Título original: I was stranger // Origen: EE.UU. // Dirección: Brandt Andersen // Guión: Brandt Andersen // Intérpretes: Yasmine Al Massri, Yahya Mahayni, Omar Sy, Ziad Bakri, Constantine Markoulakis, Jason Beghe, Massa Daoud, Carlos Chahine, Ayman Samman, Thanos Tokakis, Jay Abdo // Fotografía: Jonathan Sela // Montaje: Jeff Seibenick // Música: Nick Chuba // Duración: 103 minutos // Año: 2024
5 puntos
LA SOBRECARGA COMO NAUFRAGIO
Por Guillermo Colantonio
Uno conoce todo tipo de sobrecarga: muscular, eléctrica, sensorial, etc. Si hay un signo característico en la película Fui forastero, dirigida por Brandt Andersen, es la sobrecarga emocional. Y es un problema. Porque más allá de tratar un tema de eterna vigencia, el drama de los refugiados que huyen de sus países ante situaciones políticas desesperantes, la búsqueda de impacto parece no reconocer límites a la hora de golpear los sentidos del espectador, incluso con procedimientos que bordean lo miserable y el chantaje.
Estamos hablando, en principio, de una ópera prima que es el resultado de extender el cortometraje Refugee. Y esa ampliación implica introducir brochazos de pintura sobre un punto en un lienzo. En otras palabras, el subrayado y el trazo grueso son dos procedimientos que Andersen aplica sin pudor, confiando en que la seriedad del tema es compatible con la manipulación. Desde el comienzo, una serie de planos generales creados a partir de un dron nos introduce en Chicago. La panorámica nos permite distinguir el río y el frente espejado de las Torres Trump, una curiosa inclusión dada la naturaleza del personaje y de sus políticas contra la inmigración. Nunca se sabrá si la mirada es contemplativa, irónica o a favor de la paradoja. Por lo pronto, en la lógica de quienes huyen de su propio infierno, EE..UU es la tierra de las oportunidades. Entre ellas, una enfermera llamada Amira, quien abre la historia y habilita el largo flashback a través del cual seguimos relatos encadenados y diversos personajes. El denominador común es el intento por escapar en una precaria embarcación a Grecia, a la espera de ser rescatados.
Hay que decir que las escenas destinadas a generar tensión se encuentran logradas, sobre todo en aquellos pasajes donde la desesperación reina y el horizonte de los personajes se difumina en cuanto a sus posibilidades de salvación. Al mismo tiempo, en medio del conflicto, la condición humana saca a relucir tanto el costado más solidario como el más miserable. No obstante, como si eso de por sí ya no constituya un material pesado desde el punto de vista emotivo, nada impide que Andersen se despache en una orgía musical tendiente a enfatizar el horror ni a escatimar en golpes bajos a favor de una ficción que en otros tiempos crucificarían por abyecta. El principal inconveniente es utilizar el dolor de los demás y utilizar a los refugiados como prestadores de una historia lastimosa y vendible a costa de patear la cara del público en una sala de cine.
El problema no es solo el exceso, sino su dirección: Fui forastero no confía en la potencia de lo que muestra y necesita subrayarlo hasta volverlo sospechoso. En ese gesto, el dolor deja de ser experiencia para convertirse en recurso, y los refugiados dejan de ser sujetos para transformarse en instrumentos. Cuando la emoción se fuerza, la empatía se rompe: lo que queda no es conciencia ni reflexión, sino una incomodidad más cercana al rechazo que a la compasión. Y en ese punto, la película no solo fracasa estéticamente, sino también en el terreno que pretende ocupar con tanta insistencia.
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