagan acerca del asesinato de su hija. El itinerario emocional es más convincente que el desarrollo narrativo. No obstante, la película, como los personajes, parece caminar en círculos. Algún que otro pasaje, donde la emoción se da la mano con un humor solapado, vale la pena. El resto incurre en tics costumbristas y lugares comunes que poco ayudan a construir el pretendido marco genérico de thriller, incluso con un tono que parece evocar un tipo de cine industrial de décadas anteriores contaminado por las telenovelas. Pese a su serena narración y a sus buenas actuaciones, no se sostiene más allá de la premisa, sobre todo porque la parte dramática del asunto incurre en estereotipos y en una resolución muy pobre, producto de un guion flojísimo en sus partes esenciales. Su factura estética es similar a la de tantos productos de plataformas en la actualidad. Guillermo Colantonio
–El agonista de Sebastián Manusovich y Pablo Pintor / 7 puntos
El protagonista, Sebastián, es también el codirector de este documental que narra su vida, la de una persona que nació espástica y que se enfrenta a un momento en el que tiene que tomar una decisión fundamental. De comienzo a fin, pasan parejas, hijos, amigos, familia; todos cuentan a Sebastián, pero Sebastián es un personaje inmenso. Que la película no se quiera hacer cargo de eso y apueste por una modestia nunca falsa, es uno de los grandes logros de El agonista. Que esquiva el paternalismo y el voluntarismo con el que mayormente el cine aborda las discapacidades y que se vale del evidente sentido del humor de su personaje para animarse a hablar de la discapacidad desde otro lugar pero, aún mejor, corriendo los límites desde donde mostrarse, sabiendo que puede incomodar a los espectadores. El agonista es honesta, es graciosa y es -obviamente- emocionante. Y es una película valiente sin nunca andar haciendo ruido con sus posturas. Simple, saber qué mostrar y tirarse con toda la confianza a la idea de que ahí hay una historia que merece ser contada. Mex Faliero
–La venus eléctrica de Pierre Salvatori / 6 puntos
Como se suele decir, “una película amable”. El combo parece irresistible: historias de enredo de amor atravesadas por la inminente fatalidad en la ciudad de Paris durante 1928. Antoine Balestro, un pintor que ha perdido la inspiración después de la muerte de su esposa, intenta comunicarse con ella mediante una médium. Pero quien responde a sus preguntas es Suzanne, una joven feriante que se ha colado en la caravana para robar comida. Espiritismo, espectáculos de feria, pintura, electricidad, son algunas de las referencias que enmarcan esta comedia dramática. El contexto es una excusa, un telón de fondo en colores para cruzar las historias de amor. Y a medida que avanza la impostura, sobrevuela una tensión entre lo verdadero y lo falso, aunque nunca la reflexión llega a eclipsar las necesidades del relato. El punto más fuerte es el modo en que Salvadori entiende la comedia, en esta veta de personajes que intentan controlar situaciones que progresivamente se les escapan de las manos. El equívoco no es solamente un recurso argumental sino una manera de observar la fragilidad humana. Tiene sus momentos, pero no deja de ser convencional. Guillermo Colantonio
–Los relatos de Miguel del Arco / 4 puntos
Si el punto de partida de esta película retuerce el verosímil hasta el límite y la vuelve incómoda desde el vamos, el resto hace lo posible para precipitarnos en el infierno de la pornografía del dolor. Pablo regresa a su pueblo después de haber cumplido veinte años de prisión por el asesinato de su esposa. La publicación de una biografía sobre su historia y su vuelta al lugar del crimen reactivan las heridas del pasado y colocan nuevamente al protagonista bajo la mirada de los demás. El primer dato inaudito es que ha vuelto a formar pareja con su psicóloga de la cárcel y ha tenido otra hija con ella. Todo lo que ocurre a partir de ahí es una sucesión catastrófica de situaciones que, además de estar hiperbolizadas dramáticamente al servicio de determinados imperativos éticos, son explicadas de manera constante mediante diálogos y testimonios de los personajes dirigidos a cámara. En términos gastronómicos, es como ponerle diez saché de mayonesa a una hamburguesa. En ese itinerario absurdo, el problema no es que la película se centre en un monstruo que sigue vivo, en este caso, bajo la forma de la violencia de género, sino la acumulación de temas, sentencias y escenas en las que prima la manipulación de manera descarada. Todo parece dispuesto para que el espectador sepa qué debe pensar, qué debe sentir y hasta dónde debe indignarse. No hay espacio para la ambigüedad, para el descubrimiento ni para la complejidad de los personajes: cada situación llega acompañada de su correspondiente subrayado moral. El resultado. La confusión de intensidad con saturación y compromiso con acumulación de golpes bajos. Creo haber visto una de las películas más tramposas de las últimas décadas. Guillermo Colantonio
