Título original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Iair Said
Guión: Iair Said
Intérpretes: Iair Said, Rita Cortese, Juliana Gattas, Antonia Zegers
Fotografía: Giovanni Cimarosti
Montaje: Flor Efrón
Vestuario: Flora Caligiuri
Duración: 73 minutos
Año: 2024
6 puntos
NIÑEZ EXTRAVIADA
Por Guillermo Colantonio
La primera y la última escena de la película cierran el arco descriptivo sobre un personaje, pero no sobre la vida. En relación al primer punto, tenemos a David (Iar Said), un joven de treinta y pico de años pataleando como un nene porque se ha peleado con su novio en medio de un viaje. Es el mismo personaje que terminará al lado de su madre (Rita Cortese) en una especie de escenario edípico. La construcción de la figura dramática es redonda, lo que nuca aparece resuelta es la vida de nadie. Así parece demostrarlo esta comedia que apuesta más a la sutileza de lo sugerido que a la estridencia. Y si bien su mecanismo se rige mayormente por la parquedad expresiva, en los espacios en blanco hay lugar para la sonrisa, esa reacción que asoma cuando el desconcierto gobierna el universo de la pantalla.
Europa no es la tierra soñada que todos refieren, principalmente si uno se lleva los problemas emocionales y los propios muertos en la mochila. David forma parte de una familia judía porteña, tiene una beca en Europa que maneja de taquito, pero debe volver a Buenos Aires, al entierro de su tío, aunque el motivo que pesa verdaderamente es el estado vegetativo de su padre. De regreso, su madre necesitará el consentimiento para tomar una decisión: dejarlo morir para no prolongar la agonía. Toda esta situación genera una incomodidad que el propio director disemina por la película a través de escenas cotidianas que rozan el absurdo y amasan la angustia en pequeños gestos y situaciones anodinas. Es una buena decisión para huir de los estereotipos dramáticos explotados en infinitos títulos. Entonces, si bien esa sensación de malestar se inscribe en los cuerpos, nunca resigna el tono ligero que lo aleje de la comedia. Con este propósito, Said configura una imagen de torpeza existencial, sea física como actitudinal, contaminada de un narcisismo nada complaciente a la hora de buscar la identificación inmediata. Sus movimientos forman parte de una histeria que lo confina a una cadena de contratiempos donde la pelea es con los objetos y con los vínculos. En otras palabras, David es un niño malcriado en frasco grande, un envase que no le teme al ridículo, pero lo padece ante la mirada del resto. Fundamentalmente cuando está preso de sus impulsos. Son como llamados de atención para tapar el verdadero dolor guardado en algún lugar del cuerpo y que no puede expresarse con palabras.
En esa tonalidad tenue que apuesta a la sugerencia, Los domingos mueren más personas parece un exponente genérico osado, silenciosamente divertido y honesto en lo que propone. Sin pretensiones cinematográficas importantes, se carga un cuadro familiar, religioso y cultural para interrogarlo desde adentro y, al mismo tiempo, incorpora una problemática individual para ver de qué modo se inscriben cuerpo e identidad en la escena familiar.
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