Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: Christian Basilis, Ana Gussoni // Guión: :Christian Basilis, Hernán Casciari, Josefina Licitra // Intérpretes: Verónica Llinás, César Bordón, Darío Barassi, Agustín Aristarán, Beatriz Spelzini, Ernesto Claudio, Máximo Pérez Artusi, Franco Quercia // Fotografía: Guillermo Romero // Montaje: Joaquín Elizalde, Jimena García Molt // Música: Gustavo Pomeranec // Duración: 91 minutos // Año: 2026 //
3 puntos
LA BROMA ASESINA
Por Patricio Beltrami
Una cruel broma telefónica de adolescentes termina en tragedia, y esa tragedia motiva una venganza décadas más tarde. Con una premisa clara establecida en los primeros minutos de película, Canelones podría haber un sido thriller anclado en la maldad inherente al ser humano y en las complejas relaciones entre madres e hijos (y padres ausentes) o en cómo las consecuencias de los actos del pasado inevitablemente nos alcanzan en algún momento de la vida. Sin embargo, el largometraje no sólo se queda a mitad de camino entre la comedia y el drama, sin encontrar identidad a partir de la mixtura de géneros, sino que además falla tanto en la estructura del relato como en su deslucida puesta en escena.
A manera de flashback, el prólogo de Canelones recrea el cuento homónimo de Hernán Casciari, que narra una broma telefónica de adolescentes que se sale de control a causa de la maldad, el egoísmo y la inconsciencia del joven. Ese breve pasaje inicial ambientado a finales de ochenta expresa muy bien cómo un juego de amigos lentamente se va convirtiendo en una estafa emocional que tendrá terribles consecuencias, tanto desde la música incidental como de un clima que se vuelve más espeso y oscuro con el correr de la conversación. Ya situado en 2015, el relato se vuelca totalmente al registro costumbrista y, por más que intentan generar secuencias de tensión, drama o acercarse torpemente al humor negro y la comedia stoner, nunca consigue expresar esas atmósferas pretendidas a través de la puesta en escena.
Asimismo, queda en evidencia que la historia creada por fuera del material original representó un problema para los directores y los autores. En ese sentido, la construcción de la venganza y del viaje de reconciliación del protagonista con su pasado funcionan por separado y no logran integrarse como partes de un único relato. Durante gran parte del metraje ambos conflictos evolucionan en simultáneo con escasos puntos de conexión, principalmente a causa del estancamiento para abordar la noche de Hérnan (Darío Barassi) y Chiri (Agustín Aristarán). Además, se notan problemas de montaje y estructura promediando la película, concretamente cuando se busca alternar entre los dos escenarios sin darle sentido a esas decisiones narrativas. A su vez, el acto final resulta desprolijo y transcurre precipitadamente para que la conclusión oficie como una lección para los protagonistas, apelando fallidamente al humor negro para tratar de ocultar la cuota de cinismo y moralismo de la historia.
En tanto, las interpretaciones en Canelones oscilan entre lo correcto y lo discreto, en buena parte condicionadas por el guion y las decisiones de realización. En ese marco, únicamente se destacan algunos pasajes de la relación entre Chichita (Verónica Llinás) y Daniel (César Bordón), quienes apelan a su oficio para construir secuencias logradas de drama y comedia romántica. Sin embargo, estas virtudes se concentran en momentos puntuales de una película de noventa minutos. Por su parte, el Hernán de Barassi es un protagonista excesivamente antipático, egoísta y egocéntrico, con quien resulta imposible empatizar. Ni siquiera en el acto final demuestra una gota de autocrítica frente a la casi trágica situación de su madre. Como si fuera un ejercicio de honestidad intelectual, la broma asesina de Casciari concluye más cerca del cinismo de su protagonista que de su relegada humanidad.
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