Título original: Warfare // Origen: EE.UU. / Reino Unido // Dirección: Alex Garland, Ray Mendoza // Guión: Alex Garland, Ray Mendoza // Intérpretes: Joseph Quinn, D’Pharaoh Woon-A-Tai, Cosmo Jarvis, Aaron Mackenzie, Alex Brockdorff, Finn Bennett, Evan Holtzman, Michael Gandolfini, Joe Macaulay, Laurie Duncan, Jake Lampert, Aaron Deakins, Henrique Zaga, Will Poulter, Kit Connor, Noah Centineo, Taylor John Smith, Adain Bradley, Charles Melton // Fotografía: David J. Thompson // Edición: Fin Oates // Música: Simon Astall // Duración: 95 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Prime Video
6 puntos
LO BÉLICO COMO EJERCICIO TÉCNICO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Alex Garland es de esa clase de guionistas que, cuando saltan a la dirección, quieren dejarle en claro a todo el mundo que no son solo unos simples escritores, sino que pueden ser realizadores con una huella propia. Por eso en cada imagen parece notarse que están diciendo “miren, estoy acá, soy yo detrás de cámara”. En el caso de Garland, buena parte de sus películas alterna entre lo pretencioso y lo superficial: Ex máquina, Aniquilación y Men: terror en las sombras quieren mostrarnos todo el tiempo que son muy inteligentes, cuando en verdad no lo son tanto. Especialmente la última, que es directamente irritante con sus bajadas de línea obvias y sus metáforas de trazo grueso. Guerra civil fue un paso adelante, porque la premisa provocativa quedaba en segundo plano detrás de un relato de profesionales y adictos al peligro, a pesar de que los últimos minutos se ponían bastante sentenciosos.
Se puede pensar a Tiempo de guerra (disponible en Prime Video) como un paso más allá de lo realizado en Guerra civil: un despojamiento casi total de pretensiones estéticas, genéricas y hasta ideológicas, para mostrar solo lo que pasa durante un pedazo de tiempo determinado. Pero lo que vemos no termina de ser por completo un paso adelante, porque lo que queda es una experiencia sensorial indudablemente impactante, pero también un poco vacía y efímera. Más aún si tomamos en consideración que el relato del film está construido a partir de las memorias de los combatientes involucrados, por lo que se constituye también en una herramienta de catarsis y superación de un trauma. Por algo está como codirector y coguionista Ray Mendoza, uno de los integrantes de la misión retratada, que tuvo lugar en Ramadi, Irak, y en la que todo lo que podía salir mal, salió mucho peor.
La primera escena de la película, pautada por el videoclip de la canción Call on me, es también el único momento donde podemos ver al grupo de Navy SEALs divirtiéndose y relajados, por más que desplieguen una euforia algo exagerada. Es también la única instancia donde veremos a los protagonistas por fuera de su oficio, sin portar un arma, sin estar atentos a dónde disparar o de dónde puede venir el disparo. Lo que sigue en Tiempo de guerra es esa misión fallida, narrada en tiempo real, con un primer tramo de tensa vigilancia y espera, hasta que de un minuto a otro todo descarrila, con la unidad de combatientes quedando expuesta y acorralada. Todos ellos quedarán, a partir de ahí, frente a una especie de prueba de fe: en sus propias capacidades, en las de sus compañeros, en la chance de un rescate, en un milagro que los saquen de una situación donde no parece haber salida y todas las certezas han saltado por los aires.
Al dúo Garland-Mendoza se le debe reconocer que esta circunstancia la retratan con gran precisión, con un excelente uso del sonido, el fuera de campo y el montaje, que les permite delinear un enemigo anónimo y casi invisible para todos, especialmente los espectadores, que muchas veces no ven a dónde están disparando los protagonistas. Por eso el film adquiere progresivamente connotaciones claustrofóbicas, de encierro y ahogo. Pero eso va en detrimento de los personajes, que no pasan de ser rostros y cuerpos cerca del sacrificio. No estamos pidiéndoles a Garland y Mendoza que creen de la nada conflictos personales para introducir algo de drama -es lo que hacía, por ejemplo, David Ayer en la sobrevaloradísima Corazones de hierro-, pero sí que nos expliquen aunque sea mínimamente quiénes son esos pobres muchachos interpretados por varias estrellas en ascenso.
Posiblemente, lo que Garland y Mendoza buscan decir en Tiempo de guerra es que, en un conflicto bélico, la identidad queda anulada y todos pasan a ser individuos que tratan de que no los maten. O que, frente a ciertas situaciones límite, lo único a lo que pueden aferrarse los soldados es a su capacidad de supervivencia, el compañerismo y la memoria de lo que sucedió. Pero ese ejercicio de memoria, por más virtudes técnicas que posea, necesita demasiado de un espectador complaciente, que se concentre en esa “experiencia” formal, donde el género bélico es un poco subestimado.
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