Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: José Celestino Campusano // Guión: Donald Mann, José Celestino Campusano // Intérpretes: Donald Mann, Enrique Marcelo Abal, Sol Airaldi, Pablo Viollaz, Víctor Schajovitsch, Bárbara Pombo, Joaquín Berthold, Claudio Santorelli, José Celestino Campusano // Fotografía: Federico Jacobi // Montaje: Horacio Florentín // Duración: 92 minutos // Año: 2023 //
5 puntos
ENTRE EL GENIO Y LA LOCURA: UN VAN GOGH COSTERO
Por Guillermo Colantonio
José Celestino Campusano no para de filmar. Esa pulsión creativa parece estar por encima del impacto que pueda generar cada una de sus películas, y es precisamente esa actitud la que merece destacarse. En esta ocasión, el guion fue coescrito junto a Donald Mann -protagonista de Los ojos de Van Gogh-, quien también integró el elenco de Brooklyn Experience (2018).
La premisa resulta atrapante: Amos Cutter está convencido de ser la reencarnación del célebre pintor, versión Siglo XXI, en una localidad costera donde administra un hotel en ruinas junto a su hermano. Hasta allí llega una joven vinculada al cine porno, manipulada por un mafioso, que poco a poco se convierte en la musa de Amos. El defiende con vehemencia su linaje espiritual frente a quienes lo consideran un demente. Aunque la trama deja abierta la puerta a la incertidumbre, el punto de vista del film se alinea con su convicción: la transmigración de las almas es una posibilidad tangible. A esto se suma un parecido físico notable que refuerza la idea sin caer en la caricatura.
Los primeros minutos figuran entre lo más logrado de la obra de Campusano. Su mirada trasciende los entornos urbanos que lo caracterizan y revela un talento especial para explorar visualmente el paisaje costero. Un travelling a ras del suelo hacia adelante nos presenta la imagen de un barco encallado en la arena. El corte posterior introduce al personaje: Amos Cutter de pie frente a él. La secuencia posee un halo de belleza singular y funciona como una introducción atípica en el universo del director, tanto como lo son la temática y el enfoque elegidos.
Sin embargo, el hechizo se quiebra abruptamente cuando los personajes secundarios comienzan a hablar en inglés. El tono, la gestualidad y la textura de los diálogos resultan forzados, difícilmente aceptables incluso dentro del verosímil que se intenta construir. Así, lo que en un inicio se destaca desde lo visual, termina desdibujado por una oratoria inconsistente.
A diferencia de otras películas de Campusano, aquí la violencia se aborda desde un ángulo distinto. Hay una línea narrativa vinculada al juego y las deudas que afectan al hermano de Amos, pero el núcleo del relato gira en torno a la relación entre arte y realidad, entre genio y locura. Esta búsqueda de respetabilidad, sin embargo, le juega en contra: se pierde la potencia que surge cuando el director, con apenas unas pinceladas y pocos diálogos, logra sumergirnos en el mundo social de sus personajes. Por eso Los ojos de Van Gogh se vuelve fría y distante, como un producto más cercano a un encargo que a la vitalidad de varias películas de su extensa carrera.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

