Título original: Immaculate
Origen: EE.UU. / Italia
Dirección: Michael Mohan
Guión: Andrew Lobel
Intérpretes: Sydney Sweeney, Álvaro Morte, Simona Tabasco, Benedetta Porcaroli, Giorgio Colangeli, Dora Romano, Giulia Heathfield Di Renzi, Giampiero Judica, Betty Pedrazzi, Giuseppe Lo Piccolo
Fotografía: Elisha Christian
Montaje: Christian Masini
Música: Will Bates
Duración: 89 minutos
Año: 2024
5 puntos
MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Hay que reconocerle a Sydney Sweeney su compromiso con Inmaculada: la actriz, con solo 17 años, había audicionado para este film en el 2014, aunque el proyecto no terminó materializándose en ese momento. Unos cuantos años después, la actriz tomó además el rol de productora, le compró el guión al escritor original, lo revisó, contrató un director (Michael Mohan, con quien ya había trabajado en Los voyeristas y en la serie Everything sucks!), consiguió financiamiento y eventualmente le vendió el film al estudio Neon. Indudablemente, había una historia que la había cautivado, pero lo que terminamos viendo, por más que pretende y busca ser original, no deja de ser una sumatoria de lugares comunes.
El relato sigue a Cecilia (Sweeney), una joven monja estadounidense que arriba a un remoto convento en la campiña italiana, invitada por un amable cura -al menos en principio- interpretado por Álvaro Morte. Allí se propone servir como cuidadora de monjas que están en sus últimos días de vida, en un régimen ciertamente estricto, pero para el que a priori luce preparada. Pronto, obviamente, empezarán a ocurrir cosas raras e inquietantes, aunque lo más turbador tendrá a Cecilia como protagonista directa. O, más bien, será su cuerpo el que se convertirá en el foco de todas las miradas, a partir de un evento que no tiene explicaciones lógicas y que, mientras toda la gente del convento lo verá como algo milagroso, ella lo percibirá como siniestro.
En esa diferencia abismal entre la perspectiva de ella y la de su entorno es donde Inmaculada posiblemente encuentra sus aportes más interesantes. Más que nada porque la corporalidad de Cecilia es percibida por lo demás como un objeto -sagrado, pero objeto al fin-, mientras que para ella va escapando de su propio control, lo que se exacerba por nuevas situaciones desestabilizadoras. Eso hace que el film, que procura dialogar con referentes potentes como el cine de Dario Argento -especialmente la parte más religiosa de su filmografía-, El bebé de Rosemary e incluso La profecía, tenga una primera mitad donde la inquietud sea el factor más dominante y la discursividad católica sea puesta (tímidamente) en crisis. Sin embargo, ya en esos minutos iniciales, sin duda los más logrados, ya se notan algunos pasajes algo subrayados, que plantean el interrogante sobre cómo la película va a resolver sus conflictos.
Y lo cierto es que la segunda mitad de Inmaculada -especialmente sus minutos finales- es bastante floja, porque el film no puede evitar caer en explicaciones redundantes, además de unas cuantas secuencias donde lo sanguinario es más búsqueda de efecto que una forma de indagar en la violencia a la que es sometida -y en ocasiones ejerce- la protagonista. Es como si tanto la narración como la puesta en escena se quedaran sin respuestas, por lo que solo buscan nuevas formas de shockear al espectador, pero sin un verdadero sentido más allá del shock mismo. Lo más representativo de todo esto es la última secuencia que, por más que deje lo más terrible fuera de campo, igualmente carece de sutileza y hasta pertinencia. Por más que unos cuantos quieran poner por los aires a Inmaculada -y junto con ella, a Sweeney, casi como si fuera una nueva gran final girl-, la verdad es que lo que se ve en pantalla es más ruido efectista que otra cosa.
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