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Manifiesto – 3 temporadas

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Si en su momento Lost fue un éxito rotundo y marcó una época, series similares que intentaron replicar su suceso desde estructuras narrativas retorcidas y hasta distópicas -como Alcatraz, Jericho o Revolution– estuvieron bastante lejos de ese objetivo. Quizás la que haya estado más cerca de convertirse en una especie de heredera sea Manifiesto, aunque en una escala bastante menor, casi de nicho. De hecho, tras su tercera temporada, fue cancelada por la cadena NBC, aunque encontró nueva vida en Netflix, que adquirió los derechos y produjo una cuarta y última entrega, que llegará en noviembre de este año, dividida en dos partes. Creada por Jeff Rake y coproducida por Robert Zemeckis, tiene ese tipo de premisas tan misteriosas como arbitrarias, y la vez atractivas: un vuelo comercial de Jamaica a Estados Unidos, tras unos segundos de extraña turbulencia, aterriza en su destino con aparente normalidad, pero, al descender, los pasajeros descubren que no han pasado horas, sino cinco años en los que todo el mundo los creyó muertos. Pero, además, todos ellos se irán dando cuenta que han bajado de ese avión con la capacidad de tener enigmáticas visiones (a las que los protagonistas denominarán “llamados”) a las que deberán aprender a interpretar sobre la marcha. El relato se centra en un puñado de esos pasajeros: Ben Stone (Josh Dallas) un matemático obsesionado por proteger a todos los que lo rodean; su hermana Michaela (Melissa Roxburgh), una detective que deberá readaptarse a su trabajo; y su hijo menor Cal (Jack Messina), además de Saanvi Bahl (Parveen Kaur), una científica sumamente inteligente. Todos ellos, con la ayuda de familiares y amigos, se verán lanzados a una carrera frenética para averiguar qué hay detrás del suceso del avión, sus causas y potenciales consecuencias, mientras surgirán otras fuerzas (gubernamentales y civiles) con sus propios intereses oscuros que los tendrán en la mira. Manifiesto se permite transitar casi todos los géneros posibles: drama familiar y romántico -con algunos tintes trágicos-, thriller y el policial, incluso algo de terror y hasta unos toques de comedia, siempre con el telón de fondo de la ciencia ficción. Y eso, a su vez, la impulsa a adentrarse en tópicos de todo tipo: la amistad, los lazos familiares, los vínculos amorosos, las elecciones sexuales, la religión, la espiritualidad, los discursos de odio, los límites éticos de la experimentación científica y las implicancias del poder político, entre otros. Por momentos todo es una gran ensalada temática, que a su vez convive con una estructura narrativa que tiende a ser un poco repetitiva, con los “llamados” que impulsan las acciones de los protagonistas y los llevan a resolver tramas que muchas veces se agotan en un mismo capítulo. Pero la historia central que delineó Rake tiene la sabiduría suficiente para no olvidarse de que lo que debe mantener la atención de los espectadores es el diseño de los personajes, sus motivaciones, decisiones y ambigüedades. Es precisamente ese foco el que sostiene a la serie, además de algunas vueltas de tuerca bastante imaginativas que permiten pasar por alto unas cuantas arbitrariedades de las tramas y subtramas. Lejos de los riesgos creativos y el imaginario potente de Lost, pero coherente en su armado y consciente de sus limitaciones, Manifiesto tiene la solidez suficiente para convertirse en una experiencia adictiva y disfrutable. Falta poco para la cuarta y última temporada, que se espera con ansias.

-Las tres temporadas de Manifiesto están disponibles en Netflix. En noviembre se estrena la cuarta.


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