Título original: Todos los nombres de Dios
Origen: España
Dirección: Daniel Calparsoro
Guión: Gemma Ventura
Intérpretes: Luis Tosar, Inma Cuesta, Nourdin Batan, Roberto Enríquez, Patricia Vico, Lucas Nabor, Fernando Cayo, Antonio Buíl, Fátima-Zohra Mohamed, Intissar El Meskine, Joan Solé, Anna Alarcón, Bernabé Melendrez
Fotografía: Tommie Ferreras
Montaje: Antonio Frutos
Música: Carlos Jean
Duración: 105 minutos
Año: 2023
6 puntos
SPANISH PATRIOTISM
Por Franco Denápole
Ocurre a veces, cuando uno se encuentra viendo una película, que se pone a imaginar las posibles direcciones en las que podría ir el guión o, en todo caso, en las que podría haber ido. Sucede, por ejemplo, cuando una historia propone en sus comienzos una fórmula narrativa conocida: un hombre pasando por una crisis personal de repente se encuentra frente a una crisis colectiva. En este punto, la historia podría seguir la senda de Duro de matar y hacer de esa crisis una oportunidad para que el protagonista se redima y devenga héroe. En el caso de Atentado en Madrid se nos propone un escenario inicial de este estilo: Santiago se encuentra atravesando un momento emocionalmente difícil y se enfrenta súbitamente a una crisis a raíz de un atentado terrorista en un aeropuerto. Llegado este momento, el amante de la saga creada por John McTiernan puede fantasear con un John Maclane español persiguiendo malos por el centro de Madrid pero la película de Daniel Calparsoro escapa a esta posibilidad en búsqueda de un tono más serio y dramático.
Sin embargo, Atentado en Madrid no se priva de imitar al cine norteamericano, y de hecho lo hace en cuestiones profundas asociadas a lo ideológico. La película no trata de la redención emocional de Santiago si no es en función de otra trama mayor, que es la de la unión colectiva en post de la defensa de lo propio. Un relato al que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano: el de los otros-villanos que atentan contra el orden, la paz y la moralidad de lo propio. La figura del terrorista es uno de los grandes exponentes en este sentido, y si bien Atentado en Madrid se ocupa de tratar al otro (en este caso una familia musulmana) desde una mirada más bondadosa y hasta cierto punto comprensiva, no deja de utilizarlo como vehículo para desplegar un discurso acerca de la fortaleza de las fuerzas armadas españolas y la preservación de una serie de valores asociadas, diríamos en Argentina, a la patria, familia y hogar.
Así que lo que se encuentra el espectador de Atentado en Madrid no es Duro de matar con su profundización del conflicto individual y su mirada irónica acerca de las instituciones, sino una suerte de Las Torres Gemelas, o una Ataque a la Casa Blanca con varios niveles menos de testosterona y sadismo para con el enemigo. Una versión del relato del terrorista que apunta sobre todo a la seriedad y al drama, lo cual la lleva por momentos a caer en hipérboles algo envejecidas y artificiales, pero que también sabe construir algunas secuencias de tensión que la vuelven entretenida.
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