Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers.
El Pingüino mostró sus dos caras en el quinto capítulo. Por un lado, Oz (Colin Farrell) pasó del éxtasis a la agonía al comprobar que su plan maestro no había salido como lo había planeado, y que las consecuencias caerían sobre él y sus afectos. En tanto, el episodio osciló entre el virtuosismo narrativo de la acción y las intrigas palaciegas y el drama familiar del protagonista, que parece sólo necesario para profundizar en su escasa humanidad. Dirigido por Helen Shaver y escrito por Breannah Gibson y Shaye Ogbonna, Homecoming vuelve al escape de Oz y Victor (Rhenzy Feliz) tras la emboscada de los Maroni. Al romper sus puentes con las dos grandes familias de Gótica, pasa a la ofensiva secuestrando a Taj Maroni (Aria Shahghasemi). Luego, enfrenta a Salvatore (Clancy Brown) y Nadia Maroni (Shohreh Aghdashloo) en prisión, donde les ofrece un trueque: Taj por el cargamento de hongos que le habían robado. Tras acordar los términos, Oz soborna a un guardia para que asesine a Sal a la misma hora del intercambio. Esa noche lo emboscan en un depósito, pero El Pingüino sale ileso e incinera a Nadia y Taj mientras escapa en la camioneta llena de hongos. A su vez, la policía investiga las muertes en la mansión Falcone pero la coartada de Sofía (Cristin Milioti) es tan sólida que no pueden acusarla. Por eso la investigación deriva hacia el desaparecido Johnny Vitti (Michael Kelly), quien está atado en las catacumbas. A punto de morir de hipotermia, Vitti convence a Sofía de perdonarle la vida a cambio de su lealtad. En un cónclave con los lugartenientes, incluido el psiquiatra Julian Rush (Theo Rossi), Sofía asume como la nueva jefa, ofrece mejores tratos a sus aliados y anuncia que la familia Falcone será Gigante (apellido de su madre). Acto seguido, ejecuta de un balazo en la cabeza a Vitti. A ritmo demoledor, Homecoming planteó un escenario de conflicto a puro vértigo, pero una serie de revelaciones provocarán que durante el resto del capítulo prime un aire de introspección, desesperación e incertidumbre. Justamente, la mañana triunfal de Oz se interrumpe cuando recibe una inesperada llamada de Sal, quien había sobrevivido al atentado. Aunque admite su rol en la muerte de Nadia y Taj, tras cortar la llamada inicia el repliegue ya que sabe que las dos grandes familias irán por su cabeza. A la preocupación por su madre Francis (Deirdre O’Connell) y por su amante/aliada Eve Karlo (Carmen Ejogo) se suman los pases de factura de ambas mujeres, quienes innecesariamente se encuentran en peligro por la ambición desmedida de Oz. Asumiendo su culpa y aturdido por haber perdido la iniciativa, Oz halla en los recuerdos de su infancia, entre la oscuridad y frío de la noche, una solución a la pérdida de casi todos los hongos: unas vías subterráneas abandonadas en una zona destruida por la inundación son el lugar perfecto para revivir los cultivos. Sin embargo, no sabe que Sofía Gigante y Sal Maroni han acabado la guerra para repartirse el control de Gótica y destruir a El Pingüino. A diferencia de Cent’Anni, que mantuvo la tensión narrativa de principio a fin a fuerza de su hipnótica protagonista (¡queremos tanto a Cristin Milioti!), Homecoming quemó las naves poco después de la mitad del capítulo. En ese orden, el problema no fue que el relato apelara a la introspección y ahondara en las culpas del protagonista bajando notablemente el ritmo de la narración, sino que todavía resulta poco interesante el costado humano de Oz. Sólo en algún pasaje del primer episodio se ha mostrado a su madre como una de las claves de su ascenso, ya que durante el resto ha resultado algo más parecido a una carga por su edad, por sus problemas de salud, por los riesgos cada vez más grandes que corre su hijo. A su vez, el espectador no espera nada bueno de El Pingüino y no resultaría raro que el resto de sus vínculos, incluidos Victor y Eve, eventualmente sean descartables para lograr su objetivo de ser el capo mafia de Ciudad Gótica. A la espera del ataque de Gigantes y Maroni, Oz deberá apelar a su mejor estrategia para sobrevivir otro día: improvisar sobre la marcha arriesgando los pocos recursos que le quedan, es decir hongos y el respaldo de los más marginales de Gótica.
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