No estás en la home
Funcinema

En tierra de santos y pecadores

Título original: In the land of saints & sinners
Origen: Irlanda
Dirección: Robert Lorenz
Guión: Mark Michael McNally, Terry Loane
Intérpretes: Liam Neeson, Kerry Condon, Desmond Eastwood, Conor MacNeill, Ciarán Hinds, Niamh Cusack, Jack Gleeson, Colm Meaney, Sarah Greene, Valentine Olukoga
Fotografía: Tom Stern
Montaje: Jeremiah O´Driscoll
Música: Diego Baldenweg
Duración: 106 minutos
Año: 2023
Plataforma: Prime Video


7 puntos


CRIMEN, CASTIGO Y REDENCIÓN

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Hace ya unos años que Liam Neeson alterna entre productos discretos (Contrarreloj y Agente secreto son ejemplos recientes) y films donde su figura adquiere un matiz crepuscular. Uno de sus aliados para la segunda vertiente es Robert Lorenz, al que se le nota, y mucho, que es un fiel discípulo de Clint Eastwood. Ya habían hecho juntos la muy interesante El protector y ahora nos traen En tierra de santos y pecadores, que es casi una película definitiva para ambos.

Decimos definitiva porque hay aquí una consolidación de un estilo para Lorenz, que venía insinuando en sus films previos y que aquí termina de pulir; mientras que el héroe crepuscular de Neeson encuentra aquí lo que podría ser una forma de despedida. El relato está situado en 1974, en Irlanda del Norte, en plena escalada de las acciones del IRA. En un pequeño pueblo, alejado de (casi) todo, reside Finbar Murphy (Neeson), un viudo con un pequeño negocio y una vida aparentemente tranquila, que en verdad trabaja como asesino a sueldo para Robert McQue (Colm Meaney), un mafioso de la zona. Justo cuando ha decidido retirarse, la llegada de una célula del IRA, huyendo tras perpetrar un atentado con derivaciones trágicas en Belfast, alterará sus planes. Pronto, tras una serie de decisiones más éticas que prácticas, terminará enfrentado con esta célula y en particular con su líder, una mujer llamada Doireann (Kerry Condon), que demuestra ser implacable.

Por más que el arranque de En tierra de santos y pecadores es, literalmente, explosivo, Lorenz se toma luego su tiempo para darle rienda suelta a los conflictos. En cambio, retrata con paciencia y parsimonia la existencia de Finbar, su vínculo amistoso con Vincent (Ciarán Hinds), el comisario del pueblo; la relación que amaga con ser romántica con su vecina Rita (Niamh Cusack); y sus rudas, pero respetuosas interacciones con McQue. Hay un aire comunitario permanente en la película, propia del imaginario rural irlandés -y a la vez conectado con algunos elementos del western-, que recuerda a ese clásico llamado El hombre quieto, del gran John Ford. Ese orden es interrumpido por el arribo de esa fuerza externa que son los miembros del IRA, en un gesto político potente y a la vez sutil. Sin remarcaciones, sin sacar grandes conclusiones socio-históricas, el film expone un choque de moralidades entre un tipo de violencia urbana, ideologizada y con ambiciones nacionales, y otra rural, solo motivada por negocios y afincada en una territorialidad específica.

Todo lo anterior, En tierra de santos y pecadores lo dice sin grandes discursos y a través de los actos de sus principales personajes. Por un lado, Finbar, defendiendo a su comunidad, aunque sus acciones lo obligan a revelarse y eventualmente a tener que abandonar ese entorno que lo cobijaba. Por otro, Doireann, que justifica su brutalidad a partir de sentirse del lado correcto de la Historia, de entender que su posición política y sus objetivos la ponen por encima de un conjunto de gente a que ve como ignorante e injusta. En el medio, Kevin (Jack Gleeson), otro asesino al servicio de McQue y al que le resulta fácil -y hasta divertido- matar, que se convertirá en un forzado aliado, pero también discípulo de Finbar. En esa triangulación es donde Lorenz también dialoga un poco con aquella obra maestra de Eastwood, aunque sin llegar a los mismos niveles de oscuridad.

En cambio, la resolución de En tierra de santos y pecadores interpela de manera explícita a Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski, el libro que Finbar lee y le comenta brevemente a Vincent. Pero introduce un factor adicional, que es el de la redención. Una redención que viene de la mano con el acto de hacerse cargo de la propia identidad, de los actos pasados y sus consecuencias en el presente. El plano aéreo final, melancólico y a la vez esperanzador, es, en ese sentido, toda una declaración de principios para la que es la mejor película de Lorenz hasta la fecha.


Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:
Invitame un café en cafecito.app

Comentarios

comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *