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Porno y helado – Temporada 1

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

A Martín Piroyansky lo vimos crecer ante nuestros ojos, desde aquel pibito que ya despuntaba con su talento en Magazine For Fai. Pero su crecimiento no solo es el obvio del paso del tiempo y la edad, sino también el de un talento que va sacando filo y que va volviendo cada vez más sólido, un talento por otra parte que demuestra un universo, casi uno de los pocos universos personales que tenemos por aquí si pensamos la relación entre el audiovisual argentino y la comedia: la especialidad de Piroyansky es el absurdo para retratar las diversas crisis generacionales que se dan en distintas etapas de la vida, un poco como un Judd Apatow criollo. Y hay algo muy coherente en su mirada: siempre piensa en personajes de su edad, como que su obra va registrando, también, ese crecimiento personal. Porno y helado, la serie lanzada por Amazon Prime Video, creada, dirigida y protagonizada por Piroyansky, es la comprobación definitiva de que su talento está en estado de gracia y que el estilo del actor y guionista está definido. A Piroyansky siempre lo sedujo la comedia y se nota en Porno y helado no solo la depuración de su impronta sino también la educación personal dentro del género. La serie tiene por protagonistas a dos amigos, Pablo (Piroyansky) y Ramón (un Ignacio Saralegui con ecos del Brick Tamland de Steve Carell en Anchorman, aunque tal vez no tan border), quienes los viernes se juntan a comer helado y mirar porno. Pero un corte de luz en el edificio los obliga a buscare refugio en el bar de enfrente, un reducto de mala muerte donde hacen parada los taxistas. Y cuando se crucen a la arribista Ceci (Sofía Morandi) y surja la primera mentira, que ellos dos son músicos y ella es la managér (sí, con acento en la “e”), el camino de la comedia comenzará a ensancharse hasta lo imposible. El recurso es algo típico de la comedia: una mentira y cómo sostenerla. A partir de allí, Porno y helado será una sorpresa atrás de otra, y cada una más hilarante: cada capítulo es perfecto, lleno de chistes que funcionan con una efectividad increíble. La ejecución de la serie es precisa, desde la dirección, el guion y las actuaciones, incluso en aquellos pequeños personajes de reparto que pueblan el relato. La presentación de Pablo, por ejemplo, es ejemplar de todo esto: llega a la casa y en un rápido paseo vemos a su madre con tobillera por un arresto domiciliario, a su padre fanatizado con un concierto de Björk y a su pequeño hermano dando un tutorial online de maquillaje. En segundos, un mundo que se define y miles de posibilidades que parten de la singularidad de cada personaje. Por las ideas que desarrolla y por la forma en que lo hace, Porno y helado no se parece a nada de lo que se hace en materia de comedia en el país. Está años luz de cualquier expresión avinagrada del costumbrismo y el grotesco, apelando al absurdo, a los guiños cinéfilos, a la incorrección política como un acto consciente de que la corrección está ahí afuera (el bar lleno de gente deconstruida es un gran chiste) y sobre todo a la comedia. Y, de paso, nos deja una manojo de canciones inolvidables, que también invocan momentos donde lo musical irrumpe con total naturalidad dentro del relato. Como decían los Twist, Porno y helado es la dicha en movimiento.

Los ocho episodios de Porno y helado están disponibles en Amazon Prime Video. Todavía no hay segunda temporada anunciada.


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