Título original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Facundo Escudero Salinas
Guión: Facundo Escudero Salinas
Intérpretes: Jazmín Stuart, César Bordón, Beatriz Spelzini, Juana Bosco, Paula Tabachnik, Gustavo Pardi, Marcos Woinsky, Diego Quiroz, Daniel Krohn, Verónica Schneck, Daniela Catz, Amancay Espíndola, Julieta Rapalini, María Milessi, Ignacio Ciatti
Fotografía: Fernando Lorenzale
Montaje: Damián Tetelbaum
Música: Pablo Benjamín
Duración: 103 minutos
Año: 2023
7 puntos
UN ECO POLICIAL CON COSTUMBRES LOCALES
Por Emiliano Attadia
Los policiales son una representación (casi) fiel de los tiempos donde aparecen estas obras. Raymond Chandler plasmó el crimen en un clima de posguerra no sólo en la literatura, sino también como guionista de Pacto de sangre (1944), de Billy Wilder, y en Pacto siniestro (1951), de Alfred Hitchcock. Alan J. Pakula mezcló asesinatos y crímenes con el periodismo de investigación más personalista en Asesinos S.A. (1974) y en Todos los hombres del presidente (1976). El silencio de los inocentes (1991), de Jonathan Demme, retrata de forma notable la idea de asesinos seriales y su psiquis.
Claro está que hay películas a contramano, como Pecados Capitales, o series, como Mindhunter (ambas con David Fincher como gran responsable) para darle un aire fresco a este género. La lista puede ser interminable, aunque no podemos dejar de lado a la saga interpretada por Clint Eastwood como Harry «El Sucio» Callahan. La Argentina no está exenta: el consumo local se renovó con la oscarizada El secreto de sus ojos y llega hasta la reciente Misántropo, de Damián Szifron, con base en Estados Unidos.
En toda esa tradición filmográfica aparece Fragmentada, la ópera prima del marplatense Facundo Escudero Salinas. De alguna manera, pre y post presentación del largometraje, se la catalogó como un “policial femenino”, un término muy simplista para una obra que abarca, además, otras cuestiones coyunturales, como la ecología o la crianza materna, entre otras.
El film se centra en Irina (una sólida Jazmín Stuart), que es todo y nada a la vez. Es una policía que tiene que tomarse un descanso por ciertos abusos laborales no del todo claro; es madre de una adolescente que la suspendieron del colegio porque llevó un arma de juguete al colegio (que luego se revela que sufría de acoso escolar); y es hija, y debe volver a su pueblo/ciudad natal cercano a Bariloche para cuidarse de su madre enferma. Para sumarle más ejes que hace a la línea narrativa principal del film, debe resolver el caso de asesinato de una joven del lugar, que tiene un vínculo muy cercano con la protagonista. En medio de todos esos conflictos de la protagonista, aparece su padrino (César Bordón), que oficia como jefe de policía y tiene a su cargo el crimen comentado.
Con una bella fotografía donde abundan los colores claros y vívidos, más que la densa oscuridad característica de los policiales, la película se sostiene muy bien a lo largo de casi una hora y media. Un pasado trágico, que hizo a Irina alejarse de su madre y del lugar donde nació, converge con el presente y va a terminar incidiendo en el tercer acto, para la resolución del caso. Porque si bien hay cuestiones no del todo logradas (sobre todo la obviedad de los distintos plot twist), hay una excelente combinación entre relato y narrativa visual en las dinámicas de las relaciones entre abuela-madre-hija.
Otro aspecto que resulta interesante de Fragmentada es la decisión de no mostrar, o hacerlo de forma muy sutil, los cadáveres, con una lógica de que lo corpóreo ya no existe, pero el espíritu, el símbolo, o su presencia están (en la historia en sí o en el recuerdo de los personajes). Los golpes bajos y la crudeza están más asociada a la violencia estructural machista y al poder empresarial casi absoluto y corrosivo, exponiendo el (actual y real) conflicto entre petroleras y pueblos originarios, donde el Estado, en sus distintos niveles, es muchas veces un actor pasivo a la hora de dar soluciones que no dañen el medioambiente.
Es en esta representación de “hombre dañino” (como persona física o como ente público/privado) donde surgen los espacios para que el film avance, a veces de forma orgánica, otras por la lógica de resolución del caso criminal presentado. Asimismo, la idea de sororidad tiene un gran peso emocional y narrativo. Más allá de la valentía del personaje de Stuart, que decide tomar como suyo un trabajo policial fuera de su jurisdicción, el apoyo circunstancial de las mujeres ayuda a que avance la trama principal.
En épocas donde abundan las múltiples secuelas y se evidencia el poco riesgo de realizar obras más ligadas a un gusto personal del realizador para regresar a un género que ha demostrado ser exitoso (y que de hecho es explotado en series como Mare of Easttown o True Detective, pero poco en el cine actual), lo de Fragmentada es algo digno de celebración. Más aún por cómo logra enhebrar un estilo personal, que la distingue de otras creaciones.
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