Título original: The Wrecking Crew // Origen: Nueva Zelanda / EE.UU. // Dirección: Angel Manuel Soto // Guión: Jonathan Tropper // Intérpretes: Dave Bautista, Jason Momoa, Temuera Morrison, Jacob Batalon, Morena Baccarin, Stephen Root, Frankie Adams, Claes Bang, Maia Keoloha, Miyavi, Lydia Peckham, Branscombe Richmond // Fotografía: Matt Flannery // Edición: Michael McCusker // Música: Bobby Krlic // Duración: 124 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Prime Video
6 puntos
DOS TIPOS DUROS Y NO MUCHO MÁS
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
La celebración de los méritos de Equipo demolición (disponible en Prime Video) por parte de buena parte de la crítica me parece un tanto excesiva. Quizás la escasez de diversión en el género de acción lleve a la sobrevaloración, porque lo cierto es que el film de Angel Manuel Soto (realizador de la aceptable Blue Beetle) tiene unas cuantas ideas interesantes y pasajes lúdicos, pero igual le cuesta escapar a unos cuantos lugares comunes del presente que la llevan a ser demasiado previsible.
La película tiene una indudable atmósfera lindante con las buddy movies de los ochenta y noventa, en la que individuos antagónicos deben superar sus diferencias para poder enfrentarse a una fuerza superior. En este caso, tenemos a dos hermanastros: uno es James (Dave Bautista), un militar altamente disciplinado; el otro Jonny (Jason Momoa), un policía que solo suele guiarse por sus impulsos. Cuando el padre de ambos (que no ha estado muy presente de la mejor manera en sus vidas) es asesinado en Hawái en lo que inicialmente solo parece un accidente de tránsito, emprenden a los tumbos y hasta a regañadientes una investigación que sacará unos cuantos trapos sucios al sol. Obviamente, pronto se verán perseguidos por distintas fuerzas criminales -entre ellas, la mafia japonesa y un poderoso empresario-, mientras deben dejar atrás antiguos rencores que afectaron su vínculo.
Uno ve, cada tanto, chispazos en la puesta en escena de Equipo demolición que sirven como huellas de lo que podría haber sido una gran película. Por ejemplo, un arranque con un plano secuencia que funciona muy bien en su aprovechamiento del espacio y los cuerpos en movimiento. O estallidos de violencia que bordean lo paródico, y que van de la mano con algunos diálogos repletos de sarcasmo, donde es el personaje de Momoa el que sale más favorecido. Pero son instancias aisladas dentro de un film con veinte minutos de más, que progresivamente se va volviendo cada más predecible en sus giros dramáticos -hay un villano oculto que es facilísimo de adivinar- y que es demasiado explícito en todo lo que quiere decir sobre la corrupción, el deber, la hermandad y los lazos familiares. La película incluso trae de arrastre un gran problema del cine de acción actual, que es el exceso uso de la digitalización barata: por caso, con una persecución en una autopista en la que interviene un helicóptero y que, a pesar de su desquicio, no termina de tener tanto impacto debido a los efectos especiales de segunda categoría.
Sí hay que reconocerle a Equipo demolición -y en particular a Soto- que le saca bastante jugo a la química entre dos actores como Bautista y Momoa, que, cuando le ponen algo de esfuerzo, se manejan muy fluidamente dentro del terreno de la comedia. Sin embargo, igual queda la sensación de que la unión entre estas dos figuras merecía un proyecto -e incluso un director- con mayor vocación de riesgo. Equipo demolición podía haber sido mucho más divertida, directa, cruda y desquiciada, pero se conforma con ser apenas aceptable.
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