Por Patricio Beltrami
El furor por las boy bands se extendió cerca de quince años, aproximadamente entre comienzos de la década de 1990 y mediados de la década de 2000. Aunque su legado artístico es escaso, muchas de las heridas causadas por este fenómeno todavía no sanan, y nunca lo harán. En primera instancia, Dirty Pop: La estafa detrás de las boy bands hace hincapié en la explotación laboral y económica de Backstreet Boys y NSYNC, pero esta decisión es una excusa para contar la historia del productor Lou Pearlman. Miniserie documental de tres capítulos dirigida por David Terry Fine, se narra el ascenso y la caída de un empresario que jugó más allá de las reglas del capitalismo salvaje. En ese sentido, la presencia de Backstreet Boys y NSYNC, entre varias boy bands y reconocidos solitas que aparecen en el metraje, son sólo una parte de la estafa montada por Pearlman. Nacido en el seno de una familia judía de bajos recursos, el documental muestra a su protagonista como un ejemplo de self made man. Pese a sus orígenes, a comienzos de los ochenta poseía una flota de dirigibles para promocionar las marcas más importantes del país y del mundo, como McDonald’s. Sin embargo, su fortuna se consolidó tras cobrar los seguros por una sospechosa serie de problemas con su flota aérea. En busca de un nuevo nicho de negocios para incrementar su fortuna, a inicios de la década de 1990 Pearlman descubre un campo donde podría obtener ganancias exorbitantes a cambio de una pequeña inversión: crear una boy band. Desde sus primeros minutos, Dirty Pop: La estafa detrás de las boy bands se estructura a partir de las capas que constituían el fraude elaborado por Lou Pearlman. Por ese motivo, en principio se presenta al empresario y la construcción de su primer gran éxito: Backstreet Boys. Si en el comienzo se exhibe al productor como una figura paternalista, compañera y protectora de los jóvenes, rápidamente queda en evidencia cómo Pearlman ante todo era un hombre de negocios preocupado por la rentabilidad de su inversión. Concretamente, esto motiva que Backstreet Boys y NSYNC vivieran largos meses en Alemania o que, incluso, se aprovecharan los encuentros sociales para que canten para amigos de Lou. Lógicamente, el vínculo se detona cuando los músicos descubren que el éxito comercial y popular de las bandas no se traducía en los ingresos. Antes de finalizar el primer episodio de Dirty Pop: La estafa detrás de las boy bands queda claro que los artistas eran los principales eslabones de un modelo de negocios que cada vez sumaba más inversores pero que, al mismo tiempo, empezaba a dejar víctimas y perjuicios entre sus participantes. Tras la ruptura con las gallinas de los huevos oro, se muestra que Pearlman intenta reproducir el éxito de las boy bands hasta literalmente agotar el género. En ese orden, la necesidad de sostener su fraude lo lleva a expandirse hacia la producción de reality shows o la adquisición de inmuebles, marcas de gastronomía o aerolíneas. Más allá de que la historia del protagonista es extraordinaria y bordea lo increíble, de Dirty Pop: La estafa detrás de las boy bands presenta el formato de los documentales estándar producidos por Netflix. Incluso, hay una decisión bastante cuestionable: ante la imposibilidad de contar con declaraciones inéditas, se recrea a Pearlman a través de inteligencia artificial para que, sentado en su vieja oficina, esboce algunos fragmentos de su libro sobre negocios. No sólo estos segmentos se ven feos y se escuchan raros, sino que resultan insustanciales y redundantes con el recorrido narrativo. Igualmente, el fuerte del documental se encuentra en el testimonio de viejos compañeros de ruta. Más allá de las terribles consecuencias de la estafa, varios de ellos no pueden condenar a Lou por su amistad, porque los enriqueció, porque los creó, porque les dio una vida que de otra manera nunca hubieran alcanzado. Sin embargo, la poca empatía que generan este tipo de personajes se diluye ante el desinterés por las víctimas y la tragedia provocada por su fraude.
NdR: Los tres episodios de Dirty Pop: La estafa detrás de las boy bands están disponibles en Netflix.
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