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Recapitulación de She-Hulk: The retreat

Por Patricio Beltrami

(@Pato_Beltrami)

NdR: Este artículo contiene spoilers.

En el séptimo episodio, She-Hulk: Defensora de héroes se transformó decididamente en la serie de su protagonista. Aunque hubo invitado de la semana, sumado a un show de freaks, la trama giró alrededor de Jennifer Walters (Tatiana Maslany), quien en el lugar menos pensado halla la solución para la crisis de identidad que atraviesa desde su conversión en She-Hulk. A su vez, se profundizó en el conflicto de la temporada, revelado a través de una traición esperada para la audiencia y dolorosa para la heroína. Dirigido por Anu Valia y escrito por Zeb Wells, The retreat oscila entre diferentes géneros a lo largo del envío. Al principio predomina la comedia romántica: entre planos secuencia y montajes de los días de espera y noches de citas, se relata el inicio de la historia de amor entre Jen y Josh (Trevor Salter). Tras una noche de pasión, Josh deja de responder los mensajes de la abogada, quien en pocas horas empieza a desesperarse, ahogando la tensión en comida y los Muppets. Pero, los dos días de espera acaban cuando la abogada el oficial responsable de la custodia de Emil Blonsky / Abomination (Tim Roth) pide el apoyo de She-Hulk porque la tobillera electrónica funciona mal. En el rancho hallan a Blonsky relajado, cuyo dispositivo se había roto luego de haber rescatado a su gallina favorita del cerco eléctrico. Mientras el oficial huye aterrado, el día de Jen se complica aún más ante el desfile de freaks en rehabilitación. Otra vez en formato sitcom, El Águila (Joseph Castillo-Midyett) y Man-Bull (Nathan Hurd) destruyen el auto de Jen, quien queda varada sabiendo que la grúa tardará horas en asistirla. Ante ello, Jen recorre todo el rancho en busca de señal para saber si tenía mensajes de Josh, pero termina en el único espacio donde no quería ir: el grupo de autoayuda de Blonsky, donde conoce a Saracen (Terrence Clowe), un vampiro obsesionado con chuparle la sangre, y Porcupine (Jordan Aaron Ford), un tipo escondido en un traje de puercoespín. Mientras Man-Bull y El Águila discutían sobre su codependencia, ve que el líder de la banda que había intentado asaltarla capítulos atrás entra al salón. Apelando a la autoconsciencia, Jen introduce un flashback a manera de recapitulación previa para aclarar qué era Wrecker (Nick Gomez), a quien nadie había reconocido. Supuestamente arrepentido, Wrecker no solo se disculpa con She-Hulk, sino que también se une al grupo para oírla y contenerla mientras expone sus penas. Por ello, el personaje pone en palabras todo aquello que ya había expresado en los anteriores episodios: la crisis que le provoca el interés excesivo a nivel profesional y social sobre She-Hulk frente al menosprecio hacia Jen como mujer y abogada, más allá de sus virtudes. Ante ello, los presentes la convencen de borrar el teléfono de Josh, a quien consideran indigno por haberla ghosteado. Luego de haberse sincerado y haber pasado un rato en un sauna purificador y poco higiénico, Jen deja el rancho con la frente en alto y la conciencia tranquila. No obstante, el final feliz se convierte en siniestro y turbio cuando se revela el motivo de la ausencia de Josh: luego de haberse acostado con Jen, dejó su casa en la oscuridad tras haberle robado sangre y sacado una foto dormida semidesnuda como muestra de su misión cumplida. La falta de brillo es una constante, aunque vale destacar que The retreat funciona en varios aspectos. Por una parte, integra eficazmente la comedia romántica, la sitcom y un cierre más característico del thriller, bastante turbio para el estándar del MCU. Asimismo, el grupo de freaks en rehabilitación liderado por un Blonsky zen generó muy buenos pasajes de humor, oscilando entre el absurdo, la incomodidad y lo escatológico. Y ya no hay dudas de que She-Hulk es la protagonista absoluta de la historia, a partir del crecimiento narrativo que sostuvo en los últimos dos episodios, aunque su discurso de crisis resultó redundante ante lo expresado previamente. Desde el guiño al casco de Daredevil, She-Hulk ha abandonado la dependencia de los invitados y, en consecuencia, formulado un relato que, con altibajos, tiene vuelo propio. Ojalá que el progreso se ratifique en el cierre, aunque los antecedentes recientes no sean esperanzadores.


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