–Rose de Markus Schleinzer / 7 puntos
Una película de perfecto cálculo estético con ecos de Dreyer, más liviana que cualquier trabajo de Haneke y con secuencias de una belleza apabullante. Pero, además, tiene la virtud de narrar una historia de tintes monstruosos sin estridencias y con una admirable concentración dramática. Es imposible no supeditar gran parte de los logros a la actuación de Sandra Hüller. La protagonista asume una identidad masculina para acceder a derechos que le están vedados como mujer. Todo esto en el contexto del Siglo XVII, en una comunidad del interior de Alemania. Pero Schleinzer evita convertir esa decisión en una explicación psicológica cerrada: Rose puede leerse desde distintas perspectivas, sin que ninguna agote el misterio del personaje. La relación entre identidad, imaginación y supervivencia tal vez sea un tanto forzada con algunos anacronismos, sin embargo, esto no empaña la construcción de un verosímil en torno a los roles sociales y sus consecuencias, porque Rose sostiene una impostura, conquista cierta autonomía, pero continúa chocando con las imposiciones de la tradición patriarcal. Pero si todo quedara reducido a la exposición de ideas la impresión sería incompleta. El blanco y negro, la composición rigurosa de los encuadres, la economía de diálogos y la distancia respecto de los personajes construyen un universo visual que parece suspendido entre la reconstrucción histórica y la fábula. La austeridad formal evita que la película se convierta en un melodrama convencional. Existe una dimensión sonora, además, en la que los silencios sostienen la tensión emocional, aún en aquellos momentos donde todo puede estallar. La postura corporal, la mirada, la economía gestual y una particular rigidez que parece funcionar como mecanismo de supervivencia, son los resortes dramáticos que Hüller sostiene magistralmente. Por último, tampoco la solemnidad de esta clase de películas contamina a Rose, porque el humor en sordina acompaña este cuadro de ritos e imperativos comunitarios. La secuencia final es el punto máximo de expresión en las intenciones, cuestionables o no según el punto de vista de cada uno, de Schleinzer. Guillermo Colantonio
–Truly naked de Muriel d’Ansenmbourg / 6 puntos
Alec se ha instalado en una nueva comunidad. Allí debe sostener un secreto, por pudor o por precaución: ayuda a su padre a filmar películas pornográficas caseras. Las reservas del protagonista no son las mismas que las de la directora, quien incluye sexo explícito, con momentos jugados e irreverentes. La vida de Alec transcurre entre las obligaciones laborales y la escuela, donde comienza una relación con una compañera. Ella le aporta progresivamente aquello que él desconoce: cómo dar rienda suelta al deseo en consonancia con el amor y la intimidad. Este descubrimiento colisiona con el otro ámbito, allí donde su padre pretende ir cada vez más lejos con sus producciones artísticas. Entre las paradojas que plantea la película, una de las escenas más resonantes funciona como un perfecto oxímoron: lo más hermoso estéticamente se vuelve repulsivo. La desnudez del título anuncia el núcleo de sentido: la tensión entre la exposición física y la emocional. El verdadero desafío para todos los personajes consiste en lidiar con su vulnerabilidad y dar cuenta de la intimidad. No obstante, el punto más flojo reside en el modo en que esa idea comienza a ser más declamada que escenificada. Y si bien es cierto que vivimos en un mundo de estímulos visuales donde se ha naturalizado el consumo del sexo en su vertiente más materialista y fetichista, el problema surge cuando comienzan a notarse las costuras de un discurso moralmente condenatorio. En este sentido, para compensar la noble posibilidad de que dos mujeres le enseñen a Alec a indagar en su universo emocional, se incurre en la torpeza de configurar un padre monstruoso o el típico compañero de colegio violento. Cuando los personajes se convierten en meros vehículos de ideas, todo se resiente. Entonces, más allá de algunos hallazgos visuales y de una intención inicial de no ofrecer concesiones en la puesta en escena, la película deriva en una seguidilla de declamaciones morales y latiguillos discursivos tan obvios que terminan volviéndose banales. Acaso la relación íntima entre los protagonistas sea el rasgo más redimible y productivo. Guillermo Colantonio
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