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Nicolás Batlle, el presidente que no es

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Hay que reconocerle el esfuerzo a Nicolás Batlle: hace todo lo posible por parecer que está en todos lados y haciendo de todo. Ahí está, por ejemplo, sacándose fotos firmando un convenio con Silvina Batakis, del Banco Nación, para que la entidad bancaria sea sponsor del Festival de Mar del Plata por tercer año consecutivo. Da para preguntarse si era indispensable armar un acto solo para esa firma, si era necesario que también estuviera presente el Ministro de Cultura Tristán Bauer -que parece que no tenía otras cosas más importantes que hacer más que estar en un evento donde fue solo a sacarse fotos-, si todo no podía hacerse simplemente con firmas digitales y un escueto anuncio de un convenio que ya no es precisamente una novedad. Pero bueno, ahí está Batlle, sonriente, mientras pretende que hace algo nuevo que en verdad no lo es. También lo podemos ver firmando un convenio con las Abuelas de Plaza Mayo y sacándose fotos con Estela de Carlotto, porque parece que en ese caso tampoco bastaba con un breve evento virtual, firmas digitales y una gacetilla comunicando la acción. No, ahí está Batlle, siempre poniendo la cara. Y por eso se va hasta Corrientes, al festival Oberá Cortos, para firmar otro convenio (otro más) y participar de un panel sobre política y legislación, donde vuelve a alertar sobre la situación del campo cultural en relación a la ley de prórroga de asignaciones específicas, que ya tiene media sanción en Diputados y debería aprobarse en el Senado de la Nación. Es raro ver sus comentarios, donde pareciera posicionarse como un observador neutral del panorama, pero Batlle no se pone colorado y le da para adelante. Esos son apenas tres ejemplos de un patrón que se repite desde abril, cuando Batlle quedó a cargo del INCAA tras la salida de Luis Puenzo: la de un funcionario poniendo toda la garra para pretender ser algo que no es, remando en dulce de leche para lograr algo, que dadas las circunstancias que lo rodean, es casi imposible. Es que, cuando tomamos una mínima distancia, vemos a alguien queriendo convencernos -y quizás convencerse- de que es el presidente del Instituto, cuando en verdad no lo es. Es, apenas, tal como lo dice cada gacetilla que publica el organismo, el vicepresidente en ejercicio de la presidencia. Dos cargos tiene Batlle y, a la vez, ninguno: no es solo un vicepresidente, porque al fin y el cabo ejerce también la presidencia, pero tampoco es presidente, porque no deja de ser vicepresidente. Quizás debería cobrar dos sueldos, porque en la práctica cumple dos funciones, pero encontraron la manera de que solo cobre una remuneración. ¿Lo nombrarán alguna vez de forma definitiva como presidente? ¿O pondrán a alguien más en lugar de Puenzo, haciéndolo retornar a su situación original de (solo) vicepresidente? Difícil saberlo. Batlle está en este limbo de designaciones hace ya seis meses, no parece que su situación vaya a cambiar y hasta da un poco de lástima tan ingratitud para con sus esfuerzos por figurar. Esa especie de vacío existencial en el que está inserto se traslada a su (falta de) gestión: una sucesión de acuerdos aislados entre sí, que nunca hacen sistema, mientras la carencia de políticas es la norma y se comentan cuestiones coyunturales graves -como la mencionada ley de prórroga de asignaciones específicas- como si fueran ajenas. Lo del supuestamente activo Batlle es muy parecido a la apatía y la atmósfera de fracaso de los tiempos de Puenzo presidente, pero con mejores modales. Lo favorece, eso sí, estar frente a un sector audiovisual demasiado preocupado por conservar el financiamiento y ya sin energías para confrontar por otras cuestiones relevantes. Como su hermano Diego -que finge ser crítico, aunque no tiene los conocimientos para la escritura-, el pobre Batlle procura ser algo que no es. Querer, quiere, pero no lo dejan o no puede ser presidente. Y ahí está, ejerciendo una presidencia que no le correspondía mientras conserva un puesto que ha quedado degradado. Con semejante crisis de identidad, mejor volver a la adolescencia.


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