Título original: Eenie Meanie // Origen: EE.UU. // Dirección: Shawn Simmons // Guión: Shawn Simmons// Intérpretes: Samara Weaving, Karl Glusman, Andy Garcia, Steve Zahn, Jermaine Fowler, Marshawn Lynch, Randall Park, Mike O´Malley, Elle Graham, Chris Bauer // Fotografía: Tim Ives // Edición: Chris Patterson, Dirk Westervelt // Música: Bobby Krlic // Duración: 106 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Disney+
6 puntos
A VECES NO SE DEBEN FORZAR TANTO LAS COSAS
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Por algo el título original de Velocidad salvaje es Eenie Meanie, que es el apodo que su protagonista, Edie (Samara Weaving), tiene dentro del mundo del crimen. Como ella -alguien que amaga con alejarse de una historia de vida determinada para construir otra, pero que termina volviendo, arrastrada, a lo que siempre fue-, el film de Shawn Simmons intenta, y durante un rato largo lo consigue, ser algo directo, simple y entretenido, pero luego se obliga a sí mismo a cumplir con las pautas solemnes de este presente del cine norteamericano.
Si el trailer de Velocidad salvaje prometía algo superficial y efímero, lo cierto es que nos encontramos con una película, a su modo, bastante ambiciosa. Parte comedia de acción, parte drama criminal y romántico, incluso tragedia, el film transita por múltiples superficies genéricas, lo cual habla de una vocación por contar muchas cosas, lo que, en el balance final, a pesar de sus méritos, le juega algo en contra. No solo porque casi inevitablemente cae en una dispersión de tonos y atmósferas, sino también porque incurre en decisiones que fuerzan discursos y maltratan a sus personajes. Es cierto que ese riesgo se intuía ya en la premisa central, que sigue a la mencionada Edie, conductora joven pero experta, que ya cuando era adolescente era empleada por su padre para huir de las autoridades. Ella ha decidido abandonar esa vida de robos y fugas, para arrancar con otra, donde todo pasa por el estudio y trabajo diario. Eso le funciona relativamente bien hasta que se da cuenta de que está embarazada y de que el padre no puede ser nadie más que John (Karl Glusman), antiguo novio y compañero de aventuras ilícitas, que siempre fue un desastre y la arrastraba a sus líos, que ella siempre se obligaba a solucionar. Cuando Edie decide visitarlo para contarle la noticia, se verá metida súbitamente en otro de sus líos, pero uno gigantesco, ya que, luego de un robo fallido, John le debe una enorme cantidad de dinero a un mafioso interpretado por un perfecto Andy Garcia. La única forma de saldar esa deuda será, obviamente, con otro robo, donde Edie se verá forzada a actuar como líder de un equipo de profesionales del crimen en los que ella solo podrá confiar hasta ahí. Es entonces que ella volverá a hacer lo que más sabe, además de vincularse nuevamente con John, que será un elefante en un bazar, pero también un tipo querible.
Ya la estructura del relato le pide a Velocidad salvaje que atraviese las capas genéricas que habíamos mencionado: la heist-movie, la comedia romántica algo alocada, cierto drama moral leve. El film, durante un tiempo considerable, consigue jugar hábilmente con esas máscaras genéricas, un poco como Edie, que hace o es lo que cada momento le va pidiendo. Lo logra apretando el acelerador a fondo, sin pensar o reflexionar demasiado, fusionándose con la mentalidad de ese mundo que habita Edie en el cual lo que importa son las lealtades y no tanto las consecuencias de las acciones. Eso le permite, aún dentro de una estructura que funciona como un reloj suizo, ser una película bastante libre y hasta despreocupada, un puro presente audiovisual que resulta ser durante buena parte del metraje muy efectivo.
Hasta que el guión del propio Simmons le pide a Velocidad salvaje que sea más seria y dramática, incluso trágica, por lo que, en su media hora final, apela a varias vueltas de tuerca entre forzadas y manipuladoras. Ahí es donde el film descarrila y uno se pregunta sobre cuál era la necesidad del realizador de querer juzgar un mundo que indudablemente lo cautiva un poco y de someter a su protagonista a decisiones que rozan lo tortuoso. Quizás tenga que ver con esa necesidad de muchos debutantes de querer demostrar que pueden contar todo lo que se propongan. Como Edie, Simmons tendría que aprender a no forzar tanto las cosas y permitirse ir de a poco.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

