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24 líneas por segundo: ¡Ay la oscuridad, la oscuridad!

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Siempre me acuerdo de Monty Burns burlándose de los alemanes que iban a la planta nuclear: “¡Ay los alemanes, los alemanes!” gritaba el despreciable empresario mientras los teutones se mostraban bastante disgustados con el gesto. Con el estreno de la nueva Batman la escena se me apareció otra vez, pero aquí era yo el que me burlaba al grito de “¡ay la oscuridad, la oscuridad!”. Como suele ocurrir, buena parte de las películas (y hablamos del mainstream) comienzan una escalada en redes sociales que instala conceptos mucho antes de su estreno; conceptos que luego es difícil rebatir y se convierten en verdades absolutas. Incluso entre los críticos, que cada vez parecen actuar más por algún tipo de emoción y escasamente a partir del análisis y la argumentación. Con Batman pasan dos cosas. Parece que en una entrevista el director Matt Reeves dijo que Zodíaco de David Fincher era fuente de inspiración para su film. La verdad, como ya lo dijo Seijas en la crítica para esta web, si a alguna película de David Fincher se parece es a Pecados capitales. Pero Reeves lo dijo y todos repiten como loros. Lo otro que sucede es que desde el vamos se dijo que esta era la versión más oscura de Batman. Bueno, cada película de Batman es la versión más oscura. Seguramente en 2040 se estrene la versión oscura definitiva de Batman. Y en 2079 también, aunque ya dudo que esté sobre esta tierra a los 101 años para leerlo. Lo cierto es que esa pretendida oscuridad no es más que cosmética, como la tintura que se pone Bruce Wayne en los ojos antes de calzarse la máscara. Quienes suponen que esta es la película más violenta del mundo de los superhéroes se nota que no vieron Logan, un film que sí era violento y que, además, construía un universo realmente oscuro y terminal. Pero esto es pura pose y gesto, una oscuridad estereotipada para adolescente que ve por primera vez una película apta para mayores de 16 años. Pero hay algo más: esta es una generación que precisa esa tan mentada oscuridad para darle entidad y credulidad a lo que mira; la oscuridad tiene un prestigio que explica también por qué las comedias románticas y las películas felices son hoy imposibles. Hay toda una construcción cínica en la que el mundo no vale la pena y son todos unos hijos de puta irredimibles. Un poco las bases de ese imaginario las sentó, precisamente, una película como Pecados capitales. Y esta Batman recoge el guante, aunque afortunadamente decide ir en otro camino. Es más, por las decisiones que la película va tomando, dudo que a los amantes de laoscuridá les haya gustado la última media hora. Pero no, la oscuridad no es solo filmar de noche y ponerle filtro marrón a todo. La oscuridad es algo intrínseco, que excede aspectos estéticos y tiene que ver con la psicología de los personajes. Y, tengo que decir, no le da mayor valor a una película, mucho menos cuando se da por decantación en la historia de un tipo que sale por las noches a buscar venganza, disfrazado de murciélago.


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