Título original: Sing Sing // Origen: EE.UU. // Dirección: Greg Kwedar // Guión: Clint Bentley, Greg Kwedar, Clarence Maclin, John Divine G Whitfield, basados en la obra de John H. Richardson y Brent Buell // Intérpretes: Colman Domingo, Clarence Maclin, Sean San Jose, Paul Raci, David Giraudy, Patrick Griffin, Mosi Eagle, James Williams, Sean Dino Johnson, Brent Buell, Michael Capra, Joanna Chan, Cecily Lyn, Johnny Simmons // Fotografía: Pat Scola // Montaje: Parker Laramie // Música: Bryce Dessner // Duración: 107 minutos // Año: 2023 //
10 puntos
REDENCIÓN
Por Esteban Simoes
“La conocen los que la perdieron.
Los que la vieron de cerca, irse muy lejos.
Y los que la volvieron a encontrar.
La conocen los presos.
La libertad”
La libertad (Andrés Calamaro, 2004)
Atención: si usted es un cínico que no cree en ningún tipo de redención para el género humano, entonces tal vez esta crítica (ni qué hablar de la película) no sea para usted. Ya lo dijo Hobbes, mucho mejor de lo que ni usted ni yo podríamos decirlo alguna vez: el hombre es el lobo del hombre (El leviatán, 1651). Y lo sabemos. Pero, tal vez, también pueda ser otra cosa. Algo diferente. Para aquellos que todavía no perdieron la fe, esta pequeña crítica.
Las vidas de Sing Sing está basada en una historia real: el programa de rehabilitación a través de las artes de la prisión de máxima seguridad Sing Sing y actuada en su mayoría por ex convictos que formaron parte del programa (exceptuando a su protagonista, el impresionante Colman Domingo, que en otro mundo debería haberse llevado muchos premios). No es, como dije en la aclaración inicial, una película para todo el mundo. Ya lo sabemos, una gran parte de nuestra sociedad considera que los delincuentes, delincuentes son, y que deberían “pudrirse” en la cárcel. ¿Quién no escuchó semejante frase alguna vez? A esa gente insensible y pequeña, sólo queda contestarle con nuestra Constitución Nacional, que dice en el artículo 18 lo siguiente: “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que la autorice”.
Pero volvamos a Las vidas de Sing Sing. Dirigida por Greg Kwedar, es apenas su segunda película como director, narra la puesta en escena de una obra de teatro original que los internos de la cárcel involucrados en el programa llevarán a cabo de acuerdo a sus posibilidades y aptitudes. Los vamos a ver audicionar para los papeles de la misma y ensayar en sus diferentes etapas, mientras seguimos a “Divine G” (el antes mencionado Colman Domingo, basado en otro ex convicto real que tiene un cameo en la película) y su lucha por conseguir la tan ansiada libertad.
La película es austera, economiza sus recursos con maestría y sorprende porque logra conmovernos sin golpes bajos, sin subrayados innecesarios y con mucha sensibilidad. La música acompaña con sabiduría (orquesta de cuerdas, en su mayoría) y el guión está muy bien planteado. Vemos a los internos en sus momentos de alegría, actuando, en sus contradicciones y en sus miedos, mientras continúa el armado y ensayo de la obra. Pero también los vemos luchar por su libertad: en audiencias y preparando sus defensas; y también lidiando con la pérdida, de sus seres queridos, de compañeros de la cárcel, de la vida que pasa mientras se está ahí, privado de la libertad.
En este sentido, el final de la película es natural, una consecuencia de la acumulación que logra construir a lo largo del metraje. Habrá muchos que la considerarán idealista o ingenua. No lo es. Que el casting sea posible gracias a ex convictos es tan sólo una prueba de esto. La rehabilitación es posible. Es difícil, es duro el camino y muchas veces no se logra (porque, sabemos, no todo es posible por la fuerza sola de la voluntad individual, hay muchísimos factores que nos condicionan), pero, así y todo, vale la pena intentarlo.
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