Título original: Idem // Origen: Argentina // Dirección: Leandro Mark, Nicolás Silbert // Guión: Lucas Bucci, Tomás Sposato // Intérpretes: José María Listorti, Dani “La Chepi”, Alex Pelao, Jero Freixas, Facha Espi, Francina Di Carlo, Fausto Fallesen, Tomás Limansky, Manuel Pérez Erramouspe // Fotografía: Fernando Lockett // Montaje: César Custodio // Música: Sergei Grosny // Duración: 99 minutos // Año: 2025 //
4 puntos
LO MISMO, LO VIEJO, LO PEOR
Por Marcos Ojea
La vuelta de la comedia argentina para toda la familia. Ese es el eslogan, la punta de lanza, la plataforma sobre la cual El novio de mamá pretende despegar. La apuesta fuerte para las vacaciones de invierno, con grandes y chicos invadiendo las salas de cine y partiéndose de risa. Es probable, sí, que a los más pequeños les resulten graciosos los golpes, las caídas, el perrito, el humor más físico y directo. Más básico, en el buen sentido. Para el resto es más difícil; no necesariamente los adultos, sino todos aquellos que a) quieren ver una buena comedia y b) no son adeptos a José María Listorti, la gran estrella del show. Y cuando decimos adeptos, nos referimos a verdaderos creyentes, de esos a los que las morisquetas y las frases de Josema los hacen estallar en carcajadas. En gran medida, la película se organiza en torno a su figura, con lo que muy rápidamente encuentra su techo y arrastra a los demás hacia un destino inevitable.
Es muy común escuchar por ahí la cancelación de esta película, incluso antes de verla. Un “¿Qué? ¿Con Listorti? Ni en pedo”. Si bien las tres incursiones previas del cómico en el cine fueron bastantes difíciles de digerir (aunque tuvieran buenos directores atrás, trabajando por encargo), la presencia de nuevos talentos en El novio de mamá podía llegar a variar el resultado. No hablamos de los actores más jóvenes, de los que por respeto diremos: cómo le cuestan los chicos al cine mainstream argentino; será la forma de trabajo, el tono propuesto, la escuela Cris Morena, no sé, pero sí. A quien sí nos referimos es al Facha Espi y a Alex Pelao, nombres artísticos de Facundo Espinosa y Alejo Cruzado.
Surgidos ambos de las redes sociales, llevan a esta película parte del concepto que explotan ahí. En el caso del Facha Espi, su personaje, un guía turístico, tiene las marcas de lo que ya conocemos por sus videos: banana, medio chanta, “familiero”, a la vez que carismático y querible. Tiene un límite claro y funciona en su justa medida, casi como un espectáculo aparte. Alex Pelao, por su parte, termina enroscado en un personaje caricaturesco, lleno de muecas, sobreactuado. Un desperdicio para un artista tan talentoso, que en su paso al cine evidencia una necesidad de contención. ¿Culpa de la dirección, entonces? Puede ser. Basta con ver sus cinco minutos en la segunda temporada de División Palermo para notar la diferencia.
En un video promocional, Listorti dijo algo así como “las comedias yanquis están buenas, son divertidas, pero no somos nosotros”. Un gesto que busca la identificación del público con la historia propuesta: la de un tipo medio atolondrado que se pone de novio con una mujer viuda (Dani La Chepi, correcta) y tiene que lidiar con sus hijos adolescentes. Una catástrofe anunciada en un escenario ideal, el de unas vacaciones en un hotel sofisticado con un entorno natural. Un modelo de comedia familiar clásico, importado, al que se pretende argentinizar mediante referencias culturales, idiomáticas y generacionales. El problema es que la propuesta se agota en esa serie de signos superficiales, y no se preocupa por delinear personajes y conflictos que nos importen. La universalidad de la dinámica familiar, un terreno fértil para la comedia, se termina perdiendo entre los guiños para la tribuna y las resoluciones apresuradas. En el medio de todo, Listorti sigue haciendo lo suyo, lo mismo que hace 30 años, para que su público se ría. Un pacto del que no somos parte, y tal vez está bien así.
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