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El juego del calamar – Temporada 1

Por Cristian Ariel Mangini

(@Masterzio84)

Sin lugar a dudas, las producciones audiovisuales surcoreanas están pasando por un momento de zozobra, en particular en cuanto a luminarias y premios. Hay entre las series seguro ofertas más interesantes y peores o más genéricas, pero no se puede negar el impacto que generó El juego del calamar. Desde sus escenarios impactantes, su propuesta intrigante y una mitología anclada en la sociedad coreana, pero con suficientes guiños para encontrar puntos en común con otros mercados (como toda producción de Netflix); desde su misterioso título hay motivos para dejarse llevar por la curiosidad y explorar porque se habla tanto de ella. En este sentido hay que elogiar esa superficie atrapante que construye Hwang Dong-Hyuk (reciente ganador del Emmy): un enorme salón de juegos amenazante con una iconografía que nos remonta a otras épocas y escenarios coloridos que contrastan con la oscuridad de la trama, generando extrañamiento. Pero el núcleo sobre el que se desenvuelve la acción y la trama, un juego sádico con participantes que se eliminan uno a uno para obtener algún tipo de beneficio, está lejos de ser original. Lo hemos visto en géneros tan disímiles como la ciencia ficción (Los juegos del hambre), el terror (El juego del miedo) y violentos films de culto como Battle Royale, que primero supo ser un manga. Incluso está la producción brasileña 3% ,de la cual ya hemos hablado, producida por la misma plataforma. Sin ser similares o contar con el mismo trasfondo social, se repite la lucha por la supervivencia y qué tan torcida o derecha está la brújula moral de los participantes. Hay multitudes de ejemplos y con esto decimos que el fuerte de El juego del calamar no es precisamente la originalidad. El fuerte está en personajes que a menudo son arquetipos pero tienen suficiente densidad como para generar cierta empatía sobre su devenir. Sobrevuela cierta tibieza política, algo que en el caso de Netflix ya hemos visto con La casa de papel: el capitalismo es un monstruo horrible y despiadado pero solo en las manos de sádicos aburridos al estilo Hostel. La crítica al sistema es superficial pero efectiva, porque hay elementos que permiten que nos identifiquemos por fuera de su entorno telenovelesco. Hay un buen ejemplo en una escena que refiere al personaje gris de Sang Woo (Park Hae-Soo): su madre, que no sospecha los manejos que lo llevaron a la ruina, habla con una compradora del mercado sobre su hijo. Le menciona que está soltero y que sería un buen partido, a lo que su madre orgullosa refiere que su hijo tiene «expectativas altas». Al mismo tiempo, irrumpe la policía para mencionar las deudas de su hijo y una solicitud para que se presente a la justicia. Obviamente, las miradas de la compradora y la madre de Sang Woo pintan un retrato desfavorable del que estaban hablando minutos atrás. Esta economía melodramática del guión, un tanto ridíula, habita en buena parte de El juego del calamar pero no logra opacar a la serie por completo. Ayuda el sólido nivel actoral y dos episodios bastan para comprender esto: uno es Red light, Green light, la electrizante apertura, y el otro es el infame Gganbu, situado a mitad de temporada, un capitulo intenso y dramático que muestra cómo un juego de canicas puede ser una jornada tortuosa. Es aquí que gana relieve el personaje de Gi Hun y se vuelve notable la actuación de Lee Jung-jae. Es imposible olvidar los últimos minutos de este capítulo. Sin embargo, la superficialidad de la propuesta, sumado a una apertura de subtramas que no se profundizan, dejan a la serie en una medianía que va más allá de una puesta en escena impecable y actuaciones sólidas. Los puntos de vista cuestionables y los subrayados del guion no logran ocultar la impecable superficie, que está llevada con un vigor técnico envidiable. El juego del calamar está a millas de la mediocridad de La casa de papel, pero conserva una superficialidad que, sin embargo, no logra opacar cierta nobleza que da pie a una segunda temporada que puede ser promisoria.

-La primera temporada de El juego del calamar está disponible en Netflix. Ya está confirmada una segunda temporada.

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