Título original: Babygirl // Origen: Países Bajos / EE.UU. // Dirección: Halina Reijn // Guión: Halina Reijn // Intérpretes: Nicole Kidman, Harris Dickinson, Antonio Banderas, Sophie Wilde, Esther McGregor, Vaughan Reilly, Victor Slezak, Leslie Silva, Gaite Jansen, Robert Farrior, Bartley Booz, Anoop Desai // Fotografía: Jasper Wolf // Montaje: Matthew Hannam // Música: Cristobal Tapia de Veer // Duración: 114 minutos // Año: 2024 //
6 puntos
“CINCUENTA SOMBRAS DE GREY” POR A24
Por Mex Faliero
Babygirl comienza como Los otros, film dirigido por Alejandro Amenábar y casualmente protagonizado por Nicole Kidman. En aquel film de terror un grito era la transición entre la pantalla negra y un plano de la actriz desvelándose en la cama. Aquí tenemos otra vez una pantalla negra, pero en vez de gritos tenemos jadeos para pasar a la misma actriz en la cama, pero gozando a medias con su marido. Tal vez se trate de un chiste, en la senda del sentido del humor retorcido que parece querer tener la directora Halina Reijn, pero preferimos creer que es todo casualidad. Lo que sí no es casualidad es el primer plano de Babygirl, un movimiento de cámara rebuscado que resume las intenciones de la película en su objetivo de ser un thriller sexual a lo Atracción fatal o un drama erótico a lo Cincuenta sombras de Grey, pero con la pretensión de ser algo más, como la mayoría de las producciones de A24, un film reflexivo que integre al asunto una mirada pretendidamente feminista. El problema con esa plano, que arranca encuadrando a los amantes en sentido inverso, con la cabeza para abajo, es que nos detenemos en pensar quiénes son esas personas cuyo rostros no terminamos de definir en vez de pensar en lo que se está contando: juro que tardé un montón en descubrir que era Banderas el coprotagonista. Babygirl es toda así, un puro capricho estético, como esa distorsión sonora que busca generar incomodidad, pero sólo resulta una molestia auditiva.
Pero en ese primer plano podemos ver otro de los inconvenientes de la película: la cámara realiza un movimiento forzoso de la misma forma que los brazos de Kidman se mueven antinaturalmente para ocultar sus pezones. Porque detrás de toda su paparruchada provocadora sobre el sexo, la película es -por más que le moleste reconocerlo- bastante convencional. Lo que tenemos es otro relato sobre el sexo como tabú en la burguesía, y la liberación del deseo a partir de una sexualidad como metáfora del poder y el sometimiento. Romy (Kidman) es una empresaria exitosa y dominante, que no llega al orgasmo con su marido (Antonio Banderas), pero descubre en una relación con un joven pasante (Harris Dickinson) una condición pasiva que desconocía. Hay una analogía con la forma en que el joven domina a una perra que podría ser divertida si Reijn nos terminara de demostrar que Babygirl es en verdad una joda antes que un intento de reflexión más o menos provocador sobre los roles y los géneros y el feminismo y el machismo y el patriarcado, aunque todo de una manera un poco confusa.
Antes que directora, Reijn fue actriz. Y no casualmente trabajó bajo las órdenes de su coterráneo Paul Verhoeven en El libro negro, director del que pareciera querer copiar algunas cosas. En ese sentido es bueno comparar Babygirl con Elle: abuso y seducción, otra de vínculo enroscado con el sexo y mujeres empresarias y poderosas. Pero donde la directora recurre a una serie de truquitos narrativos y estímulos formales de diversa índole, a Verhoeven le alcanza con sus ideas y con su desprecio hacia la complacencia y la buena conciencia del espectador para movilizarnos en serio. En el cine de Verhoeven la incomodidad es una procesión que pasa por dentro, mientras que en la película de Reijn es un parlante taladrándonos la cabeza para zamarrearnos y hacer como que nos está diciendo algo relevante. No es una película del todo descartable, pero está muy por debajo de sus propias pretensiones.
